Le faltó sintonía fina a Uruguay para ganar en el debut. Jugó todo el segundo tiempo metido en el área de Arabia Saudita, pero no le alcanzó para conseguir más que un empate. Regaló el primer tiempo, en el que estuvo casi paralizado, y en el segundo atacó en tromba, le hirvió la sangre, pero también le faltaron cabeza y calidad para mostrar más recursos que la seguidilla de centros. Fueron ¡47! envíos aéreos, según las estadísticas de Opta. Un bombardeo en continuado que tuvo recompensa con el cabezazo de Federico Viñas -chichones le habrán quedado de todo lo que conectó- que fue rechazado por el arquero Alowais; la pelota quedó suelta y arremetió Maxi Araújo, ya con las energías al límite para marcar el 1-1.
El grupo del que debería salir el rival de la Argentina -en caso de terminar primera o segunda- para los 16os de final tuvo una apertura que obliga a revisar pronósticos. Al batacazo del empate de España contra Cabo Verde le siguió otra igualdad que deja en suspenso los favoritismos asignados en los cálculos previos. La circunspección habitual de Marcelo Bielsa estuvo acentuada cuando respondió dos preguntas antes de meterse en el vestuario, aun con las palpitaciones aceleradas por lo que había dejado el total de 100 minutos (incluidos los adicionados): “Fue un rival al que debimos superar. Tuvimos demasiadas concesiones en el primer tiempo”. Este concepto no iba en línea con el que había pronunciado minutos antes de empezar el partido: “Estamos con mucha seguridad, confianza y bien preparados”.

El peso y la responsabilidad de un debut se hicieron sentir en el comienzo. Hasta el más experimentado, como Muslera, que transita por su quinto Mundial, ingresó a la cancha con el gesto atravesado por la emoción. La importancia de la cita condicionaba los sentimientos, tuvo un efecto inhibitorio de arranque. Fueron 20 minutos iniciales con poca soltura, movimientos controlados y atrevimiento contenido. Uruguay se dedicó al principio a estudiar qué clase de rival tenía enfrente. Buscó la iniciativa, pero midió cada paso, no apuró el ritmo.
Lo más destacado de Arabia Saudita 1 – Uruguay 1
¿Y qué era Arabia Saudita? En primer lugar, un equipo que tiene la homogeneidad de que 10 de sus titulares actúan en el mismo medio futbolístico, la Pro League, competencia que en los últimos años creció en su nivel con la incorporación de extranjeros de diferentes ligas europeas. Una selección cada vez menos inocente y proclive a los errores de bulto, sobre todo en defensa. El único del plantel que juega en el exterior es el lateral derecho Saud (Lens, de Francia).
Uruguay no tomó envión ni con el remate desde fuera del área de Maxi Araújo que desvió el arquero, a los cuatro minutos, tras una proyección de Matías Viña, en casi la única intervención destacada del lateral de River, reemplazado tras el primer tiempo. Arabia Saudita prefería esperar en su campo, sin verse excesivamente exigido. Bentancur no agarraba la manija y de Valverde había pocas noticias en la banda derecha. Solo Ugarte trataba de ordenar la salida.
Escaso de creatividad, Uruguay apeló a los centros. Darwin Núñez nunca se metió en el partido. El goleador más importante tras los retiros de la selección de Luis Suárez y Edinson Cavani fue una sombra, inevitablemente reemplazada tras el final de la primera etapa.
Cuando Uruguay aceleró, cayó más de una vez en off-side. No había sincronización. La ansiedad empezaba a nublar la toma de decisiones. Afirmado en los zagueros centrales Cáceres y Olivera, al menos Uruguay no pasaba por mayores zozobras. Pero el desarrollo empezó a modificarse en los últimos 10 minutos del primer período, cuando Arabia Saudita descubrió que Uruguay tambaleaba si lo atacaba. Fueron tres avances puntuales con los que los saudíes dieron el golpe ante una defensa demasiado estática. Muslera había cortado un centro peligroso y enseguida, con un manotazo izquierdo, desvió de gran manera un remate de Alamri.
Fueron unos minutos de descontrol que Uruguay pagó muy caro, con el gol de Alamri, que arremetió para empujar el bloqueo de Muslera a un cabezazo de Kanno, tras un córner desde la derecha. Ningún compañero ayudó a Muslera en medio de esas embestidas.

Si el partido ya era complejo para Uruguay, el 0-1 lo ponía en aprietos mayores. Necesitaba urgentemente otra postura, ser más agresivo, rebelarse ante la adversidad, dejar atrás una tibia producción. Viñas despuntó como el delantero más peligroso, sobre todo para pescar en la lluvia de centros.
Para el segundo tiempo, Bielsa hizo ingresar a Canobbio, un wing alborotador, y a Sanabria, un volante para escalar la banda izquierda. Uruguay sacó a relucir orgullo y amor propio, toda la determinación que había tenido en pausa. Viñas cabeceaba todo lo que le tiraban, mientras el arquero Alowis trabajaba a destajo. Uruguay lo arrinconó a Arabia Saudita, casi de prepo. Un remate desde fuera del área de Ugarte dio en un poste.
Ante el frenesí charrúa, Arabia Saudita apeló a las interrupciones en todas sus variantes: foules, simulación de lesiones, demoras para reanudar el juego. El reloj apuraba y Bielsa arriesgó con el ingreso de De la Cruz por Ugarte; hacía falta el toque fino del ex-River, si bien el encuentro discurría por la vía de la vorágine. El arquero Alowais, aun de manera heterodoxa y dando rebotes de riesgo, rechazaba todo lo que andaba cerca. Llegó el empate de Araújo a 10 minutos del final, que fueron 17 por lo adicionado. Uruguay siguió atacando de manera febril. No encontró el punto justo en el debut: anestesiado en el primer tiempo, en el segundo se pasó de rosca.





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