Cuando se piensa en cascadas argentinas, la imagen típica es Cataratas de Iguazú. Pero el país guarda otros saltos menos visitados, escondidos en selvas, sierras y montañas, ideales para quienes buscan naturaleza con más calma.
Son cascadas a las que no se llega por casualidad: hay que manejar por rutas alternativas, meterse en caminos de ripio y hacer alguna caminata entre árboles, piedras y senderos de montaña. Justamente por eso conservan cierta calma, ideal para quienes prefieren el sonido del agua al murmullo de un mirador lleno.
Desde la selva misionera hasta Tierra del Fuego, pasando por sierras cordobesas y paisajes volcánicos neuquinos, estas caídas de agua muestran otra cara del país: menos famosa, pero igual de impresionante.
Cascadas escondidas de la Patagonia: saltos entre volcanes y cañadones
En Neuquén, el agua se mezcla con la geología y arma escenas que parecen de otro planeta. Un ejemplo claro es el Salto del Agrio, cerca de Caviahue: una cascada que cae unos 40/45 metros dentro de un cañón formado por antiguas erupciones.
Las paredes se tiñen de tonos naranjas, ocres y oscuros por los minerales del río, y el contraste con el agua turquesa es lo que vuelve único al lugar.
Cascada del Mallín Ahogado, en Neuquen. Foto: Archivo
No muy lejos, las cascadas Dora y Santa Ana completan el combo. Se llega después de caminar entre bosques andinos y helechos, con un primer anticipo en la cascada Dora y, un poco más adelante, el salto principal de Santa Ana, que se desploma desde lo alto de una cornisa de basalto. Es de esos paisajes que invitan a quedarse un buen rato, solo para escuchar cómo el agua rompe contra la roca.
Más al sur, en Río Negro, la cascada de Mallín Ahogado, cerca de El Bolsón, es otro secreto que vale la pena buscar. El circuito combina caminos rurales, bosque y miradores naturales. El salto principal cae sobre un piletón donde, en verano, algunos se animan a un chapuzón helado con vista a las montañas.
Cascadas poco conocidas de Misiones, más allá de Iguazú
Misiones no es solo el gran destino de las cataratas más conocidas del país. Si se corre la vista del circuito clásico, aparecen saltos más chicos, rodeados de selva y con un clima mucho más intimista.
Uno de ellos es el Salto Yasy, cerca de Puerto Libertad. La cascada forma una especie de velo blanco que cae en un piletón rodeado de vegetación densa. El entorno invita a bajar el ritmo: agua, piedra roja, verde intenso y el sonido permanente del arroyo.
Los Saltos del Moconá, las «otras cataratas» de Misiones
También en la provincia hay cascadas bautizadas con nombres que juegan con lo mágico, como la cascada de los Duendes, dentro de áreas protegidas donde se combinan selva, pasarelas y miradores. En muchos casos, el acceso se hace por senderos bien marcados que permiten ver mariposas, aves y árboles nativos en el camino.
Y si bien no es del todo “desconocido”, los Saltos del Moconá siguen siendo mucho menos visitados que otros destinos del norte. Su particularidad es que las caídas se dan de manera longitudinal, como una pared de agua de varios kilómetros sobre el río. En días de buen caudal el paisaje es tan raro como hipnótico.
Sierras y quebradas: cascadas entre piedras y monte nativo
Lejos de la selva y la alta montaña, las sierras también tienen lo suyo. En Córdoba, cerca de Santa Rosa de Calamuchita, la Reserva Natural La Cascada ofrece un sendero de poco más de un kilómetro y medio que remata en un salto enmarcado por piedra y vegetación serrana.
El camino combina subidas suaves, sombra intermitente y vistas al valle, y es una buena opción para quienes buscan una caminata accesible pero con premio final.
Salto de la Moneda (Foto: Welcome Argentina).
En San Luis, el Salto de la Moneda se esconde en un paisaje de quebradas, paredones rocosos y vegetación de altura. El agua cae desde lo alto en una suerte de cortina que forma un piletón al que se llega después de seguir el curso del arroyo. Es un clásico entre quienes visitan la zona de Potrero de los Funes en busca de algo más que la vista al lago.
Más al sur, en Córdoba también aparece el Salto Tabaquillo, dentro del área de la Quebrada del Condorito. La caminata es más exigente y el entorno, mucho más agreste: sierras altas, vuelos de cóndores y un salto que se despega de un paredón de piedra con una fuerza que se escucha antes de verlo.
Cascadas en Tierra del Fuego: un salto secreto cerca de Ushuaia
En Tierra del Fuego, cerca de Ushuaia, la cascada Haruwen es uno de esos lugares que no suelen figurar en los folletos, pero que los locales recomiendan. Se llega caminando entre lengas, musgos y arroyos de deshielo, en un paisaje que cambia de colores según la época del año.
El salto no es gigantesco, pero el entorno hace la diferencia: bosque frío, humedad, troncos caídos y el clásico clima fueguino, que puede pasar del sol a la llovizna en cuestión de minutos. Es un buen ejemplo de las muchas cascadas chicas que hay en la zona, accesibles a través de senderos que salen de complejos o puntos de descanso en la ruta.
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