La quiromancia es un arte ancestral que se originó hace más de 5.000 años en la India y se dedica a leer las manos (palmas, líneas, montes y dedos) para interpretar la historia de las personas. Para este arte, las manos son un “mapa dérmico” y un reflejo de la conciencia, el carácter, los deseos verdaderos de una persona. Puede interpretarse, entonces, que al analizar las manos de Santiago Beltrán se encuentre el diagnóstico de River. Unas manos que hoy son puños apretados. Bien apretados. Pero que, en cada pliegue, guardan historia. La historia del arquero del “arco más grande del mundo”, y una historia personal que lo condujo al éxtasis que le generó al Monumental luego de tapar dos penales en la definición ante San Lorenzo y poner a River en cuartos de final del Apertura.
Foto Alejandro Pagni
Julio del 2020. Era la Argentina de las caras tapadas, del distanciamiento, de la Sputnik y la Pfizer. Así atravesaba sus 22 años Gastón Fratesi, un pibe cualquiera del Conurbano al que, como a todos, le tocó ser contemporáneo de la triste pandemia de Covid-19.
Gastón pasó la pandemia en el country Pueyrredón. Estudiaba a distancia, miraba TikTok, leía, hacía fiaca, comía, veía viejos partidos de fútbol, jugaba a la Play, al Among Us y se la pasaba el día entero esperando un mensaje. El mayor momento de felicidad del día pandémico de Gastón era cuando, en medio de esa rutina monótona, ‘clink’, sonaba el teléfono y en la pantalla de notificaciones aparecía el mensaje de Santiago Beltrán con un simple: “Hola, amigo. ¿Vamos a patear?”.
Gastón Fratesi, el amigo de Beltrán que lo ayudó a mejorar.
“En aquel entonces, Santi estaba dejando de ser delantero para agarrar el arco. El primer día que fuimos, volvimos a casa con mi amigo, nos miramos y dijimos: “Che, lo cagamos a goles, no le pateemos tan fuerte que le vamos a reventar las manos”. Claro, nosotros al ser más grandes teníamos más fuerza. Pero al otro día nos mandó un mensaje pidiéndonos ir a patear. Y al día siguiente, otro. Y así sucesivamente. Tenía ganas de aprender a atajar. Y, de un día al otro, se transformó en Neuer”, le contó Gastón Fratessi a Olé.
Tan importante como aquellas jornadas de patear fue el gesto que tuvo Gastón con Beltrán. Porque Fratesi no sólo lo invitaba a entrenarse: también se movió para ayudarlo a crecer como arquero. Por eso, se contactó con un amigo suyo para que le marcara ejercicios y conceptos que le permitieran a Santi perfeccionar su técnica en el arco.
Foto Alejandro Pagni
Ese amigo que aconsejó tanto a Fratessi como al propio Beltrán fue Joaquín Ketlun, ex arquero profesional con experiencia en el fútbol europeo. En diálogo con Olé, Ketlun recuerda cómo nació ese vínculo: “Soy muy amigo de Gasti y, en aquel entonces, me contó que había un pibe con el que pateaban que quería perfeccionarse y me pidió consejos para trabajar y enseñarle a atajar. Lo primero que le dije de trabajar es cómo achicar en mano a mano, cómo descolgar centros y controlar los tiempos de cada jugada. Después de unos días, me había olvidado del pibe y Gastón me manda un mensaje diciéndome que Demichelis lo había llevado a su primera pretemporada. Quedé en shock”.
Joaquin Ketlun.
Los ejercicios que practicaban eran: mano a mano en diagonal, tapar el primer palo para obligar al delantero a definir al segundo, repeticiones intensivas de jugadas, lectura de la mente del delantero, engaños en la definición, trabajos de coordinación, juego aéreo y descolgar centros, achiques rápidos para apurar al delantero.
Años después de aquellos entrenamientos improvisados durante la pandemia, una simple búsqueda en WhatsApp le terminó confirmando todo lo que intuía sobre Santiago Beltrán. Antes de la entrevista, revisó sus viejas conversaciones con Gastón -el amigo que entrenaba al arquero en un country y al que él le mandaba ejercicios- y se reencontró con mensajes que hoy cobran otro sentido. “Justo hoy, antes de la entrevista, dije: ‘Voy a repasar un poco lo que tengo escrito con la palabra Beltrán en mi WhatsApp’. Y ahí salió toda la conversación con Gastón, todas las veces que hablábamos de él. Hace un tiempo me mandó una nota, creo que cuando estaba con Demichelis en el plantel, y me puso: ‘Mirá quién es este’. A mí me sonaba, pero había pasado un tiempo y de tantos arqueros que veo, se te pasan. Entonces me dice: ‘¿Te acordás el chico que yo entrenaba y al que me mandabas ejercicios? Lo sigo y no lo puedo creer. Es este’. Y ahora lo ves atajar y te dan todos los números”.
Joaquín Ketlun, arquero que le enseñó a atajar a Beltrán.
Además de los ejercicios de mano a mano y lectura del delantero, también trabajaban mucho el juego aéreo. “Yo le decía cómo tenía que llegar con los pasos para descolgar un centro”, recordó. Y explicó que gran parte del desafío era transmitirle los conceptos a Gastón, quien luego debía bajárselos a Santiago Beltrán: “Era como explicarle doble: explicarle a Gastón cómo hacerlo bien para que después él se lo explique a Santiago”.
Hoy, ya alejado de las canchas como futbolista profesional, Jketlun atraviesa una etapa completamente distinta de su vida. Se retiró en octubre, después de casi una década jugando en Europa, con pasos por Italia, Qatar, España, Noruega, Suecia e Islandia. De regreso en Argentina, decidió reinventarse: montó un estudio de streaming con una estética vintage, equipado con un pool, sectores para entrevistas y distintos espacios pensados para generar contenido.
Joaquín Ketlun, el arquero influencer.
En paralelo, también continúa ligado al fútbol desde otro lugar. Actualmente trabaja junto a una selección que se prepara para disputar el Mundial, enfocándose especialmente en análisis y preparación de arqueros y penales. “Todo esto empezó cuando empecé a crear contenido y a demostrar lo que sé, siempre desde el lado del arquero y con respeto”, contó. Ese recorrido incluso le abrió puertas inesperadas: llegó a realizar trabajos para clubes como Real Madrid y Paris Saint-Germain.
Entre risas, también imaginó una futura visita de Beltrán a su nuevo estudio. “Estaría buenísimo. A cualquier arquero lo invitamos, hacemos descuento si es necesario”, bromeó. Aunque aclaró que, si el desafío es en una mesa de pool, todavía se tiene fe: “Al pool no me gana. Ahora, atajando, yo no tengo chance. Antes tenía chance, ahora no”.
Foto Alejandro Pagni
Y así, entre recuerdos de entrenamientos improvisados, análisis de penales y un presente que lo encuentra reinventado lejos de las canchas, la historia termina de cerrar un círculo inesperado: el de un arquero que nació en la lectura fina de los detalles y terminó confirmando, en el arco más pesado del país, que a veces el futuro ya estaba escrito mucho antes de que alguien se animara a mirarlo de cerca.




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