Misiones
Los varones jóvenes encabezan la caída en el Índice de Confianza en julio
Se desploma la confianza en el gobierno entre los jóvenes que votaron a Milei

Hay números que hablan y hay números que gritan. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que publica mensualmente la Escuela de Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella pertenece, en su edición de julio de 2026, a la segunda categoría.
El índice cerró el mes en 1,94 puntos sobre una escala de 5, lo que representa una caída de 6,5% respecto de junio y un desplome de 21% en términos interanuales.
Desde que comenzó el año, la confianza en el gobierno acumula una contracción de 21,5%. Junio fue la única excepción al tobogán, porque había arrojado un casi insólito rebote de 3,9%, que julio se encargó de borrar sobradamente.
Pero el dato que debería encender todas las alarmas en el búnker comunicacional de La Libertad Avanza no es el número general.

Es el desglose por edad y género. El mayor derrumbe del mes se concentró en los varones de entre 18 y 29 años, el segmento que en 2023 votó a Javier Milei con fervor casi religioso y que construyó la base de sustentación cultural y política del proyecto libertario.
En ese grupo, el ICG cayó 23% en un solo mes, ubicándose en apenas 1,68 puntos.
¿El núcleo duro se resquebraja?
Durante dos años y medio el gobierno de Milei encontró en los jóvenes varones urbanos su reserva más confiable de entusiasmo.
Fueron ellos quienes llenaron las redes sociales de contenido libertario, quienes resistieron cada embate opositor con argumentos de manual mileísta, quienes sostuvieron la narrativa del cambio cuando los números económicos no acompañaban. El vínculo entre Milei y esa generación tenía la textura de una identidad que parecía sólida.
Por eso la caída de julio no puede leerse como ruido estadístico. Una contracción de 23% en un mes en el grupo de 18 a 29 años señala que algo se movió en ese vínculo.
El ICG de los hombres en general cayó 11,3%, bajando a 2,10 puntos, mientras que el de las mujeres subió levemente hasta 1,74 puntos (+2,8%).
La paradoja es llamativa, el gobierno que construyó buena parte de su capital político sobre una retórica de masculinidad confrontativa está perdiendo confianza entre los hombres más rápido que entre las mujeres.
Para entender la magnitud del fenómeno conviene poner el número en perspectiva histórica.
El promedio del ICG durante la gestión Milei desciende en julio a 1,94 puntos, su valor más bajo desde que comenzó el mandato. Ese promedio sigue siendo superior al de Alberto Fernández en el mismo tramo de su gestión (1,91) y al de Cristina Kirchner en sus dos períodos, pero ya es inferior al de Mauricio Macri (2,51) en el mismo momento de su gobierno.
El dato importa porque Macri es la referencia inevitable, ya que también llegó con promesas de transformación, también tuvo una luna de miel con el electorado y también vio cómo la confianza se erosionaba cuando la economía no respondía a las expectativas que él mismo había generado.
La diferencia con Macri radica en lo electoral, porque a esta altura del gobierno del líder del PRO ya se perfilaban actores con potencial electoral que podían competirle y ayudaban a acelerar el retroceso de su imagen y confianza.
Hoy no aparecen competidores sólidos que resulten atractivos como para que el electorado mileísta dé un giro rotundo. Esto hace que todavía, y a pesar del aumento de la desconfianza y la negatividad de su imagen, los pronósticos electorales del libertario sean positivos. Al menos por ahora.
Eficiencia, componente que duele
El ICG se construye a partir de cinco componentes, que son la evaluación general del gobierno, la preocupación por el interés general, la eficiencia, la honestidad y la capacidad.
En julio, cuatro de los cinco cayeron. El único que se mantuvo prácticamente estable fue honestidad (2,45; -0,4%), lo que sugiere que la ciudadanía todavía no asocia masivamente al gobierno con corrupción.
Pero eficiencia fue el que sufrió el mayor deterioro porcentual cayendo 15,4% hasta 1,79 puntos.
Esto indica que la honestidad percibida de Milei resiste, pero la percepción de que el gobierno hace bien las cosas se está desmoronando.
Es un tipo de deterioro particularmente peligroso para una gestión que construyó su legitimidad sobre la promesa de resultados concretos como bajar la inflación, ordenar las cuentas públicas y generar empleo, más que sobre valores programáticos tradicionales.
Cuando el votante que te eligió por tus promesas de eficiencia empieza a dudar de que seas eficiente, el contrato político original se resiente en su punto más sensible.
La caída en capacidad (2,28 puntos; -7,3%) y en preocupación por el interés general (1,51 puntos; -6,9%) completan un cuadro de deterioro multidimensional que no se explica por un episodio puntual sino por una acumulación de percepciones negativas sobre el rumbo de la gestión.
La geografía del descontento
La distribución geográfica del ICG en julio también aporta señales de lectura. El interior del país mantiene el valor más alto, con 2,09 puntos, aunque también cayó 4,7% respecto de junio. Caba se ubica en 1,92 (-5,6%) y el GBA registra el mayor derrumbe territorial con 1,63 puntos (-10,9%).
El Gran Buenos Aires concentra la caída más pronunciada por territorio y ese dato es coherente con lo que muestran otras mediciones.
Porque los sectores populares del conurbano, que en buena medida apostaron por el cambio en 2023 hastiados del kirchnerismo, están procesando una decepción que tiene nombre y apellido económico. Desempleo, precios, poder adquisitivo.
El GBA es el territorio donde la promesa libertaria choca más duramente contra la realidad cotidiana de los mercados de trabajo informales y los presupuestos familiares ajustados.
Algo similar sucede en la provincia de Misiones, donde la esperanza de la desregulación y el proceso de baja de impuestos ilusionó a los actores de los motores económicos de la tierra colorada, que hoy están completamente paralizados.
Esto es, frenados por la caída de los precios de la materia prima, como la hoja verde de la yerba mate; por la paralización de la obra pública que dejó sin mercado interno a la madera o unas condiciones cambiarias que impide la competitividad regional para el mismo sector; o la caída del consumo que provoca el cierre de empresas como Dass en Eldorado y comercios en toda la provincia.
El dato de nivel de instrucción es igualmente revelador. El segmento con instrucción primaria registró el mayor descenso del mes: -24,7%, llegando a apenas 1,29 puntos.
Ese es, precisamente, el perfil de votante que en teoría debería haberse beneficiado del discurso antisistema de Milei pero que en la práctica es el que más exposición tiene a los efectos negativos del ajuste.
La contradicción entre el relato y la experiencia vivida tiene un costo político que los números empiezan a reflejar con creciente claridad.
¿Desgaste o señal estructural?
La pregunta que inevitablemente surge al analizar estos datos es si el derrumbe de julio es un episodio pasajero o el síntoma de un deterioro más profundo. Algunos indicios apuntan a lo segundo.
La caída acumulada de 21,5% desde diciembre de 2025 no es el resultado de un mes malo sino de una tendencia sostenida que sólo se interrumpió una vez, en junio, y que julio volvió a profundizar.
El rebote de junio, que el propio informe de Di Tella señala como excepción dentro de la tendencia descendente de 2026, podría haber generado en el gobierno la ilusión de que el piso había sido encontrado. Julio demostró que no.
Más significativo aún es el comportamiento del segmento juvenil masculino. Una caída de 23% en un mes en el grupo etario que define la identidad política del movimiento libertario no es ruido. Es información. Y la información dice que algo en la relación entre Milei y su base más entusiasta se está renegociando, probablemente porque ese segmento tiene también la mayor exposición a la incertidumbre laboral en mercados de trabajo precarios, informalidad, dificultad para proyectar el futuro, y porque la impaciencia generacional, que en 2023 fue el motor del voto libertario, puede convertirse con la misma velocidad en decepción cuando los resultados no llegan.
El ICG de quienes creen que la situación económica empeorará se ubica en apenas 0,33 puntos. El de quienes creen que mejorará, en 4,15.
La distancia entre ambos grupos es casi el índice completo, lo que significa que la confianza en el gobierno está funcionando casi exclusivamente como función de las expectativas económicas. Cuando esas expectativas se deterioran, la confianza se desmorona. Y en julio, entre los jóvenes que construyeron el mito de La Libertad Avanza, algo en esas expectativas claramente se movió.
El gobierno tiene tiempo todavía antes del ciclo electoral decisivo. Pero los datos de julio de la Di Tella advierten que el margen para revertir la tendencia no es ilimitado, y que el segmento donde el costo político del deterioro puede ser más caro no es el de los adversarios históricos de Milei sino el de quienes lo bancaron desde el principio con la convicción de que esta vez iba a ser diferente.
En cifras
21,5%
Es la caída acumulada desde diciembre de 2025. Es una tendencia sostenida que sólo se interrumpió una vez, en junio, y que julio volvió a profundizar.
23%
Es la contracción en un mes en el grupo de entre 18 a 29 años. El ICG de los hombres en general cayó 11,3%, y de las mujeres subió levemente 1,74 puntos.
15,4%
Es la caída de eficiencia que percibe el ciudadano hacia la adminisración nacional, comandada por el presidente Javier Milei.
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