Misiones
La operación se hizo en conjunto con Artemis II de la Nasa
Un misionero en la misión argentina al espacio profundo: “Fue un hito”

El mundo habló este mes de Artemis II. No se trató sólo de un despegue exitoso, sino del primer vuelo tripulado en más de 50 años en dirigirse hacia la órbita lunar. Un nuevo hito para la ciencia y la humanidad. Pero lo que todavía muchos desconocen es que Argentina tuvo participación en la misión a través de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) que en esa misma misión envió al espacio el microsatélite Atenea.
El dispositivo argentino tuvo aproximadamente 20 horas de operación antes de regresar a la Tierra -la misión de la Nasa recién volvía al planeta celeste anoche- y en ese periodo los científicos argentinos pudieron establecer y sostener comunicaciones a gran distancia y obtener datos reales de funcionamiento en una misión de alta complejidad técnica.
En ese punto, el obereño Luis López (29) fue líder de desarrollo del segmento terreno y del concepto de operación de la misión Atenea de la Conae, organismo estatal donde se desempeña desde 2022, cuando ingresó para hacer una pasantía y se terminó quedando. Actualmente está próximo a egresar de la ingeniería en Sistemas Espaciales de la Universidad Nacional de San Martín en Buenos Aires. Así, habló con El Territorio sobre la misión y contó que hace cuatro años forma parte del equipo técnico de Proyectos Satelitales. Antes también se desempeñó en el equipo de sistemas de la misión Saocom-2.
“Lograr esto para Conae fue un hito por habernos podido comunicar a 70.000 kilómetros de distancia. Fue la primera misión de espacio profundo de la Comisión en la que tuvimos que cumplir requerimientos de misiones tripuladas, también eso fue lo nuevo, porque hasta ahora siempre se habían hecho satélites LEO, de órbita baja”, explicó el obereño todavía con la emoción a flor de piel por lo logrado.
Si bien Argentina tiene una larga experiencia de colaboraciones con la Nasa, haber podido participar de esta misión “tan icónica de la vuelta de los humanos a la Luna fue algo muy importante”.
Para que la misión sea considerada un éxito, el equipo nacional se había puesto como meta mínima lograr comunicarse con el satélite y luego poder bajar la mayor cantidad de información y evaluar la salud del equipo.
“Todo eso se logró”, dijo López. Atenea salió junto al Artemis II hacia el espacio el 1 de abril desde el Centro Espacial John F. Kennedy, de Florida, Estados Unidos. y a las cinco horas y media del lanzamiento se separaron de la nave norteamericana hasta que se perdió visibilidad.
“Fueron unas trece horas seguidas en las que pudimos bajar datos sin parar. Incluso desde el apogeo, que es el punto más lejano, fueron 72.000 kilómetros. Entonces, desde ese lado fue un éxito. Ahora estamos analizando la información que bajamos, tenemos telemetría del satélite, tensiones, corrientes, temperaturas, como fue la carga de las baterías. Atenea también fue con experimentos como medición de radiación, sensores de GPS. Pero ya de por sí se considera un éxito por el solo hecho de habernos podido comunicar”, explicó.
Con esta misión, Atenea se convirtió en el microsatélite argentino lanzado a la mayor distancia de la Tierra hasta la fecha. La experiencia permitió validar capacidades tecnológicas y operativas para futuras misiones espaciales de mayor complejidad.
En ese punto, consultado sobre los desafíos de operar a esa escala e indicó que la distancia ya es un ítem que juega en contra.
“El Qsat es un puntito que hay que ‘engancharlo’ desde la Tierra y con una antena más chiquita. Igualmente tenemos dos estaciones terrenas en Córdoba y Tierra del Fuego con antenas de trece metros y están pensadas para aplicaciones como estas, pero así todo también fue un desafío. Tuvimos que trabajar para preparar las estaciones para poder trabajar con esta señal porque tiene sus peculiaridades, pero se pudo”, precisó.
¿Ustedes estuvieron todo el tiempo en Argentina o algún equipo viajó a los Estados Unidos?
El año pasado fue la parte más pesada que fue armar todo. En septiembre estuvimos en Córdoba, ahí se terminó de armar satélite, se pasó por las pruebas ambientales, térmicas, vibración, compatibilidad electromagnética. Y una vez que terminamos eso había que integrar el satélite al cohete y ahí -entre finales de septiembre y principios de octubre- fuimos un equipo de Conae y dos de la Universidad de La Plata a Florida, al Kennedy Space Center y ahí integramos el satélite a un dispenser que es como una caja metálica, que unos días después se integró arriba del cohete.
Hubo cooperación de Vietnam, ¿cómo fue ese apoyo?
Como expliqué previamente, Conae tiene sistemas propios en Córdoba y Tierra del Fuego que nos servían para las primeras horas del vuelo y para las últimas horas de la órbita necesitábamos tener una estación en el Sudeste asiático. Y por un acuerdo de cooperación que tenía Vietnam con Argentina pudimos usar una estación de ellos. Y ya nos pasaron la información.
¿Y ya pudieron hacer un desglose de algunos de los datos que llegaron?
Lo que pudimos revisar rápido fue el estado de vida del satélite y la temperatura nos dio bien, las baterías se cargaron al instante. Nosotros -desde que estamos dentro del cohete en septiembre hasta ahora- esa batería se empezó a cargar de a poquito. Y estaba más cargada de lo que esperábamos, así que eso fue también bueno. Lo que pudimos analizar hasta ahora dio todo bastante bien.
Y concretamente de tu rol como líder de segmento de terreno, ¿qué implica?
Mi rol fue cambiando. Yo estoy desde que arrancó la misión a principios de 2024. Siempre fui parte del equipo de ingeniería de sistemas y arranqué diseñando el concepto de operación, viendo cómo operar, qué se va a encender en cada momento, dónde queremos hacer cada cada cosa y eso deriva en decisiones de diseño.
Fui parte de la campaña integración, estuve ahí en Córdoba en septiembre y después fui a Estados Unidos. Y estos últimos meses sí fui parte de la campaña de lanzamiento para prepararnos para poder obtener la señal una vez que estemos en órbita.
Así que fue más que nada eso, coordinar los distintos equipos y preparar momento a momento qué cosas iban a suceder para que todos estén preparados, hicimos muchos ensayos, muchas pruebas. Y el día del lanzamiento iba dirigiendo ‘ahora pasa tal cosa’, preguntaba a todos si estaban listos en cada momento, había que hacer mucho traspaso de información entre la gente que calculaba las órbitas, nosotros que le pasamos la información a los operadores de antena, a los que a los que veían la señal, era como una orquesta de 25 personas que tenían que hacer lo correcto en el lugar preciso.
¿El satélite quedó en el espacio o ya volvió a Tierra?
Ya cumplió su misión. La órbita en la que nos dejó la Nasa no va la Luna, sino que nos soltaron antes, a una altura de 40.000 kilómetros más o menos. Ahí llegaba a un apogeo de 72.000 kilómetros y después esa órbita seguía y terminaba en la Tierra. Entonces, si no hacíamos una maniobra de propulsión como para cambiar la órbita, nos caíamos en un día. Nosotros no teníamos propulsión, pasó eso, era lo que esperábamos. Así que en el norte del océano Pacífico alguien capaz vio el 2 de abril una estrellita fugaz y era nuestro satélite que estaba cayendo.
¿Qué sigue ahora para el equipo?
Terminar de analizar la información y después no mucho más. Probablemente todos los que estamos en Conae pasemos a otros proyectos. Ahora está bastante fuerte Sabia-Mar, que es un satélite más grande de observación de la Tierra con cámaras que está planeado que se lance en los próximos años y está abierta la colaboración a más misiones como esta con Nasa.
¿Cómo ves el potencial que tiene Argentina en la industria aeroespacial?
En Sudamérica somos la agencia más importante. Estamos peleando con Brasil, pero creo que Argentina tiene un poco más de experiencia. Ya de por sí somos un jugador importante. No todos los países tienen satélites en órbita y nosotros arrancamos en los años 90 con la serie SAC y ahora en este momento tenemos dos Saocom que son satélites de observación de la Tierra, son monstruos de tres toneladas con una antena de diez metros por tres metros.
De este tipo con banda L sólo hay dos países que lo tienen y Argentina es uno. Entonces, Conae tiene presencia internacional, es conocido, se le ve con buenos ojos.
¿Qué mensaje le darías a un chico que por ahí sueña con la industria aeroespacial?
Que lo intente. Volviendo al contexto de Misiones uno lo ve muy lejano. Pero hay que intentarlo. Yo tuve otras oportunidades, el hecho de poder venir hasta acá, no todo el mundo puede irse a estudiar lejos.
La cápsula volvió a la Tierra
Tras diez días en el espacio exterior, la cápsula Orión, de la misión Artemis II, volvió anoche a la Tierra. El equipo amerizó a unos cientos de kilómetros de San Diego, California. Fuerzas Armadas y la Marina estadounidense fueron los encargados de recoger a los astronautas. Luego de cinco décadas de ausencia humana desde el fin de la era Apolo, la misión Artemis II se alzó como el salto más arriesgado y fascinante. El reto fue monumental: la tripulación debió validar el funcionamiento crítico de los sistemas de soporte vital de la nave Orión, en la que viajaron los astronautas, mientras se enfrentaron a la intensa radiación de los cinturones de Van Allen y a un viaje de diez días sin la posibilidad de realizar un aborto rápido. Lo más asombroso fue que, al realizar un sobrevuelo por la cara oculta de la Luna, estos cuatro astronautas (incluyendo a la primera mujer y al primer afroamericano en una misión lunar) se alejaron más de 400.000 kilómetros de la Tierra, alcanzando el punto más distante en el cosmos al que jamás haya llegado la especie humana.
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