La cancelación de la esperada Finalissima, un test inmejorable para Argentina y España en la recta final hacia el Mundial, nos privó de observar un interesante duelo táctico entre, posiblemente, las dos mejores selecciones del mundo en la actualidad. De un lado, el ataque más funcional de Lionel Scaloni. Del otro, el juego más posicional de Luis De la Fuente. El toque asociado de los volantes de Argentina contra el desequilibrio de los extremos de España. El 4-4-2 flexible del campeón del mundo y bicampeón de América frente al 4-3-3 elástico del campeón de la Eurocopa.
Sin dudas, Argentina y España son dos de las principales candidatas a levantar la Copa del Mundo. Quizá, las dos grandes candidatas. Ambas tuvieron un andar irreprochable hacia el Mundial. Desfilaron en sus respectivas eliminatorias. Muchos goles a favor y pocos en contra. Dos equipos que pese a ciertas diferencias en cuanto al estilo, se emparentan en la intención de ser protagonistas y ofensivos. A los dos les gusta la pelota. Tenerla y recuperarla rápido cuando la pierden. Son distintos a cómo se posicionan cuando hacen uso de la posesión, eso sí. El caos organizado de Argentina vs. la ocupación racional de los espacios de España.
El uno contra uno por banda
Al imaginar un hipotético duelo, la Finalissima hubiera sido un buen examen, por ejemplo, para los laterales argentinos, Nahuel Molina y Nicolás Tagliafico. Enfrente iban a tener a dos de los mejores extremos que se pueden encontrar en el fútbol actual: Nico Williams y Lamine Yamal. Seguramente, habría sido una tarea extra para los volantes por afuera de Argentina para retroceder y evitar esos peligrosos uno contra uno en ambas bandas. Los wines de España son revulsivos pero full time. No aparecen de a ratos sino que el juego de su selección hace que los busquen de manera constante. Habilidosos para los espacios reducidos, ambos también se destacan a campo abierto por la velocidad. Y al jugar a pierna cambiada, también enganchan hacia adentro y transitan pasillos internos tanto para asistir como para definir. Sin dudas, el gran poder de fuego en ataque del team español.
Lamine Yamal y Nico Williams, las armas ofensivas de España.
La diferencia numérica en el medio
Otra prueba importante hubiese significado para los tres volantes de España (Zubimendi o Rodri, Pedri y Merino o Fabián Ruiz). El desafío habría sido cómo neutralizar la circulación de los cuatro mediocampistas de Argentina casi cinco (De Paul, Enzo, Alexis, Messi y Almada), habituados a juntarse por adentro para tocar, rotar posiciones e ir progresando en el campo con pelota dominada. Ese juego que distingue al equipo argentino habría obligado a De la Fuente a generar movimientos compensatorios para equilibrar y evitar la inferioridad numérica en la zona del círculo central y alrededores.
Alexis Mac Allister y Enzo Fernández, dos baluartes en el mediocampo de Argentina.
El rol del punta
Mikel Oyarzábal, el falso 9 de España, tendría alertas a Cuti-Licha y con la duda permanente: «salimos a buscarlo o nos mantenemos custodiando nuestra zona». Del otro lado, Julián Álvarez, el 9 de Argentina, provocaría la atención de Le Normand-Cubarsí con sus constantes desmarques, apoyos y piques en diagonal. Y los tendría vigilantes también cuando quisieran salir jugando debido a su conocido compromiso para iniciar la presión alta.
Julián, clave en el ataque argentino.
La Finalissima se presentaba como una buena chance para que ambos aceitaran el funcionamiento a menos de tres meses del inicio del Mundial. No pudo ser. Aunque quizá se vean las caras ya en la Copa del Mundo. Los hinchas del fútbol, que se perdieron este partidazo, estarán agradecidos.
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