Durante años, la menopausia fue narrada casi exclusivamente desde la pérdida: menos hormonas, menos energía, menos deseo, menos juventud. Sin embargo, hoy la medicina —y muchas mujeres— empiezan a mirarla desde otro lugar: como una etapa de transformación profunda, que requiere cuidados específicos y una escucha más atenta del cuerpo.
Ni carne ni suplementos: el alimento con proteína de alta calidad que es fácil de sumar a la dieta
“La mujer en etapa perimenopáusica y menopáusica vive cambios hormonales, emocionales y hasta de ritmo real de vida. Su cuerpo se reenfoca, y sus hábitos también deberían hacerlo”, explica la Dra María Sol Garrido, cardióloga, especialista en Obesidad, Suplementación y Biohacking formada en la Fundación Favaloro. Re- aprender a alimentarse, a moverse y ciertos suplementos que acompañen este cambio pueden marcar toda la diferencia.
Moverse distinto, moverse mejor
Una de las principales cosas a tener en cuenta en la menopausia tiene que ver con el corazón y los huesos. “En la mujer el riesgo cardiovascular aumenta no solo por la edad, sino por dejar de estar protegida por los estrógenos” comenta la Dra. Ese cambio hormonal, señala, genera por sí mismo una mayor vulnerabilidad del sistema, lo que vuelve clave revisar hábitos cotidianos, especialmente el movimiento.

Las guías europeas de cardiología recomiendan al menos 150 minutos de actividad física semanal, pero el desafío no es solo cumplir con un número. “En esta etapa de la vida muchas mujeres reducen su movilidad sin darse cuenta”, explica Garrido. Cuando los hijos crecen y ganan independencia, desaparecen también muchos movimientos cotidianos: alzar, correr, llevar, buscar.
Por eso, la propuesta no es necesariamente ir al gimnasio, sino encontrar una actividad que sea lúdica, creativa y sostenible en el tiempo. Bailar, caminar en grupo, nadar, practicar yoga o entrenamiento funcional: lo importante es que genere disfrute, motivación y que tenga un componente social.
Además, hay un punto clave que durante años fue subestimado: la fuerza. “Hoy está demostrado que los ejercicios de fuerza son tan necesarios como los aeróbicos para preservar la salud osteomuscular de la mujer”, afirma la especialista. No se trata de estética, sino de autonomía, prevención de lesiones y calidad de vida a largo plazo.
Cuando los análisis dicen “normal”, pero el cuerpo no
Uno de los grandes malestares que atraviesan muchas mujeres en la menopausia es la sensación de no reconocerse: irritabilidad, cambios de humor, disminución de la libido, sudoración, palpitaciones, insomnio. Y, sin embargo, los análisis de sangre suelen “dar bien”.
Esto abre una discusión clave: ¿qué es normal? “Los valores de referencia de los laboratorios no siempre contemplan las necesidades específicas de una mujer menopáusica”, explica Garrido. Un ejemplo claro es la vitamina D: mientras muchos laboratorios consideran adecuado un valor mayor a 30 ng/ml, hoy se sabe que durante la menopausia los niveles óptimos deberían superar los 60 ng/ml.
Suplementar no es exagerar
El magnesio, el omega 3 y la vitamina D forman, según la especialista, un combo fundamental en esta etapa de la vida. “Hace siglos, los alimentos aportaban todo lo necesario. Hoy, entre el procesamiento y el uso de fertilizantes, no siempre alcanzan a cubrir las necesidades, y menos aún durante la menopausia”, señala.

Por eso, la suplementación personalizada —siempre indicada por un profesional— puede ser una herramienta clave para promover bienestar y longevidad.
Medicina personalizada, descanso y meditación: nuevos pilares del bienestar
La tendencia actual de la medicina va hacia tratamientos cada vez más personalizados. Tests genéticos o estudios que miden el grado de inflamación permiten anticipar riesgos, comprender mejor el funcionamiento de cada organismo y tomar decisiones más precisas en función de cada mujer.
A estos avances se les suman dos pilares fundamentales que durante mucho tiempo fueron subestimados. Por un lado, el descanso: dormir bien no es un lujo, sino una condición esencial de salud, tan importante como la alimentación o la actividad física. La calidad del sueño impacta de manera directa en el equilibrio hormonal, el estado de ánimo y la salud cardiovascular.
Por otro lado, la meditación y las prácticas de regulación emocional ganan cada vez más respaldo científico. Lejos de ser un recurso accesorio, hoy se entienden como herramientas concretas para reducir el estrés, mejorar la concentración y favorecer un mayor bienestar físico y mental, especialmente en una etapa de grandes cambios como la menopausia.
Una transición también interior
Más allá del cuerpo, la menopausia trae consigo un movimiento profundo a nivel emocional y espiritual. “Muchas mujeres empiezan a revisar sus años productivos y a transformar su energía”, reflexiona Garrido. La productividad deja de estar centrada en la crianza o la reproducción y se orienta hacia la conciencia, la creatividad, el saber adquirido y el deseo de mayor servicio al otro.
Lejos de ser un final, la menopausia puede convertirse en una nueva forma de habitar el cuerpo y la vida, con más información, más autoconocimiento y, sobre todo, más permiso al bienestar.





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