Iguazú (LaVozDeCataratas) La fecha invita a reconocer una vocación que tiene como eje el servicio. En la Diócesis de Iguazú hay actualmente 34 diáconos permanentes en actividad, a los que se suma un diácono en tránsito, Ramiro Blum, quien se encuentra en camino hacia el sacerdocio. De esta manera, son 35 los diáconos vinculados actualmente a la diócesis.
Sus tareas pueden variar de acuerdo con las necesidades de cada parroquia, aunque tienen un denominador común: el acompañamiento y el servicio a las comunidades. “Su principal tarea es la atención y el cuidado en la caridad”, explicaron a LaVozDeCataratas desde la diócesis. En ese marco, colaboran con las parroquias y capillas, acompañan a las comunidades, participan en celebraciones de la Palabra y llevan adelante la predicación del Evangelio.
Ese servicio también tiene una expresión concreta durante las celebraciones litúrgicas. Los diáconos acompañan al sacerdote durante la misa, colaboran en la distribución de la Comunión y tienen entre sus funciones la proclamación y predicación del Evangelio.
El camino hacia el diaconado permanente comienza con una vocación. Para acceder a este ministerio, el hombre debe ser casado, llevar una vida cristiana e incorporarse activamente a una comunidad parroquial. Pero, fundamentalmente, se trata de un llamado que se discierne con el tiempo.
“La vocación para ser diácono, que Dios le llame a ser diácono, se va descubriendo en un proceso de discernimiento personal que después la Iglesia acompaña y encamina”, señalaron. Una vez iniciado ese camino, comienza un proceso de formación que prepara al futuro diácono para las distintas dimensiones de su ministerio. La formación incluye estudios de teología y liturgia, además de herramientas para acompañar a las personas y comunidades desde el servicio pastoral.
Así, el diaconado no se limita a una función dentro de la misa. Su esencia está vinculada al servicio cotidiano: estar cerca de las comunidades, acompañar sus necesidades y llevar el Evangelio a la vida concreta.
La celebración del Día del Diácono tiene lugar cada 10 de agosto, día en que la Iglesia recuerda a San Lorenzo, uno de los siete diáconos de Roma y mártir del cristianismo. Su figura quedó asociada al servicio, particularmente hacia los más necesitados, y es considerada un modelo para quienes ejercen este ministerio.
En esta jornada, la Iglesia pone nuevamente en valor una vocación que encuentra su sentido en una palabra fundamental: servir.





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