La forma de alimentarse de los argentinos está cambiando y el pollo es el gran protagonista de esa transformación. En un contexto donde las familias buscan opciones más accesibles sin resignar calidad, esta carne alcanzaría en 2026 un consumo récord de más de 50 kilos por habitante, consolidándose como una de las proteínas más elegidas del país y fortaleciendo a una industria que no deja de crecer.
Lejos de ser una tendencia pasajera, el avance del pollo responde a una combinación de factores económicos y cambios en los hábitos de consumo. Su precio competitivo frente a otras carnes, la facilidad para incorporarlo a diferentes recetas y sus cualidades nutricionales hicieron que cada vez más hogares lo incluyan de manera habitual en su alimentación.
El crecimiento también se refleja en el consumo de huevos, otro producto que atraviesa un momento de expansión. Las proyecciones indican que cada argentino consumirá alrededor de 430 unidades por año, lo que elevará el consumo total de proteínas avícolas a unos 78 kilos por persona, una cifra récord para el sector.
Este escenario impulsa a toda la cadena avícola, una de las actividades agroindustriales con mayor impacto en el país. La producción genera más de 115.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos y moviliza otras economías regionales al demandar grandes volúmenes de maíz y soja, principales insumos para la alimentación de las aves.
El crecimiento del mercado interno también abre nuevas oportunidades en el exterior. Luego de recuperar su estatus sanitario tras los brotes de influenza aviar, Argentina volvió a posicionarse como un proveedor confiable y hoy cuenta con más de 100 mercados habilitados para exportar carne aviar.
Sin embargo, desde el sector sostienen que el potencial todavía es mayor. Los productores consideran que mejorar el acceso al financiamiento, reducir la presión impositiva y eliminar las retenciones a las exportaciones permitiría incrementar las inversiones, aumentar la producción y ganar competitividad internacional.
Más allá de las cifras, el fenómeno refleja un profundo cambio en los hábitos alimentarios. El pollo dejó de ocupar un lugar secundario para convertirse en un alimento cotidiano, elegido por millones de familias que priorizan el equilibrio entre precio, rendimiento y calidad nutricional.
Con un consumo que apunta a romper todos los registros y una industria que busca consolidar su crecimiento dentro y fuera del país, 2026 se perfila como el año en que el pollo terminó de conquistar definitivamente la mesa de los argentinos, marcando un antes y un después para uno de los sectores productivos más dinámicos de la economía nacional.
(Fuente: Infobae)





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