Pelusa las hizo todas. Pero todas, eh. El fútbol argentino está repleto de mitos urbanos, pero pocos son tan visualmente disruptivos y conceptualmente extraños como el registro de Diego Armando Maradona corriendo sobre el césped del Estadio Olímpico de Córdoba con la camiseta de Belgrano.
En 1986, Diego Maradona jugó un amistoso con una particular camiseta de Belgrano de Córdoba.
Todavía cambiando el aire de la altura del Distrito Federal mexicano, la anécdota en La Docta se desarrolló el 10 de julio de 1986. La línea de tiempo parece un error de edición de la historia: apenas 11 días antes, ese mismo hombre, el de la 10 y el pelo ruliento, había tocado el cielo en el Estadio Azteca, tras levantar la Copa del Mundo, después de conocer cuánto verdaderamente pesaba.
En lo más alto de la cúspide, cuando unas buenas vacaciones antes de sumarse a Napoli sonaban lógicas, Maradona decidió subirse a un avión con destino a Córdoba. El motivo oficial era un encuentro amistoso a beneficio del Patronato de la Infancia frente a Vélez. El motivo real sin embargo, ese motor invisible que siempre movió al Diez, era la imposibilidad de decirle “no” a un llamado solidario y al pedido de su amigo Jorge Vázquez, el Gallego, muy cercano a su entorno gracias a Guillermo Cóppola, manager por entonces de Diego.
.
La rareza del evento se palpaba en la atmósfera desde las horas previas. Ver a Maradona con la indumentaria de un club de Córdoba, que no pertenecía al selecto grupo de los ‘cinco grandes’, generaba un cortocircuito visual. Aquella noche, Pelusa se vistió con un celeste impecable, el celeste del Belgrano que acababa de salir campeón del Torneo Regional organizado por el Consejo Federal de AFA.
Debido a los compromisos comerciales de la época y a la velocidad con la que se organizó el partido —apenas 48 horas—, la camiseta debió ser intervenida en el vestuario. Diego saltó a la cancha tapando las marcas locales (como la histórica firma de golosinas Georgalos) para lucir el logo de una agencia de viajes que financió el traslado (Atlantic Travel Tour) y la movida solidaria.
El partido en sí mismo rozó el absurdo propio de un sueño. Belgrano sumaba a sus filas, aunque sea por 90 minutos, al mejor futbolista del planeta en su año de gracia absoluto. Del otro lado, Vélez fue un digno sparring de lujo que no opuso resistencia al espectáculo; de hecho, en sus filas jugaba José Luis Cuciuffo, compañero de Diego en la gesta de México, lo que transformó la velada, de alguna manera, en una extensión de los festejos mundialistas en territorio cordobés.
En Córdoba, nadie entendía nada
Para los futbolistas de Belgrano, la experiencia cruzó la frontera de la realidad. Pasar de ver al héroe nacional levantar la Copa del Mundo por televisión a tenerlo sentado al lado, atándose los cordones en el mismo vestuario del por entonces Estadio Córdoba, era algo sencillamente inconcebible. Con los años, los integrantes de aquel plantel recordaron el impacto de su presencia física y, sobre todo, su humildad.
El exdefensor Enrique Vivanco recordó detalladamente el magnetismo del capitán: «Esperábamos a un ser inalcanzable, pero nos encontramos con un pibe sumamente humilde que entró al vestuario saludando a uno por uno, desde el utilero hasta el director técnico (Tomás Rodolfo Cuellar). Nos hacía sentir que nosotros éramos los importantes. En la cancha, te pedía la pelota con una naturalidad que te obligaba a jugar bien».
.
Al día siguiente, la prensa de la provincia reflejó la magnitud del acontecimiento con crónicas que mezclaban la incredulidad y la fascinación. El titular de La Voz del Interior, el diario cordobés más importante, sintetizó la jornada con una frase directa que quedó grabada para la posteridad: «Celeste por una noche». En sus páginas interiores, que la visita de Maradona a Córdoba quedaría registrada como un hito histórico de los que ocurren con muy poca frecuencia en la región.
Los diarios locales no solo destacaron la faceta futbolística, sino también el caos social que alteró el ritmo habitual de la capital. La crónica describió cómo la ciudad se paralizó desde la llegada de Maradona en un avión particular Cessna a media tarde de esa misma jornada recordada 40 años después, su paso por la intendencia para ser declarado ciudadano ilustre, y las multitudes que rodeaban el hotel de la calle San Jerónimo donde se alojaba junto a Cóppola.
La mística del encuentro se agigantó con el correr de los minutos. Maradona, fiel a su estilo, no se guardó nada y jugó con la intensidad de una final. El destino quiso que el libreto de la rareza tuviera su punto cúlmine en un penal. Diego acomodó la pelota, remató y el balón impactó en el palo. En el rebote, él mismo empujó la pelota a la red para celebrar el gol, pero el árbitro Osvaldo Figueroa lo anuló correctamente por la ley del juego que impide al ejecutor tocar el balón dos veces consecutivas sin que lo desvíe un rival.
.
El marcador final fue un anecdótico 1 a 1. Tras el blooper del penal errado, la picardía popular cordobesa acuñó una frase callejera irónica: «Al Diego le quedó grande la camiseta de Belgrano». Hoy, sin registros televisivos oficiales y con apenas un puñado de fotos analógicas como prueba, el paso de Maradona por el Pirata cordobés sobrevive como una leyenda transmitida de boca en boca. Y sí. Pelusa las hizo todas.
CÓRDOBA (ENVIADO ESPECIAL)
Mirá también
Ventaja Belgrano: Luifa Artime ya le gana a River desde la tribuna
Mirá también
Súper jornada de definiciones: TV y horario para todos los partidos clave de este fin de semana
Mirá también
River-Belgrano y una batalla de edades: ¿qué pesa más?
Mirá también
Luis Artime: «Me hubiese gustado disputar la final como jugador»
Mirá también




//






