«Porque nada tenemos, lo haremos todo». En Chile, el Mundial de 1962 es muy bien recordado y con justa razón. En aquella oportunidad, la Roja tuvo la mejor participación en la historia de los mundiales al alcanzar el tercer puesto. Ahora bien, este torneo contó con un montón de historias ya que es considerada la copa más violenta de la historia, así como también casi no se juega por un trágico evento que afectó al país trasandino. Pero hay más, porque este Mundial, Chile se lo robó a Argentina.
Y es que en el Congreso de la FIFA celebrado en Lisboa en 1956, la confianza de la AFA con que el país al fin iba a ser sede del Mundial era total. Por eso, Raúl Colombo en su exposición argumentó que «podemos hacer el Mundial mañana mismo. Lo tenemos todo». Claro, el presidente de la casa madre del fútbol argentino sacaba pecho ya que el país contaba con la infraestructura para organizar el torneo: estadios, clima deportivo y estabilidad política e institucional. Sin embargo, Chile tenía un as bajo la manga.
Claro, mientras Colombo descansaba en la tranquilidad de tener el Mundial prácticamente asegurado, Carlos Dittborn, su par de la federación chilena, empezó a recorrer varios países para obtener apoyo a la hora de la votación. Tal es así, que el presidente de la asociación chilena dijo una frase que quedó en el recuerdo: «Porque nada tenemos, lo haremos todo», en lo que fue una clara respuesta al pope de la AFA.
Así, llegó la hora de la votación, con Argentina, Chile y una Alemania Occidental que se bajó para evitar un posible boicot de los países sudamericanos. ¿El resultado? Contundente: los trasandinos se «robaron» la organización del Mundial con 32 votos a favor contra 10 para Argentina, dándole un golpazo de realidad a un Colombo que quería levantar su imagen luego del papelón en Suecia 1958.
Carlos Dittborn, presidente de la asociación chilena para Chile 1962 (Prensa Conmebol).
El Mundial que casi no se juega
Sin embargo, la organización para Chille estuvo muy lejos de ser fácil. Para 1960, con un fuerte apoyo gubernamental, los organizadores trabajaban en el acondicionamiento de los estadios, que estaban quedando a punto para la Copa. Pero en mayo de ese año ocurrió lo peor: el terremoto de Valdivia. Con una intensidad de 9,5 en la escala de Richter, fue el sismo más devastador en la historia de la humanidad, dejando más de 50.000 muertos, dos millones de afectados y la destrucción casi total de las ciudades del sur del país.
De hecho, el sismo fue tan fuerte que se sintió hasta en Santiago, que quedó sumida en la preocupación por la presencia de varios maremotos en la costa de la capital. Claro, la intensidad de este terremoto fue tan fuerte que luego se comprobó que el mismo generó alrededor de 37 replicas, generando caos e incontables daños a lo largo de casi todo el territorio chileno.
El terremoto de Valdivia puso en duda la disputa del Mundial de 1962 (AFP).
Por eso, y lógicamente, el fútbol pasaba a un segundo plano, por lo que Chile se mostró abierto a resignar la organización del Mundial y la asociación iba a devolver los fondos que el Estado le había dado para la construcción y acondicionamiento de los estadios. Sin embargo, el mundo del fútbol se unió: ante semejante tragedia, varias de las federaciones que participarían del Mundial donaron importantes sumas de dinero, además de la FIFA, que no quería cambiar de sede para no darle otro golpe a un pueblo chileno que ya estaba sumido en el dolor.
Así, la Copa del Mundo en Chile seguía en pie, pero se debió modificar la programación: Talca, Concepción y Valdivia no serían sedes ya que habían quedado completamente destruidas, mientras que Valparaíso y Antofagasta rechazaron la posibilidad de recibir partidos porque no contaban con infraestructura. Distintos fueron los casos de Viña del Mar y Rancagua, por lo que el Mundial contó solamente con cuatro sedes. Es decir, cuatro ciudades para la misma cantidad de grupos.
El Mundial más violento de la historia que dejó a un futbolista muerto
La camaradería que hubo entre las federaciones para que Chile no perdiera la sede lejos estuvo de repetirse en el campo de juego. Esos mismos países que se habían unido mostrando los valores del deporte fueron los mismos que protagonizaron varias batallas dentro del terreno de juego a tal punto que, al tercer día de la competencia, ya habían 34 lesionados, entre ellos Pelé, que le pasó la posta a un Garrincha que terminaría siendo la gran figura del Brasil campeón.
Pero lo dicho, la violencia estuvo marcada desde los primeros partidos de la copa como el que protagonizaron Yugoslavia y la Unión Soviética. Era la primera participación mundialista de ambas selecciones, que estaban enemistadas por distintos conflictos geopolíticos, como el acercamiento de Yugoslavia a Occidente, lo que se trasladó al campo de juego y generó que el encuentro terminara dejando como saldo tres lesionados ¡y un muerto!
Desde el minuto uno, ambas selecciones se dieron de lo lindo y los médicos tuvieron mucho trabajo. Así, Slava Metreveli, de la URSS, recibió 12 puntos de sutura en su ceja izquierda y Zeljko Matus, una de las figuras de su rival, terminó con una fractura nasal.
Dubinsky sale en camilla, unos años después fallecería…
Sin embargo, lo peor se lo llevaría el soviético Eduard Dubinsky. El defensor recibió una patada criminal de Muhamed Mujic y enseguida el ruso quedó tendido en el piso. De ahí fue llevado al hospital, en donde se constató que había sufrido la fractura de tibia y peroné, lo que le demandó varios meses de recuperación aunque nunca pudo volver al fútbol. Ante esto, el delantero yugoslavo fue vetado de la selección. Pero, lamentablemente, eso no sería todo, porque la mala curación de la pierna de Dubinsky derivó en la aparición de un sarcoma , por lo que le terminaron apuntando la pierna. En 1969 llegaría su triste final, porque una infección en la herida terminó con la vida del zaguero a los 39 años, producto de lo que luego fue denominado como «la patada de la muerte».
Sin embargo, y más allá de este duro antecedente, la violencia no mermó. Pues el recuerdo más icónico de este Mundial es «la batalla de Santiago». Por la segunda fecha del Grupo 2, Chile debía enfrentar a Italia y, en la previa, el partido se caldeó porque periodistas italianos escribieron fuertes artículos criticando las condiciones de vida en el país anfitrión: “Los teléfonos no funcionan, los taxis son raros, así como los maridos fieles, un cable a Europa cuesta un brazo y una pierna, y una carta tarda cinco días en llegar”, escribieron Antonio Ghirelli y Corrado Pizzinelli para el diario Il Resto del Carlino, que además indicaron que el país estaba «lleno de villas y prostitución».
Esto generó mucha bronca en Chile, la cual se trasladó a los jugadores. Tal es así que a los 12 segundos del encuentro llegó la primera patada. Esto calentó a los italianos , que a los siete minutos se quedaron sin el delantero Giorgio Fellini por realizar una fuerte entrada. El tano se negó salir del campo de juego, por lo que terminó siendo retirado por los Carabineros.
La Batalla de Santiago, el partido más violento en la historia de los Mundiales.
Al clima de tensión se sumó el favoritismo del árbitro con Chile, ya que sobre el final del primer tiempo, el italiano Mario David le dio dos patadas a Leonel Sánchez, quien respondió pegándole una piña. ¿La decisión del juez? Siga, siga… Pero claro, la agresión molestó mucho a los jugadores italianos, por lo que el defensor se vengó en el segundo tiempo tirando una patada voladora a la cabeza del delantero y terminó expulsado.
Así, con la ventaja de dos jugadores, Chile se terminaría imponiendo 2-0 y consumaría su pase a la siguiente instancia, en donde eliminó a la URSS, y recién cayó en las semis frente a Brasil, que terminaría venciendo a Checoslovaquia en la final para consagrarse bicampeón.
De todos modos, la violencia no mermó en el resto de partidos, por lo que la competencia siguió sumando jugadores heridos y terminó dejando un saldo de ¡más de 50 futbolistas lesionados!
Cómo le fue a Argentina
En medio de todo eso, Argentina también participó del Mundial, pero su paso fue completamente olvidable. Si bien la AFA apostó por Néstor Lorenzo para que sea su entrenador, la Selección no pudo imponerse en un grupo que compartió con Inglaterra, la debutante Bulgaria y Hungría.
Argentina tuvo otra floja participación en el Mundial.
El equipo nunca tuvo un buen funcionamiento, por lo que apenas pudo ganarle a Bulgaria con un apretado 1-0. Luego perdió 3-1 con los ingleses e igualó 0-0 con Hungría. Esto lo dejó tercero en su grupo (igualado en tres puntos con Inglaterra, que tenía mejor diferencia de gol), por lo que nuevamente se despidió prematuramente del Mundial. Luego, Lorenzo indicaría que los jugadores argentinos no entrenaban lo suficiente y que se debía hacer un cambio radical para igualar al fútbol europeo.
A diferencia de lo que ocurrió en Suecia 58, ningún hincha fue a recibir al plantel y tampoco se registraron agresiones. Esta vez, nadie confiaba en la Selección y la gente asumía que la Albiceleste era un equipo más del montón…
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