El Gobierno nacional informó que en abril se registró un superávit primario de $632.844 millones, un resultado que vuelve a poner el foco en el rumbo de la política fiscal impulsada por el Ministerio de Economía, a cargo de Luis Caputo.
Según los datos oficiales, el Estado logró cerrar el mes con un saldo positivo entre ingresos y gastos primarios, es decir, sin contar el pago de intereses de la deuda. El número es presentado por el Gobierno como un signo de ordenamiento de las cuentas públicas y continuidad del ajuste fiscal.
Sin embargo, el resultado también llega en un contexto de fuerte caída de la actividad económica, lo que enciende alertas en distintos sectores. La contracción del consumo, la baja en la producción industrial y la retracción del comercio vienen siendo señaladas como factores que impactan directamente en la recaudación y en el nivel general de la economía.
En este escenario, economistas advierten que el equilibrio fiscal se sostiene en un contexto de menor dinamismo económico, donde la desaceleración de la actividad juega un rol clave en la reducción del gasto y en la recomposición de las cuentas públicas.
De esta manera, el dato de superávit se convierte en una señal ambivalente: por un lado, refleja disciplina fiscal; por el otro, abre interrogantes sobre el impacto del ajuste en la economía real, el consumo y el nivel de empleo.
Mientras el Gobierno destaca el resultado como un paso más en su programa económico, el debate se mantiene abierto respecto a la sostenibilidad del esquema en un contexto de actividad en retroceso.




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