Iguazú (LaVozDeCataratas) En Iguazú viven diez comunidades mbya guaraní, distribuidas en dos zonas de la ciudad y con distintas situaciones en cuanto al acceso a la tierra. Seis de ellas están en la zona conocida como Selva Yryapú, o “600 hectáreas”. Esta última no es solo una denominación toponímica, sino también la expresión de un territorio históricamente indígena que fue parcialmente despojado a inicio del siglo, momento en el cual el Estado reconoció y otorgó título de propiedad comunitaria a 295 hectáreas, mientras que el resto se erigen hoteles turísticos de alta categoría.
Los nombres de las Comunidades con sus respectivas interpretaciones en castellano son: Yryapú: “Sonido del agua»,0 Jasy Põrã: “Luna hermosa”, Ita Poty Mirî: “Pequeña flor de piedra”, Tupã Mba’e: “Morada de Dios Tupã”, Kuaray Mba: “Morada eterna de Dios” y Teko Põrã: “Verdadero modo de ser”.
Las otras cuatro se ubican en el área de las 2000 hectáreas, donde, pese a contar con más de 200 hectáreas habitadas con reconocimiento jurídico, solo 24 hectáreas poseen titularidad indígena. Ellas son: Fortín Mbororé, Mirî Marangatu: “Pequeña sabiduría”, Mbokai Ypõrã Poty: “Bella agua resplandeciente” y Mbaraka Poty: “Mbaraka floreciente”, el mbaraka es una palabra que se asocia a instrumentos musicales. Las más recientes son Kuaray Mba y Teko Porá aún no lo tiene personería jurídica pero están en proceso.
En cuanto a la composición poblacional, las comunidades presentan dimensiones diversas: Mbokai Ypõrã Poty cuenta con alrededor de 70 familias, Mbororé con 75, Mirî Marangatu con 18 y Mbaraka Poty con 12. En la zona de Yryapú, la comunidad homónima reúne unas 72 familias, Jasy Põrã 70, Ita Poty Mirî: 21, Tupã Mba’e 17, Kuaray Mba 6 y Teko Porã 3, reflejando una distribución heterogénea que también da cuenta de los procesos internos de organización y asentamiento.
Además de su organización territorial, la mayoría de estas comunidades impulsa proyectos turísticos autogestivos. A través de recorridos guiados, experiencias culturales y venta de artesanías, generan ingresos propios y sostienen propuestas que ponen en valor su cultura desde una lógica comunitaria, sin intermediarios y con control sobre sus prácticas y narrativas.
La dinámica poblacional en estas comunidades no es estática. El registro de familias presenta variaciones constantes debido a la movilidad territorial y a los vínculos históricos en la región de triple frontera. Hay desplazamientos frecuentes hacia Brasil y Paraguay, lo que obliga a revisar permanentemente los datos locales.
También se registra lo que las propias comunidades describen como el “fenómeno del retorno”: integrantes que migran temporalmente, pero regresan al no encontrar condiciones de arraigo en otros destinos. “Cuando se mudan, nos comunicamos y ya sabemos quién se va y a dónde; a veces no se hallan y regresan otra vez a la comunidad”, explicaron desde el territorio.
En sectores como Mbokai y Mbororé, entre 10 y 20 familias aún no han definido su asentamiento definitivo, lo que refleja procesos internos de reorganización. Desde el año 2020, varias comunidades se han dividido, no solo por diferencias internas, sino también como estrategia para garantizar el cuidado del territorio y la contención comunitaria.
Lejos de miradas estereotipadas o romantizadas, las comunidades mbya de Iguazú se presentan como sujetos colectivos de derecho, con formas propias de organización y toma de decisiones. En ese marco, uno de los principales reclamos sigue siendo la regularización plena de sus territorios.
Si bien reconocen una predisposición al diálogo por parte del Estado, señalan que esa voluntad no se traduce en políticas públicas sostenidas que transformen de manera estructural sus condiciones de vida. La brecha entre el reconocimiento formal y la implementación efectiva de derechos continúa siendo uno de los principales desafíos.
En una fecha que invita a la reflexión, las comunidades no piden visibilidad simbólica, sino respuestas concretas: tierra, seguridad jurídica y políticas que acompañen sus procesos organizativos sin imponerles modelos ajenos.





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