A los 7 años descubrió una pasión que marcaría su destino. Mientras su hermana daba sus primeros pasos en el instituto de danza Tamara Esquivel de San Javier, él observaba fascinado desde la puerta. Un día, siguiendo su intuición, decidió entrar. Ese gesto sencillo fue el inicio de un camino que hoy lo convierte en una de las jóvenes promesas de la Academia de Ballet de Moscú en Posadas.
En Historias que inspiran, presentamos a Gabriel Lautaro Cabrera Cótula, alumno de la carrera de Bailarín Profesional, un joven que dejó atrás la comodidad del hogar para perseguir un sueño inmenso. “Desde los 7 años hacía clásico y español. Cada vez que pasábamos por el estudio de la profe, me quedaba mirando. Mi hermana fue la primera en animarse, y después yo”, recuerda.
El 8 de marzo del año pasado audicionó por insistencia de su madre. “Probá, a ver si quedás. Y si no, se intentó”, le dijo ella. Cuando llegó la noticia de su ingreso, la alegría se mezcló con el desafío: era menor de edad y debía mudarse solo a Posadas. “Nunca vivió fuera de casa. Fue emocionante y a la vez un gran miedo”, cuenta su familia.
El horario de las clases —todos los días a las 14— hacía imposible continuar la secundaria en San Javier, por lo que Gabriel adelantó un año su independencia. Estudió quinto año en Posadas y dejó atrás su vida cotidiana, amistades y cercanía con su familia. Incluso debió abandonar la carrera de Farmacia por incompatibilidad horaria. “Dejé todo por la danza”, afirma.
Hoy, con dedicación absoluta, ve los frutos del sacrificio. “Siento que mejoré un montón, limpié mi base y eso me da esperanzas de algún día bailar en grandes teatros del mundo”.
Con talento, disciplina y el apoyo incondicional de su familia, Gabriel sigue construyendo un camino que promete llevarlo muy lejos. Su historia es prueba de que cuando la pasión es verdadera, no hay distancia, sacrificio ni obstáculo capaz de detener un sueño.





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