Durante años, el riesgo cardiovascular en la mujer quedó relegado en la agenda sanitaria. Sin embargo, la evidencia actual marca un giro contundente: las enfermedades del corazón siguen siendo una de las principales causas de muerte femenina, muchas veces sin diagnóstico temprano ni prevención adecuada.
La advertencia se escuchó con claridad en la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI), donde la Dra. Florencia Sartori expuso sobre esta problemática y planteó la necesidad de repensar el abordaje médico. “El riesgo cardiovascular en la mujer tiene características propias que durante mucho tiempo no fueron consideradas. No alcanza con evaluar los factores tradicionales, hay que incorporar su historia hormonal, metabólica y reproductiva”, sostuvo.

A diferencia de lo que ocurre en los hombres, en las mujeres el riesgo no sólo responde a factores clásicos como la hipertensión, el colesterol o el tabaquismo. También intervienen variables específicas como el síndrome de ovario poliquístico, la insuficiencia ovárica prematura o la disminución de estrógenos, que reducen la protección natural del sistema cardiovascular y pueden acelerar la aparición de enfermedades.
En ese marco, Sartori advirtió que “muchas de estas condiciones comienzan años antes de que aparezcan los eventos clínicos, por eso la clave está en la detección precoz y en un seguimiento integral”. A esto se suman factores como la obesidad abdominal, la resistencia a la insulina y la dislipemia, que configuran un escenario de riesgo progresivo y, en muchos casos, silencioso.
El embarazo también aparece como un punto de inflexión. Lejos de ser un episodio aislado, puede dejar marcas en la salud cardiovascular futura. Complicaciones gestacionales o factores preexistentes funcionan como señales de alerta que deben ser monitoreadas en el tiempo. Incluso, las pacientes que atraviesan tratamientos de fertilidad requieren un control más estricto debido a su mayor vulnerabilidad.
Pero el problema no es únicamente clínico. También es cultural. Durante décadas, el modelo de prevención cardiovascular se construyó sobre parámetros masculinos, lo que derivó en subdiagnósticos y en una menor percepción del riesgo en mujeres. Esta mirada sesgada impacta directamente en la consulta tardía y en la falta de controles específicos.
En este contexto, los especialistas coinciden en que la prevención debe comenzar mucho antes, incluso en edades tempranas. Evaluar el perfil hormonal, los antecedentes ginecológicos, el metabolismo y los hábitos de vida ya no puede ser un complemento, sino un eje central del cuidado de la salud.
El mensaje final es tan claro como urgente: el corazón de la mujer no sólo enferma, sino que muchas veces lo hace en silencio. Y en esa invisibilidad, se juega la diferencia entre prevenir a tiempo o llegar tarde.






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