Los pronósticos climáticos marcan el paso de La Niña a una fase neutral y luego a un posible evento de El Niño. En Texas, ese cambio no implica de forma automática más huracanes, pero sí abre un escenario de riesgo en el arranque de la temporada, con posibles impactos costeros, calor y sequía.
El riesgo para Texas aparece antes de que El Niño se instale por completo
El Niño no necesariamente aumenta el número de ciclones en el océano Atlántico, pero la fase de transición sí puede coincidir con un período sensible. Para ciudades como Houston y otras zonas del sureste texano, el foco no está solo en cuántas tormentas se formen, sino en cuándo y bajo qué patrón atmosférico podrían acercarse al estado.
De acuerdo con el Centro de Predicción Climática, el sistema océano-atmósfera todavía mantiene rasgos compatibles con La Niña, con temperaturas del mar por debajo del promedio en sectores del Pacífico ecuatorial y una circulación atmosférica activa bajo ese patrón.
Sin embargo, la tendencia apunta a una modificación progresiva. La previsión dominante es que entre finales de la primavera boreal y comienzos del verano boreal se imponga una fase neutral antes de que emerja El Niño entre junio y agosto.
“Este período se caracteriza por temperaturas superficiales del mar cercanas a lo normal en el Pacífico ecuatorial, conocidas como ENSO Neutral o “La Nada”“, explicó la meteoróloga de ABC13, Elyse Smith. “Es probable que este período coincida con el inicio de la temporada de huracanes, algo que los texanos deben tener en cuenta”, señaló.
De acuerdo con el comportamiento histórico, los años bajo condiciones neutrales favorecieron las llegadas de sistemas tropicales a la costa texana que las temporadas dominadas por El Niño o La Niña. Es decir: el mayor riesgo inmediato podría darse antes de que el calentamiento del Pacífico actúe plenamente.
“De hecho, 15 tormentas han tocado tierra durante un “La Nada”, la más reciente el huracán Beryl en julio de 2024″, agregó Smith.

Qué puede pasar con los huracanes en el Atlántico y la costa texana
Una vez establecido, El Niño suele introducir más cambios bruscos y violentos en la velocidad o dirección del viento sobre el Caribe y el Atlántico occidental. Ese factor dificulta la organización de tormentas tropicales y huracanes, por lo que, en términos generales, tiende a reducir la actividad ciclónica.
“En el Pacífico oriental, en cambio, ocurre lo contrario, lo que podría favorecer una temporada de huracanes más activa”, señaló Smith.
El patrón clásico sugiere menos condiciones favorables para ciclones atlánticos, aunque eso no elimina el riesgo de un impacto directo sobre el estado. Una temporada puede ser menos activa en cantidad y aun así dejar consecuencias si uno o dos sistemas encuentran una trayectoria hacia la costa del Golfo.

El otro frente: calor extremo y sequía durante el verano boreal en Texas
Además del componente tropical, el desarrollo de El Niño suele estar vinculado en Texas con veranos más cálidos y secos. Esa combinación podría instalarse durante la segunda mitad del año si el calentamiento del Pacífico logra consolidarse y mantenerse hasta fines de año.
Los antecedentes recientes citados por ABC13 muestran que un verano bajo condiciones de El Niño puede coincidir con marcas elevadas de temperatura en el área de Houston. Por eso, el impacto del fenómeno no se limita al mar o a los ciclones, sino también al ambiente terrestre.
A eso se suma la posibilidad de que la sequía se prolongue desde la primavera boreal. Si el estado llega al verano con menos humedad disponible, la transición climática podría traducirse en mayor presión sobre el consumo eléctrico, el uso del agua y el riesgo de incendios en algunas zonas.





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