El dolor se mantiene presente en los 47 millones de argentinos, de eso no hay dudas. Quedar a un paso de la cuarta estrella mundial deja, por un lado, un gran vacío. Pero también esta Selección, que esta vez no pudo ganar una final, se ocupó de que el cuerpo quede lleno ante situaciones así. Y los números lo demuestran.
Desde el comienzo de la era Scaloni, la Argentina logró competir siempre, algo que no era costumbre años atrás. Su estreno en torneos internacionales fue en 2019, con aquella Copa América en Brasil. Terminó cayendo ante el anfitrión en un partido más que polémico, por 2-0. A partir de ahí, todo fue en subida tanto en el juego como en los resultados.
Porque tuvieron que pasar siete años para que la Scaloneta no salga victoriosa de un enfrentamiento eliminatorio. Sí, siete. Tras esa semi con el Scratch, Argentina no perdió en los mata-mata hasta esta final frente a España. No hay similitudes con otra nación que se mantuvo tanto tiempo invicto. Lo más parecido en números es Alemania, cuando todavía estaba dividida en dos bandos, que desde la Eurocopa de 1972 -en el medio estuvo la Copa del Mundo del 74′ que ganó– perdió recién en la Euro de 1976 ante Yugoslavia por penales.
La Argentina y una racha envidiable. REUTERS/Carlos Barria
O también la Italia de la década del 30′, que consiguió el Mundial de 1934, justamente en tierras italianas, los Juegos Olímpicos de Berlín dos años más tarde (para ese entonces se jugaba con selecciones absolutas) y nuevamente el título mundial en Francia 1938. Incluso Francia, que bordó su primera estrella en el Mundial del 98′, luego ganaría la Eurocopa del 2000 y cerraría con las Copas Confederaciones de 2001 y 2003.
Messi, símbolo de la Selección. Foto Juano Tesone / enviado especial.
En todos esos casos, la racha perduró no más de cuatro o cinco años sin derrotas. La Selección Argentina superó hasta esos parámetros que encuadran una dinastía futbolística. Todas las selecciones, por más exitosas que hayan sido en determinado período, en algún momento tienen un pequeño hiato. Un pequeño tropezón. Scaloni, Messi y compañía no siguieron esa norma. Y eso habla de una grandeza aún mayor.
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