COLUMNA DE OPINIÓN | IGUAZÚ NO NECESITA INVITACIONES: NECESITA SOLUCIONES
COLUMNA DE OPINIÓN | IGUAZÚ NO NECESITA INVITACIONES: NECESITA SOLUCIONES
Hay problemas que deberían estar por encima de cualquier diferencia política. Y si existe uno que Puerto Iguazú arrastra desde hace décadas, es el de las interminables demoras para atravesar el Puente Internacional Tancredo Neves.
Esta semana el tema llegó al Congreso de la Nación. Se abrió una instancia para plantear ante autoridades nacionales alternativas destinadas a agilizar el tránsito fronterizo. Sin embargo, hubo ausencias que no deberían pasar inadvertidas.
Faltaron representantes de distintos espacios del Concejo Deliberante de Puerto Iguazú. Faltaron representantes del Gobierno provincial y del área de Turismo. Y también estuvieron ausentes varios de quienes representan a Misiones en el Congreso Nacional.
No importa aquí de qué partido es cada uno. Justamente de eso se trata esta columna.
El puente no pregunta a quién votaste antes de dejarte dos, tres o cuatro horas esperando.
La fila afecta al comerciante, al trabajador, al empresario, al turista, al hotelero, al taxista, al remisero y a cualquier vecino que necesita cruzar la frontera.
Por eso resulta difícil aceptar una explicación que escuché reiteradamente durante estos días: “No me invitaron”.
¿De verdad necesitamos una invitación para ocuparnos de un problema que afecta a la ciudad que representamos?
Quienes fueron elegidos para ejercer una responsabilidad pública no necesitan una tarjeta protocolar para interesarse. Pueden llamar, preguntar, solicitar participar, presentar propuestas, gestionar otra reunión o golpear las puertas que sean necesarias.
Porque no fueron elegidos para esperar invitaciones. Fueron elegidos para representar.
Y algo similar ocurre con otra frase que escuché de boca de un funcionario: “Estoy para ayudar”.
No.
Un funcionario público no está simplemente para “ayudar”. Está para gestionar y buscar soluciones dentro de las responsabilidades de su cargo.
Ayudar es voluntario. Gobernar, legislar, gestionar y representar constituyen responsabilidades asumidas ante la sociedad.
UN PROBLEMA QUE SOBREVIVIÓ A TODOS
Sería además profundamente injusto adjudicarle el problema fronterizo exclusivamente al gobierno actual o a un determinado espacio político.
Las demoras del Tancredo Neves atravesaron administraciones nacionales, provinciales y municipales de diferentes signos políticos.
Pasaron gobiernos y funcionarios. Se hicieron reuniones. Se anunciaron proyectos. Se plantearon modificaciones. Y las filas volvieron una y otra vez.
Precisamente por eso llegó el momento de cambiar la metodología.
Si durante tantos años cada sector intentó resolverlo por separado y el problema continúa, quizás haya llegado la hora de intentarlo todos juntos.
Sin fotografías partidarias.
Sin apropiarse políticamente de una eventual solución.
Sin preguntarse quién convocó primero.
Sin calcular quién puede llevarse el mérito.
Porque si finalmente conseguimos una frontera ágil, el triunfo no debería pertenecer a ningún partido.
Tiene que pertenecer a Puerto Iguazú.
AHORA TODOS TIENEN UNA OPORTUNIDAD
Las autoridades nacionales involucradas en la problemática fronteriza tienen la posibilidad de visitar Puerto Iguazú y observar personalmente lo que sucede.
Ese momento debería encontrarnos unidos.
Gobierno y oposición. Municipio y Provincia. Representantes legislativos locales, provinciales y nacionales. Instituciones empresariales, turísticas y sociales.
Todos alrededor de una misma mesa.
Y allí cada uno podrá llevar sus propuestas, discutir alternativas y defender sus ideas. Pero con un objetivo común: encontrar una solución concreta.
No dentro de cinco años.
No después de otra elección.
No después de otras cien reuniones.
Hay que establecer objetivos, responsabilidades y plazos.
BASTA DE MEZQUINDADES
Puerto Iguazú vive del turismo y está en una frontera internacional. La agilidad del paso no es una cuestión secundaria: afecta su competitividad, su economía y la experiencia de miles de personas.
Por eso ésta no puede convertirse en otra pelea política.
No importa quién comenzó la gestión. Tampoco quién consigue finalmente destrabarla.
Si alguien tiene una propuesta mejor, que la presente. Si otro tiene llegada a una autoridad nacional, que la utilice. Si alguien puede abrir una puerta en Brasil, que la abra.
Y si hace falta sentarse al lado de un adversario político para solucionar el problema, habrá que sentarse.
Porque para eso fueron elegidos los representantes.
No necesitamos escuchar quién tuvo la culpa.
No necesitamos saber quién no fue invitado.
No necesitamos otra explicación de por qué todavía no se pudo.
Puerto Iguazú necesita que alguna vez se pueda.
Y ésta puede ser una oportunidad para demostrar algo que hace demasiado tiempo estamos esperando: que cuando está en juego el interés de toda una ciudad, las diferencias personales y partidarias pueden quedar afuera.
El Tancredo Neves ya tuvo décadas de excusas. Ahora necesita soluciones.
Mario Andrés Antonowicz





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