(Por Redacción C6Digital) En un tiempo marcado por la hiperconectividad, las violencias tempranas y el desgaste de los vínculos cotidianos, el filósofo y educador Eduardo Cazenave dejó una reflexión de fondo en su paso por C6Digital junto a Jorge Kurrle: la educación no puede ser entendida como una tarea exclusiva de la escuela, porque empieza mucho antes y mucho más cerca, en la casa, en la mesa familiar, en la mirada, en la presencia y también en las ausencias.

“Los padres educamos aunque no queramos.”
—Periodista: ¿Los padres están perdiendo conciencia de cuánto educan incluso cuando no hablan?
Cazenave fue directo: “Los padres educamos aunque no queramos”. Y enseguida profundizó una idea que atravesó toda la entrevista: un hijo aprende primero de lo que ve antes que de lo que se le dice. “Uno enseña primero por lo que es, segundo por lo que hace, tercero por lo que calla, y recién en muy bajo porcentaje por lo que uno dice”, sostuvo, al remarcar que la ausencia, el silencio o incluso no involucrarse en la vida escolar también son formas de comunicar.
“Uno enseña primero por lo que es, segundo por lo que hace, tercero por lo que calla, y recién en muy bajo porcentaje por lo que uno dice”
A partir de allí, el análisis se movió hacia el complejo entramado de responsabilidades que hoy atraviesan a la educación. Cazenave planteó que no existe una solución mágica ni un “botón” que cambie conductas de un día para el otro. La educación, explicó, es un sistema donde confluyen familias, escuelas, docentes, medios de comunicación y también el Estado. Por eso advirtió que muchas veces se le exige a la institución escolar una respuesta inmediata frente a problemas que son mucho más profundos. “Necesitamos involucrarnos todos”, resumió.

“Uno enseña primero por lo que es.”
—Periodista: ¿Cómo se interpreta lo que está pasando con algunos adolescentes y los episodios de violencia que conmocionan a la sociedad?
Lejos de las lecturas apresuradas, Cazenave pidió primero humanidad y prudencia. Frente a casos graves ocurridos en el país, habló de familias destruidas, de dolor y de una sociedad que muchas veces busca explicaciones rápidas sin detenerse a mirar el trasfondo. “Hay una tragedia fuerte y hagamos un poquito de silencio”, expresó. Pero al mismo tiempo dejó en claro que un adolescente de 13 o 15 años ya tiene conciencia de sus actos y que la responsabilidad personal no puede desaparecer del análisis.
Uno de los pasajes más potentes de la charla apareció cuando trasladó una imagen del rugby al terreno educativo. Para Cazenave, así como el árbitro moderno está pegado a la jugada, marcando, advirtiendo y acompañando el desarrollo de cada acción, también los adultos deben estar cerca de sus hijos y alumnos. “Hay que estar cerca de la jugada, hay que estar cerca de tus hijos, hay que estar cerca de tus alumnos”, insistió. Y ese “estar cerca”, explicó, no es una frase hecha: implica conocer qué consumen los chicos, qué miran, qué escuchan, qué lenguaje usan y cómo se relacionan con el mundo.
“Hay que estar cerca de la jugada, hay que estar cerca de tus hijos, hay que estar cerca de tus alumnos”

“Necesitamos involucrarnos todos.”
—Periodista: ¿El problema pasa también por haber delegado demasiado en la tecnología o en la escuela lo que antes resolvía el vínculo cotidiano?
La respuesta volvió a ser contundente. Para Cazenave, hoy existe una creciente despersonalización de los vínculos. Las pantallas, los mensajes y la distancia física van debilitando la empatía, el contacto y la percepción del otro como persona real. “Hay que volver a lo humano”, afirmó. En esa línea, defendió el valor de una charla cara a cara, de una comida compartida sin celulares, de una mano en el hombro, de un abrazo que recuerde que del otro lado hay alguien que siente, sufre y necesita ser mirado.
“Hay que volver a lo humano”
En otro momento de la entrevista dejó una de las definiciones más sensibles de toda la conversación al hablar del amor y de los límites. Dijo que no alcanza con amar en abstracto si el otro no logra sentir ese amor en su propio lenguaje. Por eso sostuvo que muchas veces poner límites también es una forma profunda de amar. “Estar cerca es marcar límite con amor”, señaló. En una cultura donde a veces se confunde acompañar con permitir todo, el educador reivindicó la importancia de la presencia firme, amorosa y coherente.

“Hay que estar cerca de la jugada.”
“Estar cerca es marcar límite con amor”
La reflexión también alcanzó al clima social y político. Cazenave observó que la falta de respeto que atraviesa parte del debate público, los medios y las redes termina filtrándose en otros ámbitos, incluidas las escuelas. En ese punto llamó a bajar los decibeles de la confrontación y a reconstruir una base común. “Hay que volver a encontrarnos en lo que nos une, no en lo que nos separa”, propuso, enlazando educación, convivencia y ciudadanía en una misma mirada.

“Hay que volver a lo humano.”
“Hay que volver a encontrarnos en lo que nos une, no en lo que nos separa”
En su paso por C6Digital, Eduardo Cazenave no se limitó a describir una crisis: dejó una advertencia y también una salida posible. Frente a un tiempo de pantallas, apuros y distancias emocionales, su mensaje fue claro: la educación sigue naciendo en el encuentro. En la cercanía. En el tiempo compartido. En esa presencia concreta que no se reemplaza con discursos, algoritmos ni delegaciones. Porque, al final, educar también es estar. Y estar, hoy, parece más urgente que nunca.

“Estar cerca es marcar límite con amor.”

“Hay que volver a encontrarnos en lo que nos une.”





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