SANTA FE.- Los pobladores de los barrios más humildes de esta capital se movilizarán este miércoles para mantener vigente el reclamo por la trágica inundación que provocó, hace 23 años, el desborde del río Salado. Dejó 43 barrios del extremo oeste inundados, 100.000 personas que lo perdieron todo, 158 murieron y hubo daños que ese año la Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó en $2878 millones, el equivalente al 12% del PBI provincial de entonces.
Como ocurre anualmente, la movilización partirá a las 17.30 desde Plaza del Soldado, en el centro geográfico de la ciudad, hacia la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno, con el propósito de reclamar memoria, obras pendientes y mejoras en el sistema hídrico de la ciudad.
Al arribo de los manifestantes se leerá un documento, se nombrará a los muertos por la inundación y habrá números artísticos alusivos.
A pesar de que lo sucedido no tiene el significado de aquel momento y los años siguientes, la fecha sigue calando duro en los habitantes de esta capital: aquel 29 de abril de 2003 la inundación arrasó con casi un tercio de esta ciudad, enlutó a con todo lo que significó en ese momento y que, para muchos, aún continúa siendo una jornada de dolor.
En ocasiones anteriores, las movilizaciones se convocaban para reclamar justicia, con consignas en banderas que rezaban: “20 años de impunidad. Por acá gritamos la verdad. Inundación nunca más”; “Seguimos exigiendo justicia” e “Inundados de memoria”.
Más allá de cada situación personal, la situación que vivió gran parte de la ciudad derivó en un expediente judicial por el delito de estrago culposo agravado.
La Justicia resolvió que los dos únicos condenados en la causa, el exministro de Obras Públicas, Edgardo Berli, y el exdirector de Hidráulica, Ricardo Fratti; seguirían en libertad, luego de que la Cámara Penal les confirmó la pena de tres años de prisión en suspenso que les dictó el juez Luis Octavio Silva. Otro de los acusados, Marcelo Álvarez, que fue intendente entre 1999 y 2003, murió en los primeros días de abril de 2018. El gobernador de entonces, Carlos Reutemann, fue desligado de la causa.
Como se informó oportunamente, en el expediente los peritos oficiales señalaron que el agua ingresó por una defensa inconclusa –aunque inaugurada en un acto oficial– y que la orden de evacuación debió ser dada como mínimo un día antes.
El pico de la crecida del río Salado, que acumuló excedentes aguas arriba como consecuencia de las intensas lluvias registradas, se produjo el 29 de abril de 2003, cuando por la noche cubrió todos los barrios del oeste y obligó a evacuaciones masivas, a cargo de las fuerzas federales.
El espectáculo fue dramático, la gente deambulaba sin sentido y los helicópteros sobrevolaban una franja oscura de la ciudad. El 30, cuando caía la tarde, se dinamitaron tramos de la avenida de circunvalación, lo que alivió a los pobladores de las zonas más altas.
Pero el agua acumulada demoró varias semanas en abandonar los barrios bajos y, a pesar de todo, no se registraron epidemias como se preveían.




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