River es uno de los finalistas del Torneo Apertura y este domingo jugará el partido decisivo ante Belgrano en el Mario Kempes de Córdoba. Y así como este escenario parecía impensado para el club hasta hace pocas semanas, también lo es para Eduardo Coudet, el hombre detrás de este presente del Millonario, que quedó a las puertas de un campeonato muy necesario en Núñez.
Después de la derrota con Atlético Tucumán, hace poco menos de tres semanas, hubo una charla importante entre el técnico y el plantel. Es que esa caída generó mucha incomodidad, ya que se produjo en la previa de los playoffs, como local, ante un rival de menor calibre que se había quedado afuera de los 16 y con los hinchas enardecidos, que insultaron y silbaron a los jugadores. Encima, River había jugado con mayoría de titulares.
Foto: Juano Tesone
“A nivel grupo tuvimos una linda charla y se vio reflejado. Se vio una actitud muy buena”, reconoció el propio Coudet tras el encuentro siguiente: la victoria 2-1 en Venezuela sobre Carabobo por la Copa Sudamericana, la noche en la que Maxi Salas marcó el gol agónico para el triunfo cuando River jugaba con Matías Viña en el arco, ya que Santiago Beltrán había sido expulsado.
En esa conversación previa al viaje a tierras venezolanas, según pudo saber Clarín, hablaron con sinceridad, remarcaron virtudes y errores, se soltaron. Ese cónclave fue clave para lo que vino después.
Aquel triunfo ante Carabobo, con ese gol de Salas en la última jugada, también ayudó a liberar tensiones y a creer que los objetivos eran posibles. Y Chacho dejó una frase que puede resultar histórica si las cosas terminan bien. “Que la ambición de ganar supere el miedo a perder”, reflexionó el entrenador.
Y esa prédica fue combustible para los playoffs. “Ojo, que estamos a cuatro partidos de poder ser campeones, no nos descarten”, les dijo Chacho a sus allegados antes de que empezaran los mano a mano. Si bien su equipo no atravesaba un buen momento futbolístico, el técnico se aferró a la posibilidad que ofrecía este extraño formato del fútbol argentino para pensar en grande e inyectar ánimo en sus jugadores.
Foto:. EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
River fue de menor a mayor. Tras una clasificación milagrosa ante San Lorenzo, empatando en el descuento del alargue y ganando por penales después de estar al borde de la eliminación, luego elevó su nivel para superar a Gimnasia sin demasiados problemas y, tres días más tarde, venció a Rosario Central, uno de los candidatos, jugando un gran partido y siendo claramente superior.
“¿Que tenemos mucho culo? ¿Cuántos partidos llevamos? Quince y perdimos dos: el Superclásico y contra Atlético Tucumán. Seguramente la suerte la construyen los jugadores y es mérito del trabajo y de cómo se sacrifican todos los días. De mí pueden decir cualquier cosa: soy un trabajador, un obsesivo de esto. Los partidos duran hasta que pita el árbitro. Esto va de la mano con que desgastamos bastante y sostenemos un ritmo alto. En los últimos partidos el equipo viene demostrando cosas buenas que vamos a tratar de seguir repitiendo”, aseguró Coudet, y se defendió de las críticas que apuntan a que los triunfos de River responden solo a la buena fortuna.
Y de cara al duelo del domingo ante Belgrano por la final del Torneo Apertura, comentó: “Para nada soy el responsable de que lleguemos a una final, ni me voy a colgar medallas ni mucho menos. Los jugadores son los principales responsables y los artistas de esto; yo simplemente trato de ayudarlos”.
Foto: Cristina Sille
Coudet, como buen técnico “jugadorista”, les cedió el protagonismo a sus futbolistas para fortalecer la confianza del grupo. Pero está claro que él tiene mucho que ver en este presente, más allá de algunos errores que haya cometido o de no haber conseguido todavía la mejor versión de su equipo.
El Chacho tomó el mando en los primeros días de marzo, después del cataclismo que generó el segundo ciclo de Marcelo Gallardo, quien a fines de febrero se marchó sin encontrar respuestas futbolísticas ni anímicas. Ese contexto llevó al actual entrenador a definir la situación como “Vietnam”.
De a poco, Coudet empezó a inyectar energía para que los jugadores volvieran a creer y recuperaran confianza. Ni él mismo imaginaba, cuando comenzó el año, que hoy estaría dirigiendo a River. Estaba en el Alavés de España cuando sonó el teléfono después de que el Muñeco anunciara su salida.
“Llegamos muy bien al partido del domingo. Vamos a prepararlo de la mejor manera y también a disfrutar un poco de la posibilidad de jugar la final del torneo argentino, que no es nada fácil”, afirmó el porteño de 51 años.
Foto: Juano Tesone
Y de cara a ese encuentro también se permitió bromear. “No, no voy a contar lo que estamos preparando”, lanzó entre risas ante una pregunta en la conferencia de prensa posterior al 1-1 con Bragantino, el miércoles por la noche.
El técnico deberá definir a los reemplazantes de Gonzalo Montiel (sería Fabricio Bustos), Aníbal Moreno (iría Lucas Silva si ni llega el ex Newell’s y Racing) y Sebastián Driussi (jugaría Joaquín Freitas), en caso de mantener el esquema 4-1-3-2. ¿O puede haber alguna sorpresa?
Hasta el momento, desde la disposición táctica, Coudet fue bastante lógico. Algún que otro partido lo jugó con un 4-2-3-1 y la línea de cinco quedó reservada para los minutos finales de algunos encuentros. También deberá resolver si concentra o no a Aníbal Moreno, si puede jugar infiltrado y, en caso de hacerlo, si será titular. El volante central pidió estar sí o sí, sin importar las consecuencias, a pesar del esguince del ligamento colateral medial de la rodilla derecha que sufrió ante Rosario Central.
El Chacho ultima detalles junto a su cuerpo técnico y define el plan de juego, en el que seguramente no faltarán intensidad y presión. Es el gran artífice del pase de River a la final en Córdoba, donde buscará coronarse campeón.




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