Los clásicos son únicos porque resisten la prueba del tiempo. En la música, en la literatura o en el fútbol, no existe un partido olvidable que se pueda preciar de ser un clásico. Un Juventud Las Piedras-Oriental de La Paz bien jugado allá en Canelones, con golazos, relatos al borde del llanto y garra charrúa queda perenne en la memoria de los hinchas. Para ellos no hay nada que envidiarle a un Real Madrid-Barcelona, a un Liverpool-Everton o a un Yupanqui-Lugano.
Pero el superclásico es distinto. Mucho más complejo. Único. Casi nunca no se juega mucho en ellos e incluso los bodrios -el 0-0 del Apertura 05 alcanza de prueba- dejan registro. Porque el peso específico que tiene un River-Boca o viceversa, porque el orden de los factores no altera el producto futbolero, lleva a que se saquen conclusiones hasta de los laterales. No habrá excepción este domingo a las cinco de la tarde. Quizás, en punto.
Coudet y Úbeda definen sus equipos para el superclásico del domingo.
Será único, el Súper, este Súper, como el de la gallinita de Carlos Tevez, el del penal de Roma a Delem, el de Madrid o el de la pelota naranja del Beto Alonso de hace cuarenta años. Y por muchas causas.
Este clásico será único para Eduardo Germán Coudet. Aquel ex volante platinado que le marcó a Boca allá por 2002 se hizo cargo de un River. Y, cual Spaghetti del Rock de Divididos (clásico), remontó un barrilete en la tempestad. Seis victorias en siete partidos. 100% de efectividad en su par de partidos en el Monumental. Sensación de recuperación que necesita refrendarse con un hit ante el rival eterno.
Coudet levantó a un River golpeado. Foto: prensa River.
El Chacho consiguió restablecer a un grupo golpeado, curar con su impronta algunos rendimientos, quebrando la resistencia que existía sobre algunos apellidos (Driussi, Colidio). Elevó la moral colectiva, cambió la vibra, contagió esa misma sonrisa que mantiene de su época de jugador. Le dio confianza a Kendry Páez hasta llevarlo a las puertas de su primer derbi y exhibió un pragmatismo al que podría llegar a acudir, llegado el caso. De a poco identifica. Para hacer match definitivamente con el hincha, ganar sería ideal.
Coudet levantó a un River golpeado. Foto: prensa River.
Este clásico también será único para Claudio Úbeda, que ya ganó su primer derbi en noviembre y le dio un golpe más (aunque potente) al ciclo del entrenador más emblemático de la historia de River: Marcelo Gallardo. Aquello que otros entrenadores con renombre no habían logrado, pudo hacerlo el Sifón. Como si se tratara de un antihéroe inesperado, el 2-0 de su Boca en la Bombonera fue uno de los tantos impactos que sufrió aquel proceso que tuvo un breve pico en 2026 antes de desplomarse a fines de febrero.
Claudio Úbeda se prepara para el Súper.
Úbeda está ante la posibilidad de demostrar que existen motivos para la euforia. Esa que decanta en memes de Gemini, Chat GPT o Grok en los que lo retratan como un nuevo Virrey Bianchi o el nuevo Scaloni. A años luz de esa gloria, está claro, el ingenio digital es a la vez termómetro: su Boca juega mejor, fluye, tiene un mediocampo guiado por un campeón del mundo (Leandro Paredes) junto al “Pulmoncito” Milton Delgado, un Santiago Ascacibar acoplado a la estructura y el desequilibrio del pibe Aranda, más el recambio en un revitalizado Ander Herrera. Así, la Sifoneta por momentos luce. A veces le falta contundencia pero no ambición. Y tiene a un verdugo como Miguel Merentiel y hasta cuenta con un ex River -Adam Bareiro- como para que cumpla una ley del ex que e s tan clásica como Smoke On The Water o Let It Be.
Ubeda en la conferencia de prensa tras la goleada de Boca sobre Barcelona. Foto Olé
Único, nomás. Para Santiago Beltrán y Leandro Brey, que hasta hace cuatro meses compartían saludo FIFA en un derbi de Reserva y ahora ocupan cada uno un arco al que resultaba impensado llegar, al menos en encuentros de este estatus. Las lesiones de Franco Armani y Agustín Marchesin -esta última, grave, produjo un sacudón- los mandaron a calentar para entrar en la historia de esta clase de encuentros. Y ahí estarán.
Será tan súper clásico este partido que hasta será vital para Darío Herrera. Árbitro con título de mundialista a estrenar que tendrá no sólo la presión de refrendar su categoría internacional sino que deberá hacerlo con el peso del cerco mediático al que lo sometió Boca al marcarle la cancha por sus antecedentes de 2023, cuando fue parado luego de un mal superclásico. Lo que valió en el retruco de Gonzalo Montiel, pidiendo “un poquito de respeto” para el juez, pero también plantando bandera. Dientes apretados. Trailer de la tensión en juego.
La foto de los protagonistas con dirigentes y el árbitro Darío Herera. Foto: @natyponcefotos / Liga
Único. Será único este clásico como tantísimos otros. Por lo que se generó. Por las dudas que se presentaron alrededor de un campo de juego en plena resiembra que River asegura lucirá mucho mejor cuando comience a rodar la pelota. Será único porque desde las tribunas caerán 40 toneladas de papelitos prolijamente cortados entre la tardecita del viernes y un extensísimo sábado.
Pero también será único este clásico porque quien gane saldrá fortalecido. Aplica a equipos, técnicos o arqueros. Incluso a árbitros, ya que pasar inadvertido sin vodeviles también representa una victoria. Así de grande es. Por algo es el Súper.
El 11 de River vs. Boca
Santiago Beltrán; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Lautaro Rivero, Marcos Acuña; Juan Cruz Meza, Aníbal Moreno, Tomás Galván, Kendry Páez o Ian Subiabre; Facundo Colidio y Sebastián Driussi.
El 11 de Boca vs. River
Leandry Brey; Marcelo Weigandt, Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa, Lautaro Blanco; Santiago Ascascibar, Milton Delgado, Leandro Paredes, Tomás Aranda; Miguel Merentiel y Adam Bareiro.




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