A las 6.10 de la mañana Chiche Soñora ya está en Boca Predio. No importa si el hielo cubre el césped o si el mate no alcanza para pasar el frío, el Coordinador de las Inferiores de Boca está listo para arrancar el día. Cuarenta minutos después se suma Blas Giunta, la dupla que trabaja día a día con los más pibes del Xeneize a las 7 de la mañana ya está a tiro para afrontar la jornada. Cuando el reloj marca las 8 todas las categorías están realizando su entrenamiento del día. Así arranca una jornada en el centro de entrenamiento que Boca tiene en Ezeiza que cuenta con 14 canchas (11 de césped natural y 3 de sintético), 40 hectáreas y donde conviven la Primera División con los Juveniles.
Los dos ex jugadores del club reciben a Olé en el predio y arrancan el recorrido por cada rincón con predisposición y orgullo. Ambos se emocionan al repasar lo construido en este espacio que día a día se sigue expandiendo. Mientras muestran el gimnasio aparece Milton Delgado y Soñora lo abraza como un tío al recibir a su sobrino en los mates del domingo. “En este mismo lugar puede estar entrenando Cavani y al lado un nene que lo mira. Se acostumbran a esto, pero no es lo habitual, es algo muy especial para los más chicos”, cuenta. La familia, lo fraternal, la unión se siente en el abrazo con los jugadores de la Primera como también con los de la Séptima. Se percibe al entrar a la lavandería, a la utilería, al comedor o en la pequeña charla con quien se encarga de la pintura.
“Me acuerdo de Aranda cuando era chico. Un día en la cancha de Talleres hizo un gol que era muy parecido a los que hacía Román. Amagó y la pateó al primer palo”, dice Giunta y Soñora agrega: “E n el partido contra Defensa hizo un pase en el tercer gol que también fue muy a lo Román”.
“Este predio tiene algo muy importante, trabajamos siempre en conjunto. Yo quiero destacar el trabajo de Mariano Herrón en esto. Porque la Reserva es lo que le da el toque final a nuestro trabajo, terminan de pulir nuestro trabajo para después entregárselo al entrenador de Primera. Nosotros charlamos todos los días, hablamos de los chicos, nos pregunta mucho y le vamos contando cómo están. También nos dice qué le hace falta, si necesita un 9 o un 7, etc” puntualiza Soñora mientras deja pasar un camioncito que se encarga de asfaltar el terreno.
uando jugábamos nosotros no teníamos nada, era venir a entrenar y después ya está. Acá tienen el desayuno, el almuerzo, tienen nutricionista, están bien atendidos… Es muy completo, estás conviviendo prácticamente con tus compañeros. El club invierte muchísimo en ellos, creo que es lo más importante que se les puede dar a los chicos. Nosotros no teníamos eso”, compara Giunta quien levantó cuatro títulos en su paso por el Xeneize.
Ambos aluden a Riquelme y destacan su inversión en este espacio pensando siempre de manera integral el trabajo de todas las categorías. “Él vive acá más o menos ja, le encanta. Mirá partidos, busca que esté todo en orden y después también nos comenta de jugadores que vio en algún partido o entrenamiento”, cuentan.
El tiempo se pasa rápido en Ezeiza, quizá porque no dejan de pasar cosas. Porque Giunta y Soñora interrumpen el relato para hablar con alguien del Predio, y sin querer se les pierde la mirada en las distintas canchas, observando algún ejercicio, algún jugador, alguna situación que habrá que atender después. Ya es el mediodía y el recorrido termina, pero el trabajo de ellos sigue. El almuerzo espera y hay que llegar a horario porque la tarde apura con más obligaciones. La fábrica de jugadores de Boca, simplemente, no se detiene nunca.
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Catalina Sarrabayrouse





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