Desde los años 50 y 60, las diferentes misiones, los satélites y hasta la Estación Espacial Internacional (ISS) han dejado tanta “basura espacial” que la NASA tuvo que elaborar un plan para llevar el ambientalismo más allá de nuestro planeta.
La Estrategia de Sostenibilidad Espacial, presentada por la agencia estadounidense en 2024, tiene como principal objetivo “garantizar la limpieza del espacio alrededor de la Tierra y que los recursos espaciales se compartan de manera equitativa y sostenible”, informa un artículo de National Geographic.
El problema de la basura espacial es el más urgente: con casi 10.000 satélites orbitando el planeta, hay muchas naves inutilizadas, cohetes abandonados y millones de desechos que giran alrededor de la Tierra a unos 27.000 km/h.
De hecho, cualquier satélite que orbita en una zona donde haya muchos desechos corre el riesgo, cada vez mayor, de ser impactado por un trozo de metal errante y convertirse en basura. Y el sitio especialiado de National Geographic es contundente al poner en blanco sobre negro el problema: «En casi 60 años de actividades espaciales, alrededor de 6.250 lanzamientos han puesto en órbita unos 13.630 satélites, de los cuales alrededor de 8.850 permanecen en el espacio. Solo una parte, unas 6.600, permanece operativa. Esta enorme cantidad de hardware espacial tiene una masa total de más de 10.100 toneladas».
Medida tardía de la NASA y de la humanidad
En 2009, la peligrosa cercanía de basura espacial de la Estación Espacial Internacional (pasó a 250 metros) obligó a sus seis tripulantes a evacuar la plataforma./ NASA. EFE.
La NASA llegó tarde a la limpieza de basura espacial. Recién en 2024, la misión Remoción Activa de Escombros por Astroscale-Japón (ADRAS-J) intentó acercarse de forma segura a un antiguo cuerpo de cohete que quedó en órbita hace 15 años.
“El objetivo del equipo es obtener imágenes del gigantesco trozo de basura espacial, caracterizar su estado y movimientos, y sincronizar la rotación de la nave ADRAS-J con la del cuerpo del cohete, todos pasos previos a su remoción de la órbita, algo que una futura misión podría lograr”, dice National Geographic.
Ese año, según Euronews, la NASA estaba dispuesta a pagar hasta tres millones de dólares en premios en efectivo por ideas innovadoras sobre cómo reciclar los residuos materiales generados por sus misiones espaciales.
La Nasa ofrece 3 millones de dólares por ideas para recoger desechos del espacio
El desafío Luna Recycle de la NASA busca diseñar y desarrollar soluciones de reciclaje energéticamente eficientes, de baja masa y de bajo impacto que harán que las misiones a largo plazo sean más sostenibles, según un comunicado de la propia agencia.
Pero Estados Unidos, sin duda, liderará sus propias misiones de eliminación de basura espacial, afirma la NASA. Sin embargo, la agencia aún debe desarrollar su plan de sostenibilidad antes de tomar decisiones importantes.
La NASA ya conoce numerosos conceptos para despejar la órbita, tras haber trabajado en DARPA, una entidad que explora ideas innovadoras, como el uso de arpones, redes o un dispositivo similar a un guante orbital para recoger basura.
Basura espacial Programa Luna Recycle de la NASA
El análisis de costo-beneficio demuestra que eliminar los 50 objetos más preocupantes en órbita terrestre baja (restos de cohetes y otros objetos que orbitan cerca de satélites críticos) sería costoso, pero rentable a largo plazo. “Según ese análisis, también tendría sentido financiero desarrollar láseres y otras tecnologías que pudieran utilizarse para desviar los escombros y evitar colisiones inminentes”, explica la revista.
El resto de la estrategia de la NASA, como dijimos, incluye planes a largo plazo para la luna, su órbita y para el espacio profundo, que incluye a Marte y los asteroides. A través del programa Artemisa, podría desarrollar un puesto avanzado lunar y una estación espacial en el satélite natural.
La NASA tiene un plan para limpiar la basura espacial, pero ¿es suficiente ser ecológico? Gráfico sobre la basura espacial./ EFE/ Imane Rachidi.
Algunos analistas comparan la situación con el calentamiento global, en el sentido de que pocos los venían venir y nadie actúa hasta que es un verdadero problema. “Estamos esperando que ocurra algo malo para poder responder, pero es mejor disuadir o negar una amenaza que recuperarse de ella”, dice National Geographic.
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