El Colibrí marcó el 1-0 parcial y dejó atrás una extensa sequía que databa desde hace más de un mes. La definición, poco ortodoxa.
05/04/2025 21:20hs. Actualizado al 05/04/2025 21:33hs.
Lo que en una noche de sábado comenzó, en otra noche de sábado se tenía que terminar. Seis semanas pasaron. Siete partidos de River. Lo más parecido a una eternidad futbolera para Miguel Ángel Borja. Un delantero que tomó impulso, planeó ganándole en la marca a su adversario e impactó con la suela un centro top para cortar esa elástica racha sin goles que amagaba con eternizarse.
Pasaron 571 minutos de juego entre el 56° gol de Borja en River -aquel que le metió a San Martín de San Juan en Cuyo, el 22 de febrero- y la 57ª conquista del colombiano en el club. Para dimensionar lo difícil que fue para Miguel Ángel: fue su peor racha sin convertir en Núñez, superando los 474’ sin gritos de 2024. Aunque el contador volvió a cero en Junín.
Sí: Borja lo hizo. Aunque luego tendría involuntariamente participación en el empate -no llegó a rechazar bien y habilitó a Gho previo a la definición de Insaurralde- en lo personal consiguió quitarse esa espina estadística que le pesaba.
El salto y el gol de Borja (Marcelo Carroll).
La que no se pudo sacar en Santiago del Estero, donde falló un penal frente a Ciudad de Bolívar. Un peso que claramente sentía sobre su dorsal #9, tanto es así que sus compañeros sintieron tanto alivio como él cuando la pelota se metió pegada al poste derecho de Lucas Acosta. Gallardo también: además de celebrarlo, estiró su mano para palmear la de su ariete, quien se acercó al banco para agradecerle el respaldo al deté.
EEl Muñeco, por caso, sabía que más temprano que tarde llegaría ese desahogo para el Colibrí. Un killer que está a solo cinco gritos de igualar al máximo goleador colombiano del club: Juan Pablo Ángel, con 62. Un ariete que en Lima pareció ver que su rol dentro de este River 2025 amagaba con cambiar, cuando Gallardo se inclinó por dos delanteros ligeros y de juego -Sebastián Driussi y Facundo Colidio- y no por él, un definidor nato.
Esa virtud quedó demostrada cuando el #9 pegó ese salto para impactar el centrazo de Franco Mastantuono antes de gritar de manera desaforada, agitando los puños, para luego arrodillarse y agradecerle a Dios. Cerrando el círculo. Cortando aquello que un sábado caluroso se abrió y en otro más frío quedó archivado.
El festejo de Borja (Marcelo Carroll).
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