Darío Benedetto vuelve. Vuelve a la Bombonera, sí, aunque desde el otro lado. Con otra camiseta, otro escudo y en el escenario más pesado posible: la Copa Libertadores frente a Boca.
“Siempre va a ser especial jugar contra Boca”, dijo apenas se confirmó el cruce. Y no suena a cassette. Porque si hay un vínculo que no pasa inadvertido es el suyo con el club. No solo por los números (71 goles en 172 partidos, 19 asistencias y seis títulos) sino por el peso de sus momentos en la historia reciente xeneize. De esos que quedan en la memoria, como el último título del club: triplete en la Supercopa Argentina 2023 ante Patronato.
Darío Benedetto llegó con la delegación ecuatoriana al país. (Prensa Barcelona)
Pipa no pasó por Boca, lo vivió. Es hincha, lo tiene tatuado desde antes de llegar en 2017 y lo defendió como tal dentro de la cancha. Por eso su historia pegó distinto: tuvo picos altísimos y un final que todavía le hace ruido. Y sus hechos lo demuestran porque en el último tiempo, se tapó el escudo que tenía de Boca en su pierna.
Porque la historia no terminó ahí arriba. Se cortó antes, en 2024, cuando el desgaste ya era evidente. Bajón futbolístico, críticas y una salida acordada que adelantó el final. Sin vuelta olímpica ni ovación que cierre la escena. Y eso, en Boca, no se borra fácil. Menos cuando el final pesa más que los logros.
“Mi relación con los hinchas está bien. Estoy agradecido”, aseguró Benedetto. Y del otro lado aparece la gran incógnita: ¿Qué hará la Bombonera? Porque la memoria xeneize mezcla todo. El nueve que resolvía noches bravas, que se agrandaba en la Copa y que parecía hecho a medida del club y el que se fue mal en su segundo ciclo, marcado también por aquella frase que terminó de quebrar todo puertas adentro: “noches alegres, mañanas tristes”, dirigida a Diego Martínez.
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No será la primera vez que regrese. Ya lo hizo con Newell’s y la Bombonera eligió no jugar fuerte: indiferencia, algunos aplausos aislados y también silbidos. Una reacción tibia, lejos de los extremos. Como si el hincha todavía no hubiera decidido del todo qué hacer con su figura.
El camino lo llevó lejos: México primero, Paraguay después. Y ahora, desde Barcelona de Ecuador, aparece este cruce que parece escrito con intención. Un nueve que conoce cada rincón de Brandsen 805, que sabe cómo se juega ahí adentro, cómo se respira, cómo se sufre. No es casual: Benedetto sabe muy bien lo que es la Libertadores con Boca. La jugó a fondo. Llegó dos veces a la final: en 2018, como titular y figura de aquel equipo, y en 2023, ya con un rol más secundario, pero igual de protagonista en el recorrido.
El Pipa metió dos en la ida y uno en la vuelta, ante el Palmeiras
“No gritaría un gol, por respeto al club y a la gente de Boca, pero voy a querer ganar”, avisó Pipa, que todo indica que será titular en el conjunto ecuatoriano.
Benedetto vuelve a ese césped donde fue feliz. Donde también empezó a apagarse. Vuelve justo en la noche en la que Boca recupera la Libertadores en su casa después de dos años. Vuelve con historia, con ruido y con cuentas abiertas.
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No es solo un partido. Es el pasado contra un buen presente xeneize. Es memoria contra actualidad. Y en la Bombonera, su regreso no promete ser indiferente.
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