En un recorrido por la labor que llevan adelante, el pastor Walter De Cuadra, presidente del Consejo de Pastores de Posadas, destacó el valor de la autosustentabilidad, el impacto social de la reinserción y el acompañamiento a personas con adicciones y niñas judicializadas.

La adicción no solo golpea a quien la padece, sino que atraviesa de lleno a todo su entorno. Bajo esa premisa, la Fundación Reto junto a la Iglesia El Faro sostienen una tarea diaria de contención, recuperación y restauración de hogares en Misiones. El pastor Walter De Cuadra, presidente del Consejo de Pastores de Posadas, brindó detalles del funcionamiento de la institución, la cual se destaca por ser una «obra de fe» sostenida mediante el trabajo propio de sus integrantes.
Autosustentabilidad y esfuerzo propio: carpintería, panificados y mano de obra de la comunidad
Uno de los pilares fundamentales que permite a la Fundación Reto seguir ampliando sus instalaciones y recibir a casi 100 personas radica en su modelo de financiamiento autónomo. Lejos de depender de grandes partidas presupuestarias externas, los propios miembros y residentes generan los recursos necesarios.
Talleres e industria propia: La fundación cuenta con una industria de panificados y una carpintería industrial radicada en el Parque Industrial, donde elaboran muebles que luego son comercializados.
Ahorro e inversión edilicia: Toda la mano de obra para las ampliaciones, muebles e incluso los sillones de las instalaciones son fabricados por los propios residentes.
Destino de los fondos: Los ingresos generados por los emprendimientos productivos se destinan en su totalidad al sustento operativo de la fundación y la atención de la comunidad.
Acompañamiento a madres y niñez: La fundación cuenta con espacios acondicionados para que las madres en proceso de recuperación puedan residir junto a sus hijos. Asimismo, gestionan un hogar con 20 niñas judicializadas, brindándoles contención integral.

14 personas reinsertadas en lo que va del año: «Por dos ya valdría la pena todo el año»
El proceso de rehabilitación —que suele demandar entre uno y dos años— dio frutos significativos en lo que va del período: 14 personas han logrado completar con éxito su tratamiento e iniciar el camino de la reinserción.
«Siempre decimos que por dos personas ya valió la pena trabajar todo el año. A veces nos centramos solo en el individuo que se rehabilita, pero detrás hay una familia restaurada: madres, padres e hijos. Es un trabajo profundamente gratificante» — Walter De Cuadra.
Para minimizar las posibilidades de recaída, la comunidad de la Iglesia El Faro acompaña a los egresados y a sus familias, garantizando una red de contención continua en su vida cotidiana.

Un modelo de servicio: el rol clave de los tutores rehabilitados
Sostener la convivencia y la atención diaria de casi 100 personas requiere de un equipo comprometido y empático. Según explicó De Cuadra, al menos la mitad de los colaboradores deben ser personas que ya hayan transitado y superado el proceso de adicción.
«Para tener a 100 personas en un lugar como este, necesitas que al menos el 50% sean rehabilitados. Tenemos un gran equipo de chicos que vivieron lo mismo, y que hoy deciden quedarse por un tiempo para servir al prójimo y hacer por otros lo que un día hicieron por ellos» — concluyó el presidente del Consejo de Pastores.




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