Este último tango de Lionel Messi ha tenido, por lo pronto, un giro de Naranjo en Flor. Primero hay que saber sufrir. Argentina pasó a octavos, pero el 3-2 ante Cabo Verde dejó algo más que alivio futbolero: también dejó pulsaciones al límite.
Un partido de eliminación directa, resuelto en tiempo extra, con tensión, incertidumbre y sufrimiento, es el combo perfecto para que el cuerpo reaccione como si estuviera frente a una amenaza. Y no es sólo una sensación tribunera: también tiene explicación médica.
“ El estrés emocional que experimentan los aficionados durante un evento deportivo de tal magnitud, sobre todo en culturas como la nuestra en la que el fútbol es responsable en gran parte del estado de ánimo, puede provocar respuestas fisiológicas desfavorables que afecten negativamente a nuestro sistema cardiovascular”, explicó el Dr. Mariano Cavallo, M.N. 161.045, miembro del staff del Servicio de Cardiología del Hospital Británico de Buenos Aires.
El sufrimiento en Argentina versus Cabo Verde (Juano Tesone/Enviado especial).
Diversos estudios internacionales se han enfocado en la relación entre el estrés generado en los hinchas de futbol ante situaciones decisivas de sus equipos, sobre todo cuando los resultados no son los esperados, y el aumento significativo en el número de eventos cardiovasculares agudos admitidos en guardia. Y en esa línea, una de revista Vascular Health and Risk Management analizó la evidencia disponible sobre los efectos de los grandes torneos de fútbol en el corazón y observó que los partidos de alta tensión emocional pueden actuar como desencadenantes de eventos cardiovasculares agudos en personas predispuestas.
Los partidos a eliminación directa y el ejemplo del 98 y el 2006
El chut de Maxi para el 2-1 cerradísimo ante México (REUTER).
Los mata-mata generan sentimientos que deben domarse. El especialista advierte que “los partidos de alta tensión emocional pueden actuar como desencadenantes de eventos cardiovasculares agudos en personas predispuestas”. Y el cruce ante Cabo Verde tuvo todos los condimentos: resultado ajustado, alargue, margen cero y una Selección que hizo sufrir hasta el final por su contracción táctica, su capacidad atlética y su peligrosidad.
Según Cavallo, “el estrés emocional intenso activa mecanismos biológicos similares a los de una situación de amenaza”. Es por eso que en la nochecita del viernes los argentinos sufrieron tanto en el living, en el auto, en la cancha, solos o con amigos haciéndoles la segunda.
El motivo se argumenta desde la química, ya que “el organismo libera adrenalina y otras hormonas del estrés que elevan la frecuencia cardíaca”. Y en ese contexto hay que cuidarse porque” aumentan la presión arterial y favorecen fenómenos como las arritmias y la formación de coágulos”.
Roa festeja en los penales del 98 (AFP).
El informe también marca antecedentes contundentes: en el Mundial 2006 -en el que Argentina le ganó a México en la prórroga con un golazo de Maxi Rodríguez y luego cayó por penales ante Alemania- las emergencias cardiovasculares fueron 2,66 veces mayores durante partidos de Alemania; y tras la eliminación de Inglaterra ante Argentina en 1998, las internaciones por infarto aumentaron 25% durante el día del partido y los dos días posteriores.
Por eso, la recomendación es clara: “Las personas con antecedentes cardiovasculares, hipertensión arterial, diabetes o colesterol elevado deben mantener sus tratamientos habituales, evitar los excesos y consultar de inmediato ante síntomas como dolor en el pecho, falta de aire, palpitaciones o mareos”.
El fútbol se sufre, se grita y se vive. Pero como resume Cavallo: “Vivir el Mundial con pasión, pero sin olvidar que el cuidado del corazón también forma parte del juego”.





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