LONDRES.– El primer ministro británico, Keir Starmer, enfrenta la mayor crisis política desde su llegada al poder. Tras una serie de derrotas electorales que sacudieron al Partido Laborista, crece dentro del oficialismo la presión para que abandone el cargo o, al menos, anuncie un calendario para su salida.
El deterioro de su liderazgo quedó expuesto este fin de semana, cuando decenas de diputados laboristas comenzaron a reclamar públicamente una transición en el poder. La ofensiva interna se aceleró después de los malos resultados en las elecciones locales de Inglaterra y en votaciones legislativas en Escocia y Gales, consideradas un plebiscito informal sobre la gestión de Starmer.
Según informó The Guardian, unos 40 parlamentarios laboristas ya piden que el premier renuncie o defina una fecha de salida.
El clima en Westminster se volvió todavía más tenso luego de que aliados del secretario de Salud, Wes Streeting, admitieran que el dirigente se prepara para disputar el liderazgo si el gobierno “se desmorona”.
“Wes no va a desafiar a Keir, pero se está preparando en caso de que todo colapse”, declaró un aliado del ministro al diario británico.
Starmer apuesta ahora a un discurso previsto para este lunes, con el que intentará recuperar la iniciativa política y convencer a sus propios legisladores de que todavía puede revertir la situación. Sin embargo, incluso dentro de su gabinete crecen las dudas sobre su capacidad para sostenerse en Downing Street.
Una fuente ministerial citada por The Guardian aseguró que aún existe una “lealtad residual” hacia el primer ministro, aunque muchos dirigentes ya sienten que llegaron “al límite de su paciencia”.
La rebelión interna se produce menos de dos años después de la contundente victoria electoral que devolvió al laborismo al poder. Desde entonces, la popularidad de Starmer cayó de manera pronunciada en medio de problemas económicos persistentes, dificultades para mejorar los servicios públicos y crecientes cuestionamientos al costo de vida.
A eso se sumaron una serie de tropiezos políticos. Entre ellos, el fuerte rechazo que provocó dentro del partido la decisión de nombrar como embajador en Washington a Peter Mandelson, figura históricamente asociada al laborismo y vinculada públicamente con el fallecido financista Jeffrey Epstein.
Las elecciones recientes dejaron al descubierto otro problema para el gobierno: la pérdida de votos tanto hacia la derecha como hacia la izquierda.
El Partido Laborista sufrió avances del partido antiinmigración Reform UK y también del Partido Verde, fenómeno que reflejó la creciente fragmentación política británica.
En paralelo, comenzaron los movimientos internos para una eventual sucesión.
La ex viceprimera ministra Angela Rayner, considerada desde hace tiempo una posible rival de Starmer, evitó pedir abiertamente su salida, pero lanzó una dura advertencia.
“Lo que estamos haciendo no está funcionando y necesita cambiar. Esta puede ser nuestra última oportunidad”, afirmó.
Rayner sostuvo además que el Partido Laborista corre el riesgo de transformarse en “el partido de los acomodados” y vinculó el escándalo Mandelson con una “cultura tóxica de amiguismo”. También reclamó medidas inmediatas para reducir el costo de vida y devolver dinero “a la economía cotidiana”.
Aunque sus aliados aseguran que todavía no decidió si competirá por el liderazgo, ya se prepara para esa posibilidad.
Otro nombre que aparece con fuerza es el de Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester. Sus partidarios incluso intentaron convencer a la diputada laborista Catherine West de retirar la amenaza de desafiar a Starmer, para darle más tiempo a Burnham para regresar al Parlamento y competir formalmente.
West fue la primera legisladora en anunciar públicamente que intentará activar una contienda por el liderazgo si Starmer no presenta un cronograma de salida durante su discurso del lunes. Para hacerlo necesitaría el respaldo de 80 diputados laboristas.
Mientras tanto, sectores de izquierda dentro del laborismo empezaron a impulsar otra alternativa: el exlíder partidario y actual ministro de Energía, Ed Miliband.
La incertidumbre también alcanzó al gabinete. Ministros importantes como Shabana Mahmood, Lisa Nandy y Pat McFadden evitaron respaldar públicamente al primer ministro después de que el partido perdiera unos 1500 concejales y alrededor de 40 municipios.
Uno de los golpes más duros llegó de parte del legislador laborista Josh Simons, hasta hace poco considerado un aliado de Starmer. En un artículo publicado en The New York Times, sostuvo que el premier “ha perdido al país” y reclamó una “transición ordenada hacia un nuevo primer ministro”.
Pese al creciente aislamiento político, Starmer insiste en que no piensa renunciar. En una entrevista con The Observer aseguró que quiere permanecer en el poder durante “dos mandatos o diez años”.
En un intento por reforzar su gobierno, el líder laborista convocó nuevamente al ex primer ministro Gordon Brown como asesor económico y sumó a la exdirigente laborista Harriet Harman como consejera en temas vinculados a mujeres y niñas.
El lunes podría convertirse en una jornada decisiva para su futuro político. Lo que hasta hace pocas semanas parecía una incomodidad pasajera dentro del laborismo ahora amenaza con transformarse en una disputa abierta por el control del gobierno británico.
Agencia AP




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