
La confirmación de la salida de Milton Astroza de la Subsecretaría de Seguridad y Justicia no es un hecho aislado. Es, más bien, un síntoma. Un gesto. Una señal de época. En su lugar asumirá Víctor Eduardo Maj, comisario general retirado, un hombre formado en la estructura policial, con años en la tarea operativa y estratégica. Un perfil clásico. De los que conocen el territorio, la interna y el pulso de la calle.
Astroza, licenciado en administración y esposo de Belén Gregori —directora de la Agencia Tributaria de Misiones— fue uno de los nombres propios del llamado “blend” político: esa fusión entre lo libertario emergente y el esquema tradicional del Frente Renovador. Su recorrido lo posicionaba como una figura representativa de ese intento de aggiornamento: titular de ADEMI, impulsor del primer local de Javier Milei en Posadas sobre calle Salta, candidato a senador en 2023 en la boleta que llevaba como presidente a Sergio Massa y luego ubicado en el noveno lugar de la lista a diputados provinciales. También, parte de una construcción política que buscó capitalizar el auge “neo” con impronta libertaria.
Pero gobernar no es solo interpretar climas de época. También es gestionar tensiones, resultados y, sobre todo, legitimidad.
El recambio en Seguridad ocurre en un contexto donde ese “blend” empieza a mostrar límites. La fusión que en las urnas generó expectativas hoy enfrenta un desgaste evidente. Y no es un dato menor: la Renovación viene de una elección muy ajustada en 2025, donde apenas logró renovar siete bancas en la Legislatura provincial, en paralelo con el triunfo de La Libertad Avanza en octubre. Ese escenario reconfiguró el tablero político y encendió alertas dentro del oficialismo.
Sin volumen electoral propio, los Neo comienzan a perder terreno dentro de la estructura de poder, mientras el gobierno retoma iniciativa apelando a lo que alguna vez supo hacer: cercanía, territorio y gestión.
La llegada de Maj no es inocente. Según distintas fuentes, su rol fue clave para desactivar el acampe de mayo de 2024 encabezado por el hoy diputado provincial Ramón Amarilla. Su designación fue bien recibida incluso dentro de la fuerza, donde goza de respeto y reconocimiento. En tiempos de conflictividad, el mensaje es claro: orden y experiencia.
Passalacqua parece haber leído el momento. No se trata de negar el cambio, sino de administrarlo. De entender que no toda novedad mejora lo existente y que, en determinadas áreas sensibles como la seguridad, la improvisación puede salir cara.
Hay, además, un trasfondo político que no se puede soslayar. En un contexto económico adverso, con una ciudadanía cada vez más nerviosa, la tolerancia hacia comportamientos de los funcionarios se ha reducido. La exposición en redes sociales, el exceso de marketing personal y la desconexión con la realidad cotidiana generan ruido. Y ese ruido, se paga.
El movimiento de piezas dentro del gabinete provincial deja una enseñanza que trasciende nombres propios: cuando la legitimidad flaquea, el poder intenta volver a las bases.
Después de todo, el 2027 está a la vuelta de la esquina. Y en política, como parece entender Passalacqua, hay momentos en los que innovar es necesario… pero también hay momentos en los que, simplemente, lo viejo funciona.
*Imagen generada con IA
Editorial Misiones Cuatro




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