Fue duro para Boca mirar las últimas dos ediciones por TV. Justo después de haber llegado a la final y coqueteado con la séptima. Ver postergada su ilusión y su obsesión, sin siquiera tener chances de luchar por ella. Pero el día se acerca, el jueves por la noche quedaron confirmados los 32 clasificados y los bombos, y el sorteo del próximo jueves definirá a los rivales, como para empezar a jugar la Copa Libertadores 2026. Eso sí, a un mes del debut, resta algo no menor: potenciar los puntos fuertes, terminar de aceitar el equipo, encontrar una regularidad y despejar las dudas.
De acá al debut, Boca tendrá tres partidos para intentar encarrilar el rumbo futbolístico. Este domingo Unión en Santa Fe, luego Instituto en la Bombonera y por último, Talleres de Carlos Tevezen Córdoba. Con la fecha FIFA en el medio para trabajar en Boca Predio, en el último respiro antes de la seguidilla sin fin. De ocho partidos en un mes. En una fase de grupos que arrancará el 7 de abril y terminará a fines de mayo. A todo o nada.
Lo más preocupante de Boca es que vive al día, con los billetes justos en el bolsillo. Un día golea a Lanús, su brillo encandila al dejar en la lona al reciente ganador de la Recopa y el equipo parece haber encontrado el camino. Al otro, no le encuentra la vuelta a un luchador San Lorenzo, la defensa hace agua, Claudio Ubeda se va silbado de la Bombonera y Juan Román Riquelme se vuelve loco en su palco. Un paso adelante, un paso atrás. Así, permanentemente, una y otra vez.
En esa economía apretada es que el Sifón se ve amenazado y trabaja en la turbulencia propia de un cargo que heredó de Miguel Ángel Russo y mantuvo después de que Román no encontrara una alternativa que le cerrera tras analizar nombres durante las vacaciones. En este escenario, el presidente aún lo banca el entrenador, y piensa que la mayor responsabilidad en este momento es de los jugadores.
No todo es culpa de Ubeda, de eso no hay dudas. El DT puede no imprimirle una identidad al equipo, pero los jugadores se vienen equivocando demasiado seguido. Que Di Lollo saliera muy lejos a romper y quedara pagando, que Weigandt no supiera donde estaba parado, que Costa no llegara a cortar un centro que cruzó toda el área y que Blanco no cerrara por el segundo palo, no es del entrenador. Y eso vio el Diez desde su palco: una defensa que cada dos partidos queda pegada en los malos resultados. De hecho, Ayrton viene metiendo la pata seguido desde un mes atrás, cuando el presidente lo señaló como el mejor central del fútbol argentino.
Lo de las dos caras del equipo es preocupante. Los jugadores de Boca de un tiempo a esta parte parecen dejar la vida sólo en los partidos en los que su pellejo está en juego. Fuera de eso, parecen jugar mirando a los rivales desde arriba, desde la superioridad moral. Pese a que la mayoría no tiene ni una vuelta olímpica en el club. Tal vez a esa confusión lleva vivir aislado del mundo en la comodidad de Boca Predio. Sin contacto con la realidad, con el hincha, con el barrio. Y así, no alcanza: a fin de cuentas se ven superados por el hambre de los rivales y termina siendo un Boca que no se impone. Pasó con Platense, Gimnasia de Mendoza y San Lorenzo, por citar sólo a los últimos.
A tres años sin títulos y a dos años sin jugar la Libertadores, no se llega por mala fortuna. Tampoco a cuatro partidos sin ganar en la Bombonera. No todo se puede justiticar por la pelotita que entra o no. Y la mística de otros tiempos ya no es argumento para soñar: Boca lleva 19 años sin ganar la Libertadores y viene de quedar eliminado tres veces en 2025 en su Templo.
En los tres partidos que quedan hasta el debut en la fase de grupos , será cuestión potenciar los aspectos que funcionaron en la buena racha del tramo final de 2025 y en algunos partidos de este 2026. Un arquero salvador en algunas ocasiones. Concentración defensiva, sin distracciones ni excesos de confianza que terminen en goles recibidos. Dinámica, ritmo y generación en el mediocampo. Imponer las condiciones, imponerse en el juego. Desequilibrio, imaginación y frescura para romper a rivales cerrados. Precisión y efectividad dentro del área.
La gran cantidad de lesiones sufridas este año también atentaron contra la posibilidad de buscar regularidad y la expectativa es que en este mes empiece a recuperar piezas importantes antes del estreno copero. Claro, las buenas victorias siempre tuvieron como gran protagonista a Exequiel Zeballos y no hay dudas que su baja por lesión se sintió. Porque era la llave para abrir partidos cerrados con rivales refugiados en su propio campo. Y también se cayeron Carlos Palacios, Alan Velasco, Rodrigo Battaglia, Milton Giménez y Edinson Cavani.
Así las cosas, este Boca con luces y sombras, entra en una recta decisiva, sin más margen para tropiezos. Con la necesidad de varios triunfos en fila que le permitan llegar con espalda al debut en la fase de grupos de la Libertadores e evitar encarar el camino de la obsesión al límite.
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