Con el avance de las redes sociales, la falta de normas y la impunidad con que muchas de ellas operan, delitos como el acoso virtual, el grooming y la posesión de material de abuso sexual infantil (Masi) tienen por víctimas a los sectores más vulnerables: niños, niñas y adolescentes, y plantean una responsabilidad ineludible para la sociedad.
El caso Kiczka en Misiones ha traído a la escena pública una problemática que ha estado muchas veces oculta, cuando no ignorada por la sociedad. Y aun cuando en Misiones se esté poniendo el acento en la protección infantil en las últimas décadas, resta todavía dimensionar la gravedad de los casos para actuar en la prevención.

Porque se ha podido advertir que muchas veces la oportuna denuncia lleva al descubrimiento de verdaderas redes que actúan en la Internet oculta o Dark Web (Web Oscura) que es una pequeña parte de la Deep Web (Web con base de datos privados que no son ilegales) que suele estar asociada con actividades ilegales y que requiere herramientas especializadas para acceder.
Justamente en las redes sociales está la facilitación del delito, pero al mismo tiempo su condena, por las “huellas” que deja el delito que permiten no solo detectarlo sino también condenarlo. Herramientas específicas lo posibilitan y esta evidencia es inalterable, a diferencia de lo que ocurre con la evidencia física, vulnerable a la conservación, al paso del tiempo. Porque el celular es una extensión de quien lo usa y la computadora, también.
Por eso el caso Kiczka pone a la consideración pública el hecho de que la denuncia ante una sospecha, un indicio, puede hacer la diferencia.
En el mundo, en el país, hay cientos de casos de cómo una denuncia a tiempo ha permitido descubrir casos de pedofilia y abuso, así como hay tragedias que muestran cuánto se cobra en las víctimas la no denuncia, la indiferencia social.
No alcanza entonces con la repulsa, debe ser acompañada de acciones concretas en la prevención, de estar atentos a las señales que siempre dan niños y adolescentes. De advertir los riesgos a los que están expuestos en su condición de mayor vulnerabilidad.
La pedofilia y el abuso sexual infantil son delitos gravísimos que exigen de los adultos crear espacios en los que niños, niñas y adolescentes puedan hablar sin temor. Exigen advertir señales, denunciar para condenar y para prevenir. Hay un antes y un después demandante.
#Pedofilia: la responsabilidad social (Editorial)https://t.co/6VQrrruh8l
Con el avance de las redes sociales, la falta de normas y la impunidad con que muchas de ellas operan, delitos como el acoso virtual, el grooming y la posesión de material de abuso sexual infantil (Masi)…— Jorge Kurrle (@jorgekurrle) April 3, 2025