Del Mundial a la Bombonera. Del silencio por una final perdida al ruido ensordecedor de su gente. Apenas cuatro días después de disputar el partido más importante del fútbol, Leandro Paredes volvió a ponerse la ropa de Boca. Y el capitán, el líder y máximo referente, recibió un recibimiento a la altura de su historia. Antes de tocar la pelota, la Bombonera ya lo había ovacionado.
Cuando el Xeneize salió al campo para realizar la entrada en calor en la previa del duelo frente a O’Higgins por la ida de los 16avos de final de la Copa Sudamericana, las cuatro tribunas apuntaron a un solo protagonista. «¡Paredes, Paredes!», bajó con fuerza desde todos los rincones del estadio. Un reconocimiento cerrado para el futbolista que venía de dejar todo con la Selección Argentina y que, sin descanso, ya estaba otra vez al frente de Boca.
Olé.
Y enseguida llegó otra postal. Mientras el plantel seguía con los movimientos precompetitivos, la Bombonera explotó con el canto que marcó al país durante el Mundial: «El que no salta es un inglés…». El estadio entero acompañó una canción que ya quedó grabada en la memoria de los argentinos y que tuvo a Paredes como uno de los protagonistas de aquella campaña con la Albiceleste.
No fue una noche más para el capitán. Había dejado Boca semanas atrás con la bronca por la eliminación de la Copa Libertadores frente a Universidad Católica y regresó para liderar un nuevo desafío internacional. Apenas aterrizó en Buenos Aires se entrenó en Ezeiza junto al plantel y quedó a disposición de Rodolfo Arruabarrena. El Vasco no dudó en devolverle la titularidad para una serie que también tiene aroma a final.
La pelota todavía no había empezado a rodar, pero Paredes ya había ganado el primer aplauso de la noche. Porque el hincha entendió el esfuerzo, valoró el compromiso de volver sin descanso y abrazó a su capitán





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