Entre sus múltiples contenidos, el fútbol esconde siempre alguna dosis de crueldad. Esta vez le tocó padecerla a Canadá, el primero del trío organizador que tuvo que despedirse de la Copa, justo en el día que venía enhebrando una actuación más que convincente ante el rival de más entidad con el que se había enfrentado. Fue un castigo cruel, por exagerado en relación a lo que fue el partido, el 3-0 con el que Marruecos le señaló la ruta del adiós; fue amargo comprobar que el pie ejecutor de la caída perteneció a un jugador que tal vez debió ser expulsado un minuto antes de iniciar la tarea de derrumbe del conjunto norteamericano.
Los representantes del norte de África siguen en carrera, se acomodaron en cuartos de final con una goleada, y sin embargo, desde el juego bajaron algunos peldaños en la consideración general. Es verdad que supieron sufrir, una señal de madurez que debe ser anotada en el haber de cualquier equipo con pretensiones, pero también sembraron más dudas que aplausos.
Las manos, los puños y las piernas de Yassine Bounou, más conocido como Bono, por un lado; y la cara interna del pie derecho de Azzedine Ounahi explican con nombre y apellido las virtudes que el desempeño colectivo de los dirigidos por Mohamed Ouahbi se guardaron para otra ocasión.
El arquero -curiosamente nacido en Montreal, donde vivió hasta los siete años- fue el escudo protector durante el cuarto inicial del encuentro, el lapso de tiempo en el que Canadá tejió las acciones que llevaron mayor peligro. Firme, potente e infalible cada vez que le tocó salir a cortar un centro, su mano derecha a los 5 minutos del inicio, y su pierna izquierda a los 10, fueron los obstáculos insalvables con los que se toparon Jonathan David y Tani Oluwaseyi, respectivamente, para inaugurar el marcador en el arranque. El primero, en un remate forzado y con poco ángulo; el segundo tras una pisada con giro incluido que lo puso mano a mano con el crack marroquí. A los 33 de la segunda parte, los brazos bien estirados de Bono desviaron al córner un disparo de Tajon Buchanan para completar el blindaje.
El delicado pie del volante del Girona debió esperar la vuelta del descanso para entrar en acción, superado como todos sus compañeros durante una primera mitad que fue monopolizada por el vigor, la presión, el orden y el fervor atacante de los canadienses. Ounahi fue incluso uno de los cuatro amonestados que coleccionó Marruecos en ese período, síntoma de las dificultades para frenar la superioridad de su rival. Pero en el entretiempo, el DT le cambió la posición, retrasándolo al lateral derecho para alejarlo de la transitada zona del medio campo y de esa manera contar con más espacio para dirigir la salida desde el fondo.
A partir de esa vía de escape los norteafricanos comenzaron a emparejar el juego, aunque aun así, Ounahi cometió a los 3 minutos de la reanudación la imprudencia de agarrar de la camiseta a David, que se le escapaba rumbo al área. La pelota derivó en Oluwaseyi, el árbitro Michael Oliver dio ley de ventaja y omitió enseñarle la segunda amarilla a posteriori. Un minuto más tarde, por ese carril derecho, los marroquíes tuvieron una falta a favor sobre el lateral del área, Ashraf Hakimi amagó con el centro a la olla y sacó el tiro libre por abajo y hacia atrás, Ounahi entró a la carrera, y con la cara interna del pie derecho sacó el remate bajo que se metió contra el palo izquierdo. 1 a 0. Media hora después, a los 36, y con todo Canadá volcado en busca del empate, Chemsdine Talbi lanzó el contraataque, Brahim Díaz enganchó con derecha y tocó atrás con la zurda, Ounahi volvió a darle de primera con el interior de la diestra y colgó la pelota del ángulo. 2-0 y asunto terminado. El tercero en el descuento, obra de Soufiane Rahimi, ya solo fue una anécdota.
Pero la goleada no debe confundir. Esta versión de Marruecos no se pareció en nada a la que tan buenas impresiones dejó en todos los encuentros anteriores. En ningún momento logró poner en escena la danza de pases cortos con la que suele hipnotizar a los rivales hasta lastimarlos cambiando el ritmo del ataque. Quizás porque a los 20 perdió una pieza vital para su funcionamiento como Ismaïl Saibari, con una lesión muscular en el muslo, pero ante todo, porque le costó un tiempo entero quitarse de encima el agobio al que lo sometió Canadá.
Lo mejor del partido
Jesse March acertó con el diseño táctico, paró a su equipo en tres cuartos de la cancha, le cerró los caminos a la circulación interior de los volantes marroquíes y a pura energía se fue a buscar el arco de enfrente. Desnudó las carencias de Radouane Halhal, reemplazante de Chadi Riad como central zurdo, anuló el buen primer toque del pibe Ayyoub Bouaddi por el centro y desconectó todo el circuito de juego de su adversario. Solo cometió un pecado capital: desgastarse en el esfuerzo sin poder vencer la resistencia de Bono. Y en la primera ocasión que tuvo, Ounahi se lo facturó carísimo.
Sigue en carrera Marruecos, pese a jugar su peor partido en el Mundial. Se quedó afuera Canadá, después de ofrecer sus mejores 45 minutos del torneo. Cosas del fútbol, siempre indescifrable, por lo general maravilloso, y a veces tan cruel.





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