Iguazú (LaVozDeCataratas) En el marco del Día del Bailarín, LaVozDeCataratas dialogó con Lautaro Lambaré, joven artista de Iguazú que convirtió su amor por la danza en un camino de constancia, superación y sueños que no dejan de crecer.
“La danza en mi vida siempre estuvo presente”, recuerda. A los seis años acompañaba a sus hermanos a los ensayos de los corsos. Mientras otros se inclinaban por los instrumentos, él quedaba hipnotizado mirando a las bailarinas. “Comencé a imitarlas y la representante me subió a la carroza. Ahí empezó todo”, relata.
Con el tiempo, el juego se transformó en compromiso. Gracias a la danza conoció grandes referentes, entre ellos a Maximiliano Guerra, y en 2023 representó a Misiones en los Juegos Culturales Evita. “Gané premios que los veía lejanos y así me doy cuenta de que con constancia y dedicación todo es posible”, asegura.
Para Lautaro, bailar es una forma de expresión que trasciende cualquier barrera. “La danza es una expresión que nos nace. El que tiene movilidad corporal puede bailar, no existen condiciones que no nos permitan disfrutarla. Bailar y danzar lo podemos hacer todos”, afirma convencido.
Durante la pandemia, el aislamiento marcó un punto de inflexión en su formación. “Me obsesioné con un reality show llamado ‘Dance Moms’, imitaba lo que hacían y ahí empezó mi amor por la danza contemporánea”, cuenta. Durante un año ensayó y aprendió de manera autodidacta, fortaleciendo su técnica por voluntad propia.
En 2021 comenzó danzas árabes junto a Flor Ojeda, permaneciendo tres años en su academia. Entre 2022 y 2023 tomó clases de contemporáneo y jazz con Sofía Abregu. También reconoce el acompañamiento de Sofía Petcoff y Paloma Apostolaki, docentes que dejaron huella en su formación. Desde 2024 volvió a trabajar de manera independiente, creando sus propias coreografías y entrenando con disciplina.
Actualmente forma parte del equipo artístico de un restaurante-bar, donde junto a seis bailarines ofrece un show latino todas las noches, de 19 a 00 horas. Su repertorio abarca estilos como contemporáneo, jazz, lyrical, danzas árabes, tango, bachata y salsa, y asegura que continúa aprendiendo cada día.
Más allá de los escenarios, destaca el rol fundamental de su familia. “Mi mayor referente es mi madre, la que se desvela conmigo noche tras noche haciendo los vestuarios y acompañándome en todos mis eventos”, expresó con emoción a LaVozDeCataratas.
Su sueño es claro y profundo: “Que Dios me siga permitiendo disfrutar y trabajar de la danza. Cuando bailo mis pies se despegan del suelo y me hace volar. Me encanta bailar y me encantaría recorrer el mundo bailando. Nací por mi madre y quiero morir bailando”.
En este Día del Bailarín, la historia de Lautaro Lambaré refleja que la pasión, cuando se sostiene con esfuerzo y amor, puede transformar una imitación infantil en un proyecto de vida.





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