(Redacción C6Digital / Jorge Kurrle) YPF volvió a tocar los precios en Misiones y el golpe no está solo en el surtidor: también está en la palabra incumplida. A comienzos de abril se había anunciado un congelamiento por 45 días, pero este martes las pizarras volvieron a moverse. El aumento podrá parecer leve en el porcentaje, pero políticamente y para el bolsillo significa mucho más: se rompió el esquema de estabilidad que se le había prometido al consumidor.
En Posadas, la nafta Súper ya ronda los $2.166, la Infinia trepa a $2.316, el Diesel 500 se ubica en $2.202 y el Infinia Diesel llega a $2.446. Traducido al lenguaje de la calle: llenar el tanque vuelve a doler, moverse cuesta más y trabajar también se encarece.
El castigo es todavía más fuerte en el interior misionero, donde el precio siempre parece venir con recargo geográfico. Allí, la Súper se mantiene por encima de los $2.150, la Infinia supera los $2.360 y el gasoil premium alcanza los $2.469. Misiones vuelve a quedar atrapada en una lógica conocida: lejos de los grandes centros, más caro para todos.
La comparación con Buenos Aires desnuda la desigualdad. Mientras en CABA la Súper ronda los $2.062, en Misiones supera cómodamente los $2.160. En los combustibles premium, la diferencia pasa los $100 por litro y en algunos casos llega a $130. No es un detalle técnico: es plata que se va del bolsillo misionero cada vez que alguien carga combustible.
El problema de fondo es que el surtidor ya no mide solo el precio de la nafta. Mide también la distancia entre el país central y las provincias que producen, trabajan y consumen pagando más. En el Norte Grande, cada litro trae encima costos logísticos, distribución, impuestos y una estructura que termina castigando a las economías más alejadas.
Y hay un dato que debería encender todas las alarmas: mientras a nivel nacional las ventas de combustibles cayeron 1,8% interanual en marzo, en Misiones la baja fue del 10,2%. Es decir, el consumidor no solo se queja: directamente carga menos. La economía real habla en litros, y en Misiones está diciendo que el bolsillo no da más.
El aumento de YPF vuelve a abrir una discusión incómoda: ¿hasta cuándo Misiones va a pagar más por estar lejos? Porque cuando sube el combustible, sube el flete, sube la mercadería, sube producir y sube vivir. Pero lo que no sube al mismo ritmo es el salario.
La postal es clara: promesa de congelamiento rota, precios más altos que en Buenos Aires y una provincia que vuelve a financiar con su bolsillo las asimetrías del país. En Misiones, el combustible no solo se carga: se sufre.





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