Misiones: ¿corredor estratégico o simple territorio de paso?
Paraguay y el Estado brasileño de Santa Catarina acaban de avanzar en un acuerdo de cooperación para fortalecer un intercambio comercial que ya supera los 900 millones de dólares y mejorar su conexión logística.
Y en el medio aparece Misiones.
El proyecto de fondo apunta a construir un puente internacional entre Mayor Otaño, Paraguay, y Eldorado. Desde allí, los camiones atravesarían nuestra provincia por las rutas 17 y 27 hasta Paso Rosales, para ingresar directamente al Estado de Santa Catarina.
Pero ahora aparece un dato nuevo que demuestra que esta conexión comercial no es solamente un proyecto para el futuro.
Mientras se habla del puente, ya se trabaja en una alternativa mucho más inmediata: poner en funcionamiento una balsa para el transporte de camiones entre el puerto de Mayor Otaño y el puerto de Eldorado.
Según explicó el intendente de Eldorado, Rodrigo “Pipo” Durán, la iniciativa podría estar operativa en aproximadamente 90 días, siempre que se obtengan los permisos correspondientes.
Es decir, los camiones podrían comenzar a cruzar mucho antes de que exista el nuevo puente.
Y este dato vuelve todavía más urgente una pregunta que Misiones debería hacerse ahora, y no cuando el corredor ya esté funcionando: ¿Qué gana nuestra provincia con todo esto?
Entonces, que después no nos vengan a contar que todo esto es simplemente una gran conquista del Gobierno de Misiones.
Paraguay está haciendo sus deberes: quiere abaratar costos, mejorar su logística y encontrar una salida más rápida hacia los puertos brasileños.
Santa Catarina también hace los suyos: quiere aumentar el comercio, fortalecer sus puertos y potenciar su industria.
Perfecto.
Pero los camiones van a ingresar por Eldorado y van a circular por territorio misionero. Primero podría ser mediante una balsa y, en el futuro, a través de un nuevo puente internacional.
Y el tránsito pesado significa deterioro de rutas, mantenimiento, controles, seguridad vial e inversiones.
Por eso tenemos que preguntar: ¿Quién va a mejorar las rutas provinciales 17 y 27? ¿Quién pagará su mantenimiento cuando aumente el tránsito de camiones?
¿Habrá en Misiones centros logísticos, depósitos, playas para camiones, talleres, estaciones de servicio y nuevos puestos de trabajo?
¿Nuestros productores también podrán aprovechar este corredor para colocar sus productos en mejores condiciones en el mercado brasileño?
¿Eldorado será solamente el lugar donde desembarquen los camiones o se convertirá verdaderamente en un centro logístico y comercial?
Esas son las respuestas que debemos exigir ahora, cuando ya se habla de poner una balsa en funcionamiento dentro de aproximadamente 90 días, y antes de que comiencen los anuncios de gestiones y se presente como un logro provincial la posibilidad de construir un nuevo puente internacional entre Eldorado y Mayor Otaño.
Porque detrás de esos anuncios hay que explicar también para qué se quiere ese puente, quiénes serán sus principales beneficiarios y, fundamentalmente, qué obtiene Misiones a cambio.
Misiones tiene una ubicación privilegiada y podría convertirse en un verdadero centro logístico del Mercosur. Pero para eso hay que negociar.
Integración regional, sí. Nuevos puentes, también. Y si una balsa permite comenzar a mover camiones mientras tanto, bienvenida sea.
Pero no alcanza con poner el territorio, poner las rutas y después mirar cómo pasan los camiones.
Porque si Paraguay produce, Santa Catarina comercializa y los puertos brasileños crecen, Misiones también tiene que obtener beneficios concretos.
Y ahora hay todavía menos tiempo para discutirlo.
Porque ya no estamos hablando solamente de un puente que algún día podría construirse.
Estamos hablando de una balsa que podría comenzar a transportar camiones entre Mayor Otaño y Eldorado dentro de apenas 90 días.
La diferencia es enorme: podemos prepararnos para ser protagonistas de este nuevo corredor internacional o simplemente convertirnos en territorio de paso.
Y cuando pase el último camión rumbo a Santa Catarina, ya sea sobre una balsa hoy o sobre un puente mañana, la pregunta seguirá siendo exactamente la misma: ¿qué quedó realmente para los misioneros?





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