Con la derrota en la final del Torneo Apertura ante Belgrano, River perdió mucho más que un título, una consagración, la gloria y la chance de dar la vuelta olímpica. Perdió bastante más: una concatenación de oportunidades deportivas y económicas que hacen que la caída sufrida en el Kempes duela un poco más de la cuenta. Porque además del golpe futbolístico y emocional, el equipo de Eduardo Coudet dejó escapar varias puertas que podían abrirle un camino mucho más cómodo hacia el futuro.
Uno de los puntos que más lamenta River tiene que ver con la clasificación a la Copa Libertadores. El campeón del Apertura obtenía un boleto directo a la fase de grupos del máximo torneo continental y el Millonario dejó pasar esa oportunidad. Ahora, los caminos que le quedan para meterse en la Libertadores 2027 son bastante más exigentes: deberá ganar el Torneo Clausura, conquistar la Copa Argentina o la Copa Sudamericana, o bien terminar entre los tres primeros de la tabla anual.
Foto: Fernando de la Orden
No es un detalle menor. Además de la tranquilidad deportiva que otorga asegurarse la clasificación con anticipación, River perdió la posibilidad de garantizarse un importante ingreso económico. La CONMEBOL entrega un monto fijo de USD 3.000.000 a cada equipo que disputa la fase de grupos de la Libertadores, cifra que luego puede incrementarse por premios por partido ganado y avances de ronda. Ese dinero, clave para cualquier planificación, quedó en pausa.
La derrota también impactó directamente en las arcas del club a corto plazo. El campeón del fútbol argentino se llevaba un cheque de u$s 500.000 otorgado entre la AFA y la CONMEBOL. Todo dinero es importante, especialmente en un contexto en el que River viene realizando inversiones fuertes en refuerzos y sosteniendo uno de los planteles más costosos del país. La final perdida, entonces, no sólo dejó frustración deportiva: también privó al club de un ingreso inmediato.
Foto: Fernando de la Orden
Pero el daño no termina ahí. River también perdió la posibilidad de seguir peleando por más títulos durante la temporada. Con la consagración, Belgrano se clasificó automáticamente al Trofeo de Campeones, donde enfrentará al ganador del Torneo Clausura para definir al mejor equipo del año en el fútbol argentino. Ese lugar podía haber sido para el conjunto de Coudet.
Y el efecto dominó iba incluso más allá. Si River conquistaba el Apertura y luego lograba quedarse con el Trofeo de Campeones, se le abrían otras dos oportunidades de sumar estrellas. Por un lado, la Supercopa Argentina frente al campeón de la Copa Argentina. Por otro, la Supercopa Internacional, uno de los nuevos certámenes impulsados por la AFA que enfrenta a distintos campeones del fútbol local.
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Por eso, la caída en Córdoba no fue una derrota más. River no sólo perdió una final: perdió tiempo, dinero, margen de maniobra y varias oportunidades futuras. Y aunque todavía tiene competencias por delante para recomponerse, el golpe dejó secuelas importantes en un año en el que cada objetivo pesa.





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