La expansión de las políticas de detención migratoria en Estados Unidos durante el segundo mandato presidencial de Donald Trump dejó una consecuencia que atraviesa a miles de familias. Según estimaciones elaboradas por Brookings Institution, desde enero de 2025, más de 145 mil niños con ciudadanía estadounidense atravesaron la detención de, al menos, uno de sus padres.
Cómo afectan las detenciones migratorias a los niños ciudadanos estadounidenses
El estudio señaló que, de los 145 mil niños afectados, más de 22.000 experimentaron la detención de todos los adultos responsables en su hogar, por lo que quedaron desamparados de forma repentina. La situación afectó principalmente a niños pequeños: el 36,5% tiene menos de seis años y otro 36,1% se encuentra entre los seis y los 12 años.

Las familias alcanzadas por estas medidas provenían mayormente de México, Guatemala y Honduras. Texas y Washington D.C. estuvieron entre las jurisdicciones con mayores registros de menores afectados.
El informe también expuso diferencias con las cifras oficiales. Mientras el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) informó poco más de 18.000 casos de padres detenidos con hijos ciudadanos estadounidenses durante el año fiscal 2025, los investigadores consideran que el número real es mucho más elevado.
La subestimación ocurre, según el análisis, porque en numerosos procedimientos no se registra la situación familiar de las personas arrestadas. La profesora de la Escuela de Políticas Públicas de la Universidad de Georgetown, Maria Cancian, quien participó del estudio, explicó que muchos padres evitan informar que tienen hijos por “temor a represalias”.
Esa falta de registros genera que miles de menores permanezcan fuera de los sistemas formales de asistencia. El informe señaló que apenas el 5% de los niños que quedaron sin adultos responsables recibió apoyo estatal o fue incorporado a programas oficiales de bienestar infantil.
“La mayoría de los niños afectados por la detención y deportación de sus padres son ciudadanos estadounidenses”, detalló Cancian. “Cuando detenemos o deportamos a los padres, la nación tiene la clara obligación de reconocer, tener en cuenta y salvaguardar el bienestar del menor”, señaló.

Redes familiares improvisadas y hogares fragmentados
Ante la posibilidad de una detención, numerosas familias implementaron mecanismos informales para garantizar el cuidado de los menores. Amigos, vecinos o familiares cercanos quedaron a cargo de los niños para evitar que ingresaran a protección infantil.
“El sistema de protección infantil generalmente interviene más a fondo solo cuando un arreglo de cuidado se vuelve insostenible o cuando las autoridades tienen conocimiento del abuso o la negligencia de un niño. Algunos, una pequeña minoría de aquellos con padres detenidos, terminan en hogares de acogida», explicó Cancian.
De acuerdo con Brookings Institution, actualmente se estima que 4,6 millones de niños ciudadanos estadounidenses viven con al menos un padre indocumentado o con situación migratoria inestable.
El impacto emocional de la separación familiar
Testimonios recolectados por Univision describieron cuadros de ansiedad, alteraciones del sueño y sentimientos de pérdida entre los menores afectados. Además, en muchos hogares, familiares jóvenes o hermanos tuvieron que abandonar estudios o empleos para asumir tareas de cuidado.
“Las niñas no pueden dormir por las noches. Todavía las miro llorando”, relató Francisco de la Rosa. Tras la detención de su hermana, el joven de 21 años tuvo que hacerse cargo de la crianza de sus sobrinas. “Ella está muy triste de no poder estar con sus hijas”, agregó.
Las visitas a los centros de detención representan otro foco de tensión. Según estos relatos, los encuentros entre padres e hijos suelen realizarse separados por vidrios, sin posibilidad de contacto físico. “Se parece más a una prisión”, expresó de la Rosa.





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