El arranque del año confirmó una tendencia que preocupa: el consumo masivo volvió a mostrar señales de debilidad en enero, con números que reflejan una economía que aún no logra reactivarse en lo cotidiano. Según datos del Indec, las ventas en supermercados cayeron un 1,2% interanual frente al mismo mes de 2025, marcando un retroceso que impacta directamente en el termómetro del consumo básico.

El dato no llega solo. Detrás de esa caída aparece un cambio en la forma de comprar: las operaciones con tarjeta de crédito ya concentran el 43,1% del total de las ventas y crecieron un 22,5% interanual. Es decir, el consumo no desaparece, pero se sostiene cada vez más con financiamiento, en un contexto donde el poder adquisitivo sigue tensionado.
La medición desestacionalizada —que elimina el efecto de las compras típicas de diciembre— profundiza el diagnóstico: hubo una caída del 1,5% respecto a diciembre. A esto se suma una leve baja del 0,1% en la serie tendencia-ciclo, lo que confirma que el consumo cotidiano aún no encuentra un piso claro y continúa en una zona de fragilidad.
En términos nominales, los números podrían dar otra lectura: las ventas totales alcanzaron los $2.339.233,3 millones en enero, con un incremento del 25,1% interanual. Sin embargo, ese crecimiento queda por debajo de la inflación del mismo período, lo que en la práctica evidencia una contracción en el volumen real de ventas.
El dato es contundente: se gasta más dinero, pero se compran menos productos. En la vida diaria, eso se traduce en changuitos más livianos y decisiones cada vez más ajustadas. Mientras el consumo se sostiene con crédito, la economía real sigue mostrando señales de cautela, con un mercado interno que todavía no logra recuperar dinamismo.
(Fuente: Indec)





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