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Apenas unas pocas horas después del Día de la Memoria, el Gobierno Nacional mandó a destruir el monumento al escritor Osvaldo Bayer en el acceso a Río Gallegos, la capital de la provincia de Santa Cruz.
Bayer es autor de “La Patagonia Rebelde”, una investigación publicada en 1972 y que trata sobre el fusilamiento a más de 2.000 peones rurales, un cruento hecho que también fue llevado al cine dos años después, bajo dirección de Héctor Olivera.
“Un linchamiento simbólico”
“Es una ejecución, un linchamiento simbólico, una ceremonia de censura disfrazada de tecnicismo burocrático”, definió al respecto en un comunicado el Departamento de Historia de la Universidad Nacional de Misiones (Unam).
“El monumento a Bayer, fue erigido en conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia y no solo honraba al historiador, sino que también era un recordatorio incómodo, un dedo acusador contra los crímenes de Estado y la explotación obrera (un vaivén histórico). Un estorbo para quienes quieren embalsamar la historia en un cuento de hadas donde la Argentina era una potencia plateada y dorada, sin huelgas, sin fusilamientos, sin conventillos infestados de miseria y sin obreros con las manos ensangrentadas por el trabajo servil”, agrega el duro comunicado “En defensa de Osvaldo Bayer” del Departamento de Historia universitario.
En medio de un parate de la obra pública en todo el país, Vialidad Nacional fue la encargada de demoler el monumento a Bayer con una retroexcavadora que dobló la escultura de Miguel Jerónimo Villalba, y luego -con martillos neumáticos- rompieron la base que sostenía un cartel que decía “Bienvenidx: usted está ingresando a la Tierra de la Patagonia Rebelde”.
La calle Rauch en Oberá
Bayer era un revisionista histórico y, particularmente, apuntaba contra las personalidades que cometieron crímenes graves y que figuraban como referentes históricos.
Por ese motivo estuvo en Misiones en 2007, cuando visitó el Concejo Deliberante de Oberá, con la propuesta de cambiar el nombre de una calle llamada Rauch de la misma ciudad. Es que la calle que tiene dos cuadras, entre Tinogasta y la avenida Libertad, homenajea a un mercenario prusiano.
Eso argumentó Bayer en aquel momento, al explicar que el coronel Federico Rauch se encargaba de exterminar aborígenes, bajo las órdenes de Bernardino Rivadavia, con el pretexto de terminar con los malones que asolaban a la actual provincia de Buenos Aires. “Hoy 18 de enero de 1828, para ahorrar balas, degollamos a 28 ranqueles”, reportó Rauch una vez en uno de sus informes.
“No fue un hombre que vino a luchar por la libertad de los americanos ni trajo ideas de pacificación o entendimiento, sino que vino a matar y él mismo lo dice en sus comunicados”, sostuvo en ese entonces el historiador.

Bayer. Escritor, historiador y periodista, era hincha de Rosario Central y vivió hasta los 91 años
“Creo que se podría cambiar por un hermoso nombre como camino de la juventud o sendero del arte, una cosa poética”, dijo. Luego, cuestionó: “¿Por qué nuestras calles tienen que tener sólo nombres de generales y no nombre de poetas, de escritores?”, citó El Territorio.
A 17 años de aquella intervención, en la que se propuso consultar a la población obereña el cambio de nombre, la calle continúa llamándose Rauch. Sin embargo, ese planteo de Bayer venía de larga data.
En 1963, durante el gobierno de facto de José María Guido, el escritor pidió una consulta para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense Rauch por el de Arbolito, un cacique ranquel que había logrado ajusticiarlo.
Sin embargo, por orden del general Juan Enrique Rauch, en ese entonces Ministro del Interior de la dictadura y bisnieto del mercenario prusiano, se detuvo a Bayer y estuvo más de 60 días preso. Años después, gracias a la intervención de la Embajada alemana que advirtió el peligro, Bayer se exilió de la Argentina mientras regía la última Dictadura Militar que gobernó hasta 1983.
La reconstrucción del monumento
Horas después de conocerse la demolición del monumento a Osvaldo Bayer en Santa Cruz, el intendente de Río Gallegos, Pablo Grasso, garantizó que reconstruirán la obra, aunque en una zona del ejido municipal.
“Estuvimos en comunicación con Villalba, el escultor que hizo la obra, y como la destrozaron, la rompieron y la doblaron, nos cuesta más arreglarla que hacerla de nuevo. El daño fue muy, muy, pero muy importante e indignante, porque en realidad lo que marca es la falta de tolerancia que hay”, detalló a Noticias Argentinas.
“No tuvieron las agallas de poder hacerlo el mismo 24 de marzo, que lo han hecho el día después. Ha sido todo un mensaje para ellos, para los que piensan que realmente está bien fusilar a quien piensa distinto, que está bien atacar al que no comparte sus ideas”, agregó Grasso.
PATAGONIA REBELDE
Ante este intento del Gobierno Nacional de borrar la historia de los santacruceños y de los patagónicos, hemos tomado la decisión de restituir el monumento a Osvaldo Bayer y la Patagonia Rebelde. Porque somos rebeldes por naturaleza. pic.twitter.com/hgButTMN3Q
— Pablo Grasso (@pablograssook) March 25, 2025
Bayer fue investigador y autor de varios libros. Publicó en cuatro tomos “Los vengadores de la Patagonia trágica” que luego resumió en un libro y lo llamó “La Patagonia Rebelde”.
En sus pesquisas echaba luz sobre los abusos que sufrían los trabajadores, particularmente los inmigrantes que poblaron la Argentina y que fueron, en su mayoría, víctimas de los fusilamientos del Ejército Argentino en 1921, bajo la presidencia de Hipólito Yrigoyen.
Los obreros rurales, muchos de ellos esquiladores de las distantes estancias santacruceñas, demandaban a los patrones botiquines de primeros auxilios en español, porque todos estaban en inglés. También pedían catres, debido a que dormían sobre el frío suelo, o también velas, como para poder iluminarse de noche en lugares donde se carecía de otro tipo de recursos.
Con el apoyo de paramilitares de La Liga Patriótica de Santa Cruz, el ejército inició una cacería de los huelguistas que se entregaron, creyendo que los uniformados intermediarían por sus demandas, tal como había ocurrido dos años antes, frente a una medida de fuerza similar encabezada por la Sociedad Obrera. Pero esta vez, bajo las órdenes de Héctor Benigno Varela, más de 2.000 obreros terminaron fusilados y enterrados en fosas comunes.

Estancia Anita. Uno de los lugares donde se ejecutó a muchos de los esquiladores en 1921.