Misiones
Proyecto con adultos mayores, todos los martes en Eldorado
Leer, recordar y compartir: la literatura como puente en el Hogar de Ancianos San Juan

En una sala del Hogar de Ancianos San Juan, en Eldorado, las palabras cobran vida. No se trata solo de leer textos o repetir consignas, sino de abrir puertas a la memoria, a la emoción y al encuentro con otros. Allí, desde hace tres años, la profesora Martina Dohman impulsa un taller de literatura que, con el tiempo, se transformó en mucho más que un espacio educativo.
El proyecto, que originalmente se llamó Escriviviendo, nació con la intención de escribir historias, cuentos y poesías junto a los adultos mayores. Sin embargo, la realidad del grupo (con diferentes capacidades, tiempos y necesidades) llevó a Martina a adaptar la propuesta. “Tuvimos que buscar otras formas. Hoy nos centramos más en la lectura, en compartir, en interpretar”, contó a El Territorio.
Lejos de ser una limitación, ese giro abrió nuevas posibilidades. En cada encuentro, la literatura se mezcla con juegos de palabras, ejercicios de vocabulario, narraciones colectivas y hasta debates filosóficos. Sinónimo, antónimo, hipónimo… Conceptos que podrían parecer lejanos resurgen en un clima distendido, donde no faltan las risas ni las intervenciones espontáneas.
Y quizás el mayor logro del taller no esté tanto en los contenidos como sí en los vínculos.
Martina no planifica sus clases de manera abstracta, las piensa en función de cada participante. “La noche anterior preparo las actividades pensando en ellos, en qué le puede gustar a cada uno, en qué puede responder”, explicó. La docente reconoció que muchas veces la sorpresa llega en el momento: “Son muy ansiosos, responden todos, se entusiasman”.
De la ronda al escenario
El entusiasmo también se traduce en desafíos. El año pasado, el grupo se animó a dar un paso más y llevó la literatura al escenario. Realizaron dos obras de teatro leído, construidas colectivamente y adaptadas a las posibilidades de los protagonistas.
Una de las obras recreaba situaciones en una verdulería; la otra, un viaje imaginario de jubilados rumbo a Mendoza. Con escenografía incluida armada en otros talleres del hogar, los participantes actuaron y también aportaron ideas, diálogos y experiencias propias en el proceso.
“Querían irse solos, sin enfermeros, vivir la vida loca”, recordaron entre risas sobre aquella obra. La escena, más allá del humor, reflejaba un deseo profundo de autonomía, libertad y disfrute.

Ese mismo espíritu aparece en cada clase. La lectura de textos, como poesías o relatos clásicos, se convierte en una excusa para reflexionar sobre la vida. ¿Qué significa estar enamorado? ¿Es sólo una persona o también la vida misma? Las respuestas no son académicas son vivenciales. Hablan de compañía, de soledad, de recuerdos, de lo que duele y lo que reconforta.
Para los participantes, el taller es mucho más que una actividad. “Nos hace pensar”, dijeron. “Nos gusta porque nos gusta la vida”, resumió uno de ellos. Otros destacan el valor de reencontrarse con los libros, de compartir historias o simplemente de sentirse escuchados.
Martina, por su parte, reconoció que el aprendizaje es mutuo. “Ellos me aportan una sabiduría que no pasa por lo racional, sino por lo vivido”, aseguró. Y confesó que hay una motivación profundamente personal detrás de su tarea. “Mi mamá era muy lectora, y yo no pude compartir eso con ella en su momento. Ella sí lo hacía con mi hija, y yo veía ese vínculo de abuela y nieta que no tuve. De alguna manera, eso me moviliza a venir acá. Ellos son mis abuelos y abuelas del corazón”.
Y concluyó: “Siento que todo esto viene un poco de ahí, de esa historia, de ese deseo de compartir la lectura y el tiempo con otros”.
En el Hogar de Ancianos San Juan, cada encuentro deja compañía, memoria activa y la certeza de que nunca es tarde para seguir creando, imaginando y contando historias.
Los encuentros del taller son los martes por la mañana.
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