En 1977 comenzó una de las expediciones espaciales más ambiciosas e increíbles de la humanidad. Ese año, la NASA lanzó las sondas Voyager 1 y Voyager 2 cuyo principal objetivo es hacer contacto con alguna civilización extraterrestre.
Entonces, el astrónomo Carl Sagan (1934-1996), famoso por su tarea de divulgación en la serie Cosmos, seleccionó 115 imágenes y una colección de sonidos que representan la diversidad de la vida y la cultura terrestres.
Las imágenes y los sonidos fueron grabados en discos dorados, fabricados en cobre y bañados en oro para protegerlos de los rigores del espacio. Conocidos como los Sonidos de la Tierra llevan un mensaje pensado para que una civilización extraterrestre pueda entenderlos.
Entre las grabaciones hay saludos formales y frases cotidianas en más de 50 idiomas, además de sonidos naturales, como el viento y el mar, de animales y varios tipos de música.
Mensaje en una botella
Los Discos Dorados que van dentro de las Voyager 1 y 2 tienen grabada la vida en la tierra, y fueron elaborados por Carl Sagan./ Imagen de NASA.
Sagan calificó a estos discos como “una botella lanzada al océano cósmico”, más que un método realista de comunicación interestelar. Ahora, luego de pasar cuatro décadas en el espacio, las Voyager siguen enviando datos científicos y sus discos dorados continúan su viaje silencioso.
En efecto, los discos son como un “mensaje en una botella” que hubiera arrojado un náufrago desde una isla desierta para pedir ayuda. “Es una especie de carta de presentación para cualquier cultura que pudiera encontrar la sonda”, explica Bethany Ehlmann, científica del Instituto Tecnológico de California a la revista National Geographic.
Para elaborar el material, Carl Sagan reunió a un equipo de científicos, artistas e ingenieros, encargados de lograr una representación fiel de la vida en la Tierra. Además de los sonidos de la vida cotidiana, cantos de pájaros o de ballenas, y hasta un beso, los discos incluyen música de Mozart, Bach, Beethoven y Stravinsky, percusión senegalesa, canciones aborígenes australianas y el tema Johnny B. Goode de Chuck Berry.
Carl Sagan, en 1990. Científico, astrónomo y divulgador, creó a pedido de la NASA los discos dorados de las Voyager./ Foto AP.
“En la portada de estos discos está grabado un mapa que ayuda a encontrar el camino a la Tierra en relación con los núcleos densos y brillantes de estrellas cercanas, llamados púlsares”, agrega la revista.
“La nave espacial será encontrada y el disco reproducido solo si existen civilizaciones espaciales avanzadas en el espacio interestelar”, escribió entonces Carl Sagan.
Las sondas Voyager sobrevolaron los cuatro planetas más distantes del sistema solar a 56.324 km/h. Así, enviaron imágenes detalladas de Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y sus lunas. El sobrevuelo de la Voyager 2 sobre Urano y Neptuno aportó imágenes inéditas.
Excepcional imagen de Saturno captada por la sonda Voyager 2 en 1998, al pasar por el planeta./ Imagen NASA.
Tras completar sus misiones principales de sobrevolar conjuntamente los cuatro planetas exteriores, en 1989, las sondas siguieron su viaje a través de las vastas regiones exteriores del sistema solar. Voyager 1 y 2 abandonaron el sistema solar y entraron en el espacio interestelar en 2012 y 2018, respectivamente.
Las reservas de plutonio de las sondas se están agotando y aunque el equipo Voyager intenta prolongar su vida útil lo máximo posible apagando instrumentos no esenciales, para ahorrar energía, luego de 47 años de viaje, es posible que solo quede para tres más.
Voyager 1 lanzamiento el 5 de septiembre de 1977 con un cohete Titan IIIE Imagen NASA
De todas formas, los discos dorados seguirán a la deriva probablemente durante miles (o millones?) de años. Quizá, algún día, sean encontrados por una civilización inteligente y deseosa de saber los misterios del espacio.





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