“Intentamos por todos lados. Por arriba y por abajo. Pero no hubo caso, ellos se cerraron muy bien atrás”. El mensaje de Manu Lanzini grafica a la perfección la deslucida tarea de Vélez, que no pudo con Deportivo Riestra y el extraordinario envión anímico. Un olvidable 0 a 0 en Liniers, contra uno de los peores equipos del torneo Apertura. El Malevo suma cuatro puntos, todavía no ganó. Solo por encima de Newell’s.
Vélez juega bien, pero solo de a ratos. Le ganó a Boca por 2 a 1 (la diferencia debió ser mayor), le ganó a River por 1 a 0 (un primer tiempo de colección), a ambos en Liniers. Y sin embargo, no pudo contra un equipo limitado, cerrado, sostenido por las manos de Nacho Arce, la figura del partido.
Cuando le preguntaron a Guillermo Barros Schelotto qué frase de Carlos Bianchi lo dejó marcado en los cinco años que el Mellizo fue dirigido por el DT más ganador de la historia de Vélez y de Boca, eligió: “Una victoria llama a otra victoria”.
Explicó que, después de tantos años de compartir planteles como DT y delantero, había varias reseñas que se le venían a la mente, pero se quedaba con esa sentencia porque era la que más se acomodaba a esta realidad de su equipo, que manda en la Zona A. El principal motivo no fue hacerle un reconocimiento al Virrey, uno de sus maestros, sino también mandarle un mensaje a sus dirigidos: “Ahora hay que ganar el miércoles”.
Aquello fue luego de la victoria contra River, que determinó la salida de Marcelo Gallardo. Esta vez, no pudo. No supo cómo.
El domingo pasado, los jugadores terminaron con la lengua afuera. Guillermo sabe que en 14 días “su” Vélez bajó a dos gigantes como Boca y a River, pero -hábil como cuando gambeteaba con el 7 en la espalda- sabe correrse del eje para que los aplausos se los lleven sus dirigidos. “Ahora hay que ganar el miércoles”, le apuntó a Deportivo Riestra. Y que nadie se relaje. No sea cosa que los aplausos o los elogios desmedidos generen confusión. Algo así como “todo bien con valorar los triunfos ante Boca y River, pero hay que confirmar”.
¿Qué pasó? Se metió en el embudo que le propuso un equipo rústico, preparado para la destrucción. Que incluso dispuso de dos situaciones claras para ganarlo…
Lo que más le gratifica a Guillermo es cómo juega Vélez. No hace tiempo, es protagonista, va al golpe por golpe. “También tenemos que aprender a jugar cuando no podemos atacar, cuando el rival no nos deja o se nos complica para contragolpear”, aclara el técnico. Eso fue lo que se vio nítidamente en Liniers.
El Vélez de los Mellizos juega con el esquema 4-2-3-1 con laterales que pasan al ataque por dentro o por fuera, y ataques respaldados: por lo general, cada vez que un futbolista llega hasta tres-cuartos por afuera para mandar un centro ya hay cuatro o cinco posibles receptores cerca del punto penal. Eso distrae, muchas veces disuelve marcas, y así llegan al gol todos, como el tanto que le anotó Matías Pellegrini a Boca, con un gran cabezazo.
Mientras muchos equipos todavía dudan de los futbolistas o características con los que cuentan o del esquema a utilizar, el Mellizo está tranquilo porque se siente identificado con lo que ve desde el juego. Y también ve que, sobre todo, a los hinchas les gusta lo que ven. Eso sí: Barros Schelotto no se conforma con lo hecho hasta ahora.
El empate se trata de un llamado de atención para Vélez, que está arriba en el Grupo A, junto con Estudiantes. La gente despidió al equipo con aplausos. Una caricia para el equipo del Mellizo, que con las pinceladas de Lanzini y la agresividad colectiva no siempre alcanza.




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