(Por Redacción – C6Digital) Lo que comenzó como una ceremonia académica tradicional terminó consolidándose como un acto cargado de definiciones. La Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones celebró la colación de la promoción 2025, pero también transformó el escenario en una tribuna donde la defensa de la educación pública ocupó el centro de la escena.
El evento, atravesado por la emoción de los graduados y sus familias, tuvo desde el inicio un tono colectivo. La participación del coro de adultos de la UNaM aportó un clima sensible y simbólico, antes de dar paso a una jornada que iría mucho más allá de la entrega de diplomas.

El reconocimiento académico tuvo su punto más alto con la entrega de la Medalla de Oro a la licenciada en Letras Victoria Dalma Jiménez, quien alcanzó un promedio de 9,61 sin aplazos. En su discurso, dejó una definición que sintetizó el espíritu del acto:
“Este final de etapa no es sino el umbral de un nuevo comienzo”.
Pero no fue solo una mirada hacia el futuro personal. La graduada también puso en palabras una idea que atravesó toda la ceremonia: la necesidad de defender la educación pública como un derecho y de asumir el compromiso de construir una sociedad más justa desde el conocimiento.
Ese eje fue retomado y profundizado por las autoridades. El decano de la facultad situó el acto en un contexto nacional complejo y no esquivó el tono:
“Estamos en un escenario de desfinanciamiento de la educación superior, de la ciencia y la tecnología”.
En su intervención, también dejó una de las frases más potentes de la jornada, al advertir sobre los desafíos de la formación en tiempos digitales:
“El conocimiento no se descarga, se construye con el otro”.
La rectora, por su parte, profundizó ese posicionamiento y habló directamente de una universidad “interpelada y atacada”, al tiempo que reivindicó su rol como herramienta de desarrollo social:
“La educación es la principal herramienta de ascenso y desarrollo de nuestra sociedad”.
En ese marco, la ceremonia dejó de ser solo un cierre académico para convertirse en una escena atravesada por el debate actual sobre el rol del Estado y el futuro de la universidad pública.
También hubo lugar para la memoria. Un minuto de silencio recordó a docentes que dejaron huella en la institución, reforzando la idea de comunidad que atraviesa a la universidad.
El tramo final, con la toma de juramento, terminó de consolidar el sentido profundo del acto: no se trató únicamente de recibir un título, sino de asumir una responsabilidad ética frente a la sociedad.
Entre aplausos, abrazos y miradas cargadas de emoción, la escena dejó una postal clara: en tiempos de discusión sobre el financiamiento y el sentido de lo público, la universidad eligió no callarse.
Porque, más allá de los diplomas, el mensaje quedó instalado: formar profesionales también es formar ciudadanos capaces de defender lo que consideran justo.






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