El lateral izquierdo es una posición en la que Lionel Scaloni todavía no halló el apellido que garantice el recambio en la Selección Argentina. Con Nicolás Tagliafico como opción #1, el deté considera allí también eventualmente a Nicolás González, llegó a llamar a Marcos Acuña -quien bajó su nivel en River- y ha ido citando variantes para el puesto: Facundo Medina, Julio Soler, Francisco Ortega; también llamó a Valentín Barco, quien juega en otra posición en Racing de Estrasburgo. Incluso llegó a elogiar a Lucas Esquivel.
Sin embargo, el tilde verde aún no aparece. Y es por eso que el cuerpo técnico de la Selección profundizó el seguimiento a un español hijo de argentinos que seduce y mucho: Joaquín Martínez. «Es seleccionable. Visto sí, hemos visto varios partidos. Ha jugado bien contra el Betis el clásico y forma parte de una lista que seguimos», reconoció.
Bautizado Oso por herencia de su papá -así lo llamaban en su Reconquista natal; Martínez lo adoptó cuando su viejo lo dirigía en el Algorfa CF y había sobrepoblación de Joaquines- este lateral izquierdo que ya suma dos asistencias (ante Oviedo y en el clásico ante Betis) en 688’ jugados en el primer equipo del Sevilla lleva tiempo en la carpeta del Departamento de Selecciones Nacionales.
Tanto es así que Juan Martín Tassi, encargado de scouting de AFA en Europa, mantuvo dos reuniones con la familia del jugador hace un tiempo para formalizar el seguimiento por la joyita que nació en Torrevieja el 9 de julio de 2003.
La historia de vida de Oso Martínez
Martínez, en Málaga (Instagram Oso Martínez).
Oso Martínez, en un cumple familiar con la torta de River (Gentileza).
Hijo de Hernán -ex futbolista y profe de Educación Física- y Ana Laura -diseñadora gráfica- y hermano de Gabriel -también futbolista del UCAM Murcia B- y Lourdes, Martínez es fruto de una de las familias que emigraron a España luego de la crisis económica y social que atravesó la Argentina en 2001.
Sus padres dejaron Santa Fe y se radicaron en Alicante un año antes de que él naciera. Allí se establecieron e inició el camino del pequeño que, según sus íntimos, desde chico sabía que llegaría a jugar en la élite.
Joaquín no visita Argentina desde hace 12 años: su última vez fue en julio de 2014, precisamente para vivir en Reconquista el Mundial de Brasil. Espera volver pronto. Sin embargo, se siente argento a nivel futbolístico. O así rezan quienes más lo conocen.
Aquellos que lo vieron jugar como centrodelantero en las Infantiles del Algorfa, luego en el Kelme (una institución formativa, al estilo Renato Cesarini, ubicada en Valencia) y posteriormente en el Real Murcia.
Fue precisamente en ese club que Oso se destacó como atacante. Específicamente, de #9. Tanto es así que el Barcelona y el Fulham inglés merodearon para seguirlo. Finalmente, recaló en el Málaga, donde permaneció cuatro años entre la división Cadete y Juvenil. Antes del salto al equipo absoluto, apareció Sevilla.
En paralelo, citado para la Selección de Andalucía junto a Juanlu, fue campeón de España. Algo que, no obstante, no le significó un llamado de parte de la RFEF para jugar en la Roja: pese a que fue opción para la Sub 19 de la categoría 2003, nunca fue convocado.
Oso Martínez, de pequeño en Cataratas (Gentileza).
Martínez, en España (Instagram Oso Martínez).
En Málaga, Oso se convirtió en extremo al ser dirigido por el portugués Duda, quien recomendó su fichaje al verlo jugar excepcionalmente en esa posición en Murcia.
Tras un buen año en Segunda RFEF, donde protagonizó un muy buen torneo (65 partidos, tres goles, cinco asistencias) fue que mutó nuevamente: ante una necesidad defensiva, fue corrido al lateral izquierdo. Y se ganó un lugar. Matías Almeyda quedó encantado y lo promovió. Y también lo arropó.
Ahora es Scaloni el que está siguiendo los pasos de este español con sangre argentina que podría seguir los pasos de Pablo Maffeo (el español fue convocado durante las Eliminatorias, pero no jugó) y transformarse en un nuevo ibérico en la Albiceleste. Justo ahora, en la previa del mano a mano frente a España. Quizás, obra del destino.




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