Fue un baile, pero un baile escandaloso. De esos que se recuerdan por mucho tiempo o para siempre. Como aquel 7-1, este 2 a 0 fue una exhibición de poder, de jerarquía, de dominio del balón, de protagonismo verdadero, de grandeza, de ambición, de fútbol. Boca lo pasó por arriba a San Lorenzo, lo minimizó, lo humilló, lo dejó reducido a lo que es por estos días: la nada misma. Un club errante, quebrado, destratado por sus propios dirigentes al que solo le queda el amor incondicional de su gente. Claro: aunque la hinchada influye (si lo sabrá Boca con su Jugador N° 12), los partidos se ganan en la cancha, adentro, sobre el césped o sobre el agua o sobre lo que sea. En el Bajo Flores hubo dos partidos. Uno de fútbol y otro de waterfútbol. Y los dos los ganó Boca.
Mientras el juego fue más o menos normal, la diferencia de calidad entre los actores de un lado y otro eran los de una compañía de Broadway versus un acto de la escuela (primaria). Pese a todo, a Boca le costó traducir esa superioridad porque no estaba fino en el área y Merentiel amenazaba con estar en uno de esos días. Ni siquiera con el jugador más (planchazo criminal de Insaurralde a Ascacíbar) podía Boca. Pero bastó que llegara el primer gol para que Paredes mostrara cómo se juega al fútbol, cómo es posible defender con la pelota, cómo se aprovecha un jugador de más, qué es la circulación, cómo se desgasta física y mentalmente a un rival, cómo se maneja absolutamente todo, hasta los humores de propios y rivales.
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El 5 de Boca, 131 pases, 125 bien dados (95% de efectividad), jugando al 50% de sus posibilidades, sin vacaciones, tocado por una lesión que no termina de curarse, demostró por qué es el puto amo del fútbol argentino. No importa cuántos campeones del mundo lleguen a distintos equipos, nadie maneja el fútbol como él. En medio de la tormenta, con viento cruzado, sin limpiaparabrisas y con el agua cortando la cara, empalaba la pelota para dar los pases o la cuchareaba y la cortaba de aire para algún compañero. Por suerte, de tanto tenerlo al lado, algunos se acostumbraron a controlarla, porque así como no es fácil jugar al lado de un Herazo, tampoco es sencillo jugar al lado de un fenómeno como Paredes. Una locura.
No todos los equipos saben utilizar los espacios que deja un rival con diez. Boca, al influjo de su capitán, lo hizo. Insólitamente después de tanta búsqueda, el 1-0 no llegó como consecuencia de un ataque sino gracias a una contra perfecta que terminó definiendo la misma fórmula del gol en el Morumbí: Lozano de zurda gracias a un pase atrás preciso de Flores. El segundo se dio por el otro lado, con caño y desborde de Blanco para la arremetida de Merentiel, un especialista en aves de distintos subtipos como cuervos (carroñeras) y gallinas (aves de corral). Antes, en el medio y después hubo unas cuantas situaciones claras (mano a mano de Ascacíbar tras taco de Merentiel), un cabezazo débil del propio Ruso solo contra Devecchi, una emboquillada fallida del uruguayo delantero, un buscapié envenenado de Flores, tiros de afuera (Delgado, Paredes)… De todo.
Así fue el triunfo de Boca ante San Lorenzo
Lo más impresionante, de todos modos, fue la tenencia casi exclusiva del balón (75%, 632 pases a 202) más allá de lo numérico: hubo lapsos de tres o cuatro minutos seguidos en los que San Lorenzo no tocó el balón. Insua también hizo lo suyo: sacó a Cuello para mantener su esquema ultradefensivo, más tarde a Farías, el único que jugaba más o menos a lo mismo que los de enfrente… Un desastre. Es cierto que desde hace rato San Lorenzo tiene muy desteñida su grandeza, pero no se merece un técnico que lo achique aun más.
Para Boca, todo es positivo. La consolidación de un equipo, la del técnico (bien sacado Herrera en el entretiempo, estaba en la cornisa de la roja), clásico ganado -que no es algo habitual de los últimos tiempos-, triunfo de visitante -tampoco venía siendo tan común-, figuras en alto nivel, el pibe Flores demostrando por qué lo convocó Scaloni, arco en cero, solidez atrás, zona Libertadores en la Anual, consolidación en el grupo de los playoffs del Clausura… Y encima, una semanita de descanso antes del clásico de Copa Argentina con Racing.
San Lorenzo era, además, una mancha para Arruabarrena, una cuenta pendiente luego de aquel 0-4 que terminó con su primer ciclo. Este es otro momento, otro Vasco, otra historia. Y es otro Boca. Un Boca demasiado grande para tan poco San Lorenzo.
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