Hay una verdad que ya nadie debería esquivar: la política misionera atraviesa un fin de ciclo. No necesariamente el final de un proyecto, pero sí el cierre de una manera de ordenar el poder, de comunicar la gestión y de administrar las tensiones internas. A eso se suma una presión nacional evidente, con una matriz política y económica que desde hace años mira con desconfianza aquel quiebre provincial iniciado en 2003, cuando Misiones decidió construir un camino propio.
Correrse, abrir el juego y permitir que la discusión ocurra desde adentro puede ser una señal inteligente. Incluso, una señal de madurez política. Los espacios que sobreviven no son los que se niegan a cambiar, sino los que saben leer la curva antes de chocar contra ella. Pero la metamorfosis no puede ser solo discursiva: debe venir acompañada de gestos concretos, de cercanía real y de una forma nueva de volver a ponerse del lado de la gente. No alcanza con contar lo que ya se hizo. Hay que volver a aparecer con una vibra genuina, sin libreto, sin soberbia y sin subestimar el cansancio social.
Los espacios que sobreviven no son los que se niegan a cambiar, sino los que saben leer la curva antes de chocar contra ella.
La ola nacional que exige cambios también golpea en Misiones. Y ese dato no puede ser minimizado. Algunos la leen como oportunidad y otros como amenaza. Por eso se ven colmillos más afilados, agendas impuestas desde afuera y referentes que, con todo respeto, no muestran antecedentes concretos de haber hecho algo por los misioneros. Aprovechan el viento nacional para instalar nombres propios, pero al mismo tiempo forman parte de una matriz económica que castigó de lleno a las economías regionales. Curiosa contradicción: cuestionan todo en Misiones, mientras acompañan un modelo nacional que deja heridas visibles en la producción, el consumo y el bolsillo.
Curiosa contradicción: cuestionan todo en Misiones, mientras acompañan un modelo nacional que deja heridas visibles en la producción, el consumo y el bolsillo.
El poder político misionero siempre se construyó sobre líneas estratégicas, liderazgos fuertes y una capacidad particular para ordenar diferencias hacia adentro. Pero algo cambió. Hoy hay más voces que suenan, más dirigentes que sienten que tienen derecho a opinar y más sectores que piden lugar en una etapa distinta. Eso no necesariamente rompe; también puede renovar. Porque en Misiones los grandes movimientos de la política muchas veces se gestaron puertas adentro. Basta recordar la implosión entre Puerta y Rovira, una de las rupturas más determinantes de la historia provincial. O aquella vez en que Pablo Tschirsch, siendo vicegobernador, decidió plantarse frente al candidato nominado, Maurice Closs.
En Misiones los grandes movimientos de la política muchas veces se gestaron puertas adentro
La pregunta, entonces, no es menor: ¿cuánta verdad hay en que a La Libertad Avanza no le interesa realmente gobernar Misiones, sino apenas usarla como territorio de desembarco? ¿Se puede creer en un Presidente que no cumple su palabra con la provincia, incluso después de haber recibido acompañamientos legislativos de quienes no pertenecen a su espacio nacional? ¿Cuánto margen queda para jugar en la línea del medio, defender el territorio y construir una alternativa sin entregar la identidad política misionera?
¿Se puede creer en un Presidente que no cumple su palabra con la provincia?
Déjenme dudar un poco. También déjenme dudar de la liberalidad de los años anteriores. Y déjenme equivocarme si pienso que el desgaste actual empieza a parecerse demasiado a una grieta de tierra colorada. Pero también déjenme creer que todavía existe capacidad de reacción. Porque no es la noche para el oficialismo misionero, aunque sí parece ser el comienzo de una nueva forma de discutir el futuro.
El desafío ya no es solo ganar elecciones. Es recuperar confianza, ordenar el recambio, escuchar sin defensas y entender que la gente no pide explicaciones largas: pide gestos claros. Los cambios, cuando son verdaderos, no siempre vienen desde afuera. A veces los mejores nacen desde adentro, cuando todavía hay inteligencia para leer el tiempo político y coraje para cambiar antes de que otros cambien todo por vos.
Por Jorge Kurrle
Director de C6Digital




//




