El consumo de carne vacuna en Argentina volvió a mostrar una caída y alcanzó su nivel más bajo de los últimos 20 años, de acuerdo con datos difundidos por la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA). El informe refleja una transformación en los hábitos de consumo de los hogares, que enfrentan dificultades para sostener la compra de uno de los alimentos más representativos de la dieta nacional.
Según el relevamiento, entre enero y mayo de 2026 el consumo aparente de carne vacuna registró una disminución del 11,1% interanual, mientras que el consumo por habitante se ubicó en torno a los 47 kilos anuales, una cifra que marca un mínimo histórico para las últimas dos décadas.
El descenso se produce en un contexto en el que muchas familias buscan alternativas más económicas para cubrir sus necesidades alimentarias. En este escenario, productos como el pollo y el cerdo han ganado espacio en las compras cotidianas, modificando la composición tradicional de la mesa argentina.
Mientras el mercado interno muestra señales de retracción, las exportaciones de carne vacuna continúan en crecimiento. El informe señala que los envíos al exterior aumentaron durante los primeros meses del año, impulsados principalmente por la demanda de mercados internacionales, entre ellos Estados Unidos.
La combinación entre una menor demanda local y un mayor volumen exportado configura un escenario que genera preocupación en el sector por el comportamiento del consumo interno. Históricamente, Argentina se destacó por sus altos niveles de consumo de carne vacuna, una característica que hoy muestra cambios significativos.
Los datos difundidos por CICCRA vuelven a poner en debate el impacto del poder adquisitivo sobre los hábitos alimentarios y reflejan cómo la situación económica influye directamente en las decisiones de compra de los hogares argentinos.




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