Misiones
Completó el ciclo que había abandonado en la infancia
A los 80 años, Antonio terminó la primaria y pudo aprender a leer

Antonio Da Silva tiene 80 años y hace poco, más precisamente en diciembre de 2025, terminó la escuela primaria. La decisión la tomó a los 78, cuando entendió que todavía estaba a tiempo de completar una etapa que había quedado inconclusa desde la infancia.
Había dejado la escuela a los 11 años. Cursó hasta segundo grado y, como muchos chicos de su época, tuvo que salir a trabajar para ayudar a su familia. “Mi padre era muy pobre y tenía que trabajar”, recordó. Desde entonces, su vida estuvo marcada por el trabajo y el esfuerzo por ganarse el pan.
Primero en el campo, en tareas rurales, y más adelante en distintos oficios. Fue camionero durante años, llegó a tener varios vehículos y trabajó en obras importantes. También tuvo aserradero, olería y actividades vinculadas a la producción. “Siempre trabajé”, dijo orgulloso al enumerar sus profesiones.
Formó su familia, tuvo un hijo y siguió adelante. Sabía leer, pero con dificultad. “Usted me daba un papel y yo no podía leer rápido”, describió. Esa limitación fue el punto de partida para volver a la escuela. No se trataba sólo de terminar un ciclo, sino de mejorar la lectura.
Hace dos años se acercó a la Escuela para Jóvenes y Adultos N°1463 del barrio San Isidro de Posadas, y comenzó a cursar. “Fui todos los días, ni uno falté”. Compartió el aula con compañeros de distintas edades, aunque todos más jóvenes que él.
El proceso no le resultó difícil en lo académico, “yo manejaba operaciones básicas porque las había aprendido en los diferentes oficios y cuando tuve empleados”.
La lectura, en cambio, fue el mayor desafío. “Ahí aprendí más”, señaló. Con el tiempo ganó seguridad y hoy puede leer con mayor fluidez. “Ya me dan un papel y leo”, dijo, marcando la diferencia con su situación anterior.

Abrir nuevas posibilidades
Además del aprendizaje, la escuela le ofreció un espacio de encuentro. Destacó el acompañamiento de docentes y compañeros, y los momentos compartidos dentro y fuera del aula. “Todos me trataron bien”, recordó. Ese entorno también fue importante en lo personal, en una etapa atravesada por la pérdida de su pareja y cambios en su vida cotidiana.
Su hijo, que es profesional, le había ofrecido enseñarle, pero Antonio eligió volver a la escuela. “No quería molestarlo, él tiene su trabajo”, explicó. Prefirió transitar el camino en el ámbito educativo y completar allí su formación.
Hoy, con el objetivo cumplido, no tiene planes de continuar en el nivel secundario. Entiende que alcanzó lo que buscaba. “Ya está, ya llegué”, afirmó. Ahora piensa en otras cosas: viajar, reorganizar su vida y disfrutar del tiempo.
Antes de cerrar, dejó un mensaje para quienes atravesaron situaciones similares: “que se hagan un tiempo y vayan. Son dos horas nomás. Y terminan sus estudios”.
La historia de Antonio fue una decisión tardía que cambió una cuenta pendiente e invitó a nuevas posibilidades, incluso a los 80 años.

Dónde y cómo terminar la primaria
Finalizar la escuela primaria o capacitarse en un oficio se canaliza a través de la modalidad Escuelas para Jóvenes y Adultos (Epja), que depende del Consejo General de Educación.
La propuesta está destinada a personas mayores de 18 años y se organiza en dos formatos que conviven dentro del sistema: las escuelas formales y la modalidad itinerante. Según explicó Luis Capaia, director de Enseñanza, las Epja cuentan con 75 unidades distribuidas en toda la provincia.
Estas sedes funcionan en edificios escolares y permiten desarrollar una oferta más amplia, tanto en contenidos como en talleres. Allí, además de la terminalidad, se dictan capacitaciones en áreas como informática, electricidad, cocina, administración, peluquería o marketing digital, que requieren infraestructura específica.
En paralelo, la modalidad itinerante acerca la educación a los barrios. A través de convenios con municipios y organizaciones, las clases se dictan en centros comunitarios y espacios locales. En este esquema, los docentes se trasladan durante la semana entre distintos puntos, facilitando el acceso a quienes tienen dificultades para movilizarse. Actualmente, esta línea cuenta con 34 coordinaciones en la provincia.
En ambos formatos, el nivel primario se organiza en tres ciclos. Cada estudiante es evaluado al ingresar y ubicado según sus conocimientos previos, independientemente de si nunca asistió a la escuela o si interrumpió sus estudios años atrás. “Se los promociona de acuerdo al bagaje que traen”, señaló Capaia.
Uno de los rasgos centrales de la modalidad es la flexibilidad. Las clases se adaptan a las rutinas de personas que trabajan, tienen responsabilidades familiares o enfrentan dificultades económicas. Otro aspecto destacado es la convivencia intergeneracional. En una misma aula pueden coincidir jóvenes, adultos y personas mayores, e incluso compartir el espacio padres e hijos. Esta dinámica, según los docentes, favorece el intercambio de experiencias y genera un clima distinto al de la escuela tradicional.
Para acceder, los interesados pueden acercarse a una escuela Epja o consultar en su municipio sobre los puntos donde funciona la modalidad itinerante.
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